Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Todo lo podemos en Jesucristo.

Homilía p071006a, predicada en 20020513, con 28 min. y 51 seg.

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Transcripción:

Amigos. Las lecturas de hoy nos hablan del poder de Jesucristo. Un mensaje que llega muy a tiempo a nuestras vidas porque es un motivo de descanso, es un motivo de esperanza y es un motivo de alegría. Reconocer el poder de Cristo es un descanso, porque si este mundo estuviera en manos de los poderosos de este mundo, estaríamos perdidos. Si la última palabra sobre nuestras vidas la tuvieran los poderosos de este mundo, si estuviéramos en manos de esos señores los que matan o mandan matar, los que trafican con el hambre de los pueblos, los que suben sobre cadáveres para buscar el poder. Si esos señores, si esas vidas fueran las dueñas de nuestras vidas, estaríamos perdidos. Pero nuestras vidas están en las manos del que tiene el poder, y el Poderoso es Jesucristo. Y ese es un descanso para nosotros, y también es una esperanza para nosotros.

Porque si Jesús es el que tiene el poder, entonces más allá de los designios de los poderosos de este mundo, Cristo va escribiendo una historia a su manera. Como me gusta esa frase del libro de la Sabiduría que dice: Por la codicia, por el ansia de poder, el reino pasa de unas naciones a otras. Pero no es al azar, es Dios quien determina el traslado del centro de una nación a otra. Es Dios quien determina los tiempos y los plazos, aún para los imperios que parecen más altaneros, más fuertes, más imbatibles. Esa es una esperanza para nosotros. Dios escribe una historia a través de la historia humana, y es también un motivo de alegría, porque el poder que ejerce Dios es el que nos ha descrito el salmo que proclamábamos y ese poder nos hace sonreír. Ese poder trae gozo al corazón. Ese poder es maravilloso.

Y con unos pocos ejemplos yo quiero traer sonrisa al corazón de ustedes y quiero que salgamos felices de aquí, sabiendo quién es el que tiene el poder, porque no le falta buen humor a Dios. Dios no es un payaso y Dios no es chistoso. Pero Dios nos hace sonreír porque Dios tiene su propio estilo, porque tiene su propia manera y porque tiene su propia sabiduría. Vamos a ver algunos ejemplos, de esta manera graciosa de hablar de Dios. Al fin y al cabo, gracioso es de la misma familia de gracia. Un modo gracioso de obrar, un modo lleno de gracia. Dios tiene gracia en su manera de obrar. Dice aquí, por ejemplo. Padre de huérfanos, protector de viudas. Dios vive en su santa morada. Dios el Dios poderoso, el Dios inmenso tiene los ojos puestos en el huérfano y en la viuda. Los poderes de este mundo, cuanto más alto se encuentran, menos atención le pueden prestar al pequeño. Dios, en cambio, viviendo en su santa morada, tiene ante sus ojos y tiene tatuada en sus manos la vida de sus pobres. Ahí están las vidas de los pequeños, ahí están nuestras vidas de pobres están escritas en las manos de Dios, ¡y eso es muy hermoso!.

Que algunos de nosotros nunca podremos ser recibidos por el Presidente de la República o por el Presidente de los Estados Unidos o por el Presidente de la Unión Europea. Estos señores no tienen tiempo para atendernos a todos, pero el Rey de todos los Reyes sí tiene tiempo para todos sus pobres. Eso es lindo, que él tiene tiempo para nosotros, que puede ocuparse de nuestras necesidades. Esa manera, esa manera de ser poderoso, es una manera que nos trae alegría. Qué lindo es para uno cuando no ha podido conseguir una cita con el personaje más importante, el gerente, el jefe, el presidente, el director, toda esa gente tan ocupada no lo pudo atender a uno. Y uno entra a una capilla y ve el sagrario solo. Jesús, como diciendo: Estoy todo para ti, dímelo todo, cuéntamelo todo, aquí estoy para que me hables. No es gracioso que el presidente de mi país no lo critico ni mucho menos. Si yo fuera presidente tampoco podría atender millones de personas. El presidente de mi país no me puede atender.

Pero el rey de los Reyes, el dueño del universo, el emperador, por encima de toda potestad, está solito, solito, solito, para que yo le hable. Eso tiene gracia. Y eso es bonito, eso es bello. Ese es un ejemplo de la manera como Dios ejerce su poder. Vamos a dar otro ejemplo. En este mes de mayo recordamos con mucho amor y celebramos con mucha alegría y fervor la santidad de la Virgen María. A mí me parece fantástico, me parece lindísimo, bellísimo que Dios se las arregló para sacar adelante la santidad de María. Este mundo está tan lleno de pecado y a medida que pasan los años, uno como que se convence más de lo terrible que es la maldad y hasta dónde llega la maldad humana. Cuántas trampas, por Dios, cuántas trampas para la pureza del corazón, cuántas trampas para la humildad, cuántas trampas para la sinceridad. Este mundo parece que no fuera sino un trampero. Esto está repleto de trampas por todas partes.

Y cuando uno mira, por ejemplo, a niños. Niños como estos que hoy nos visitan por ahí, yo estoy viendo unos niños, amigos míos, allá están, miren, saluden. Saluden los niños. Ahí están los niños. La otra le dio pena. Saluden a si había. Cuando uno mira a esos niños. Uno dice: Qué lindo, qué lindo que existan. Pero luego uno piensa. ¿Cuántas trampas tendrán que superar? ¿Cuántas trampas? Si el niño enciende el televisor. El mensaje que le llega por el televisor no es un mensaje de humildad, ni es un mensaje de generosidad, ni es un mensaje de compartir. La mayor parte de los mensajes es que aparece un monstruo que se enfrenta con otro monstruo y le manda un rayo atómico nuclear lleno de toda la potencia para acabar veinte mil galaxias que le espera con la cabeza al otro monstruo. Y el otro monstruo dice: Maldito, yo también te mataré. Y dispara. Y el primero que ha abierto y se despedaza en las entrañas. Esas son las películas para los niños. Y esos son los dibujos para los niños. Y esas son las trampas del mundo.

Está lleno de trampas. Es como si quisieran cazarnos como a bestias. Quisieran atraparnos, y por todas partes está esto lleno de trampas. El niño llega al colegio y en el colegio donde estudia, por allá otro compañerito violento. ¿Usted qué le pasó? Y a pegarle, a acabarle y a humillarlo. Y el niño aprende una lección. Si no aprendo a golpear con mis puños, otro me golpea a mí. Otra trampa. Ahí hay una escuela de violencia. Y qué difícil es conocer la violencia y no volverse violento. Y luego el niño o la niña va creciendo y ya están listas. Listas. Las revistas pornográficas, las conversaciones obscenas, los chistes verdes, las insinuaciones morbosas. Ya están listas para atrapar, para ensuciar la mente del niño o de la niña.

Como conclusión de eso, cuando el niño va llegando a los quince o a los dieciséis años, tiene la mente llena de todo eso que ha venido recibiendo y ya no sabe qué creer y ya no sabe en quién confiar. Y entonces, con toda la rebeldía de la adolescencia, se aleja incluso de Dios y se aleja de la Iglesia. Me duele tanto que sea así. Me duele tanto que sean tan eficaces esas trampas para hacerle perder la vida de la gracia. Usted va a un colegio. Vamos a celebrar la misa en un colegio. Los niños de kinder no comulgan porque no han hecho la primera comunión. Los niños de primero no comulgan porque no han hecho la primera comunión, ni los de segundo, ni los de tercero, ni los de cuarto, ni los de quinto. Normalmente hacen la primera comunión en quinto, sexto o séptimo grado, más o menos por esos grados. ¿Saben lo que yo veo en los colegios? Los niños que acaban de hacer la primera Comunión, los de sexto, los de séptimo, comulgan la mayor parte de los niños, los de octavo menos, los de noveno menos los de grados décimo y once, muy poquitos. ¿Por qué? ¿Por qué se tiene que morir la vida de la gracia? ¿Por qué? ¿Por qué en grado once no pueden comulgar cien o doscientos bachilleres? ¿Por qué? Por qué si van a prestar el servicio militar, ¿por qué tienen que perder la vida de la gracia? ¿Por qué? ¿Por qué si entran a una universidad ya no son capaces de mirarlo a uno a la cara? ¿Por qué? ¿Por qué pasa esto? Porque el mundo está lleno de trampas. La mayor parte de los abortos suceden a niñas en edad universitaria. ¿Por qué tiene que suceder así? Porque el mundo está lleno de trampas. Y muy pronto la jovencita aprende esto.

Si quiero amor, tengo que pagarlo en especie, Es decir, con sexo. Por qué el amor tiene que ser pagado en esas cuotas tan altas, cuotas que llevan a un número inmenso de muchachas al aborto. Porque uno de sacerdote no puede tener la alegría de celebrar, por ejemplo, a un grupo de jóvenes y ver el noventa y cinco o noventa y ocho o el cien por ciento de ellos comulgan con amor y adoran a Cristo. ¿Por qué tiene que haber una edad en que la gente se separe de Cristo? ¿Saben por qué? Porque el mundo tiene poder. Porque el mundo le está mandando un mensaje a esos muchachos una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Si no te prostituyes, si no te vendes, si no te acuestas con tu novia o con tu novia, no eres nadie hasta que no te acuestes con ella. No eres nadie. Hasta que no te acuestes con ella, no eres nadie. Hasta que no te acuestes con ella. Hasta que el muchacho aturdido entonces dice: Venga, me acuesto con ella. Ese es el poder del mundo. Ese es el poder del mundo. Y ese poder es el que hace que la gente llegue a cierta edad y lo salude a uno con distancia.

San Juan Bosco decía que él podía conocer, casi podía conocer el estado de gracia de un joven solo con el saludo. Ustedes saben que Juan Bosco fue el gran educador de la juventud y casi solo le bastaba saludar a un muchacho para saber en qué situación de gracia se encontraba. Yo no soy San Juan Bosco, estoy lejos de esa santidad, pero yo algo de eso tengo. Cuando uno tiene rato de no encontrarte con una persona y lo saluda y le rehúye la mirada, más o menos como le pasa a los hijos con las mamás o con los papás. Saluda pero rehúye la mirada, no da la cara, le da pena. Es el padre, es el padre y no da la cara, no tiene la sonrisa sincera, no tiene el abrazo afectuoso, no tiene la palabra abierta, no tiene la mirada limpia. ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? La gracia se perdió en ese corazón y apestó por dentro. Lo sabe y añora ese tiempo, ese tiempo bonito que tal vez tuvo.

Ustedes han visto cómo muchas veces en estos eventos o en otras reuniones parecidas, llega el momento de la paz y los niños. Yo pienso que guiados por el Espíritu Santo van a abrazar al Padre. Les parece lo más natural, pero hay muchos que no corren a abrazar al Padre y no es por pena humana, hay muchos que no quieren saludar al Padre, sino porque están confundidos por dentro o de pronto por dentro saben que no están viviendo en la gracia de Dios. Ese es el poder que tiene el mundo. El mundo parece que nos sometiera a todos a una esclavitud. A tantos años tiene que haber pecado, de hecho, a tantos años usted ya tiene que haber cometido este pecado, a tantos años ya tiene que haber cometido este pecado.

Y me he encontrado yo con el caso absurdo. Y me perdonarán que vuelva sobre esto de la sexualidad. Pero es que me parece tan, tan aberrante. Me he encontrado con el caso absurdo de médicos y también de psicólogos y de psiquiatras que cuando examinan algunos personajes, sobre todo si son mujeres, les entra una curiosidad morbosa. Y lo digo en público porque le puede pasar a alguna de las mujeres que está aquí. Y usted tiene vida sexual activa. Y eso que sumercé dice la muchachita, pues que usted tiene que tener vida sexual activa para que se le sane en tales o cuales dolores tales o cuales disrritmias tales o cuales problemas. Bonito el remedio, el remedio otra vez a pagar en especie. Hermanos, ese es el poder del mundo. Es a obligarnos a pecar y es a meternos a todos en la misma escuela. Pero no solo son los pecados de sexo o los pecados de violencia.

Piense usted lo que sucede, por ejemplo, cuando se llega a un vecindario y una persona no quiere tener problemas con nadie. ¿Pero en cuántos vecindarios abunda el chisme, el chisme, la murmuración? Chisme y murmuración por todas partes. Hay barrios, hay cuadras, hay vecindarios que están divididos completamente. ¿Usted está con la lavandera o está con la tendera? Porque aquí somos dos grupos grandes los que estamos con la lavandera y los que estamos con la tendera. Y es unos contra otros. Qué difícil es estar en un medio de chismes sin que hablen de uno. ¡Qué difícil! Si les ha pasado esto, será que pasa en los barrios que yo conozco. Qué difícil es estar en un lugar donde todo el mundo habla de todo el mundo sin que lo involucren a uno. Qué difícil estar en medio de la violencia sin que lo vuelvan a uno violento. Qué difícil estar metido en medio de la envidia sin volverse uno envidioso u orgulloso. Ese es el poder del mundo. Ese es. Eso se llama el poder del mundo.

Qué es el poder que nos quiere cobrar a cuotas y en cuotas de pecado, nuestro derecho a vivir en sociedad. Le repito esa frase: El poder inicuo del mundo es el poder que nos quiere hacer pagar a cuotas y cuotas de pecado el derecho a vivir en sociedad. Pero aquí viene la parte graciosa. Después de todo esto dicho, qué lindo pensar que Dios te dio. Qué lindo pensar que Dios te dio el lujo de sacar sin un solo pecado de esta tierra a la Virgen. Esto a mí me parece fantástico. ¿Cuántos años vivió la Virgen en esta tierra? No sabemos. Parece ser que algo más de cuarenta y cinco o cincuenta, tal vez sesenta. No sabemos. Entre cincuenta y sesenta años. Dios se dio el lujo de tener a una bebita, a una niñita, a una jovencita, a una joven, a una señora siempre suya. Siempre limpia. Siempre bella. Siempre pura. Siempre santa. Se dio el lujo de conducirla y con su poder la defendió y la robusteció para que ella tuviera fuerza en su voluntad y rechazara toda insinuación de pecado. Qué lindo pensar que ella, prevenida ciertamente por la gracia de Dios y en respuesta a esa gracia de Dios, estuvo cincuenta o sesenta años en esta tierra, y todos los lazos del pecado fueron inútiles, y todas las trampas del mundo fueron inútiles, y todas las estrategias de Satanás fueron inútiles. Eso es muy lindo ver que en ella, en ella, desde luego, primero en Cristo y después en ella, el pecado tuvo que declararse derrotado y por eso el diablo la odia de esa manera y por eso el diablo la pone de esa manera, porque todas sus estrategias contra María fallaron y todas las trampas fallaron y todos los lazos perdieron la presa. Fallaron. María robustecida por Dios, iluminada por Dios, levantada por Dios y en respuesta activa y voluntaria a la gracia de Dios, caminó por este mundo sin el pecado, sin el peso del pecado.

Y cuando uno piensa ¿quién es el demonio? Decía un sacerdote católico experto en exorcismos que trabaja en Estados Unidos, decía: Tuve que enfrentarme una vez a Satanás. Decía El exorcista es. Y sentí el poder de una inteligencia, de una astucia que superaba todo lo que yo conocía. Toda la astucia y toda la psicología y todo el poder y todas las mañas del demonio tratando de atraparla. Y no pudo y no pudo. Este es el humor de Dios. María es la sonrisa de Dios. No pudo. En ella se cumple el Evangelio que hemos oído. Cristo dijo: Yo he vencido al mundo. Y María primero, primera discípula entre todos los discípulos, y después los que amamos a María y queremos obedecerla, y queremos estar con ella a pesar de nuestros defectos, nosotros experimentamos la sonrisa de Dios. Qué lindo es sentir que el poderoso, altanero y maldito, el demonio tiene que declararse en retirada y tiene que huir de ella.

Y dice una santa, una santa que vivió en el siglo catorce y que se llama Santa Catalina de Siena, dice: Llegados a cierta estatura de santidad, no temen estos hombres y mujeres al demonio, sino que el demonio les tiene miedo a ellos. Tú, la primera que tiene este don es Marina. Por eso digo. Por eso digo el poder de Jesucristo manifiesto en su ascensión que acabamos de celebrar la majestad de Jesucristo, que llena de consuelo nuestros ojos. sirve también para que nosotros tengamos descanso, porque Él es el que manda. Esperanza, porque él reina por encima de todo Reino. Y alegría porque su estilo de gobierno es único. Su plan de gobierno es fantástico. Su manera de gobernar despierta en nosotros gratitud y un gozo íntimo que nadie nos puede quitar.

Saquemos, hermanos, unas dos aplicaciones para nuestra vida. Jesucristo dice ¿Ahora creéis? Mirad, está para llegar la hora en que os despertéis, cada cual por su lado y a mí me dejáis solo. Esa palabra es dura. Jesucristo nos invita hermanos, a no fiarnos demasiado de nuestras propias fuerzas. Los discípulos ya creían que creían. Los discípulos ya pensaban, ya imaginaban que creían. Pero Jesús nos cuestiona ¿Ahora creéis? Y les da una ruta. Hay que pasar por la soledad. Me van a dejar solo, pero no estoy solo, está conmigo el Padre. La fe, esa fe que es capaz de agarrarte de Dios cuando todo falla. La fe, esa fe que sirve para vencer todas las trampas, la fe, la fe que es más fuerte que todas las estrategias de Satanás y su astucia. Esa fe tiene que pasar por la prueba de la soledad hasta experimentar como única compañía a Dios y como única alegría a Dios y como único alimento a Dios. Y como decía Jesucristo: El que tenga oídos para oír, que oiga.

Y la segunda enseñanza, la segunda aplicación. Recordemos una vez más lo del salmo. Dios prepara a casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece. Si Dios es amigo nuestro, no es por los bienes que nosotros le vamos a dar a Él. Si no es por su misericordia y su misericordia, brota de ver nuestra necesidad de ver nuestra indigencia y, por qué no decirlo, de ver nuestro pecado. Si nosotros queremos encontrar los caminos de la misericordia de Dios, tenemos que saber encontrar el camino de nuestra indigencia, de nuestra miseria y de nuestro pecado, porque Dios prepara a casa a los desvalidos. Los que son válidos, los que tienen muchos amigos y los que tienen todo resuelto no necesitan que Dios les prepare casa. ¡Pobres de ellos! Nosotros, los que estamos desvalidos. Nosotros los que nos sentimos huérfanos o viudas. Los que nos sentimos cautivos. Los que reconocemos nuestra necesidad y nos humillamos en su presencia.

Nosotros, si así obramos, estamos próximos a experimentar el torrente abundante de su misericordia. Dos enseñanzas para hoy. Recuérdalo, tu fe, para alcanzar la madurez tiene que pasar por el camino de la soledad, número uno. Número dos. Si quieres encontrar los caminos de la misericordia de Dios, no te alejes mucho de los caminos de tu propia miseria. Fue San Agustín el primero que advirtió que están muy cerca las palabras miseria y misericordia. Mi miseria y la misericordia de Dios están demasiado cerca. Si quiero vivir en El en la atmósfera de la gracia divina, si quiero vivir en el aire refrescante de la misericordia de Dios, no debo apartarme demasiado de lo que yo soy en la realidad de mi alma. No debo apartarme de mi indigencia, de mi precariedad e incluso del pecado que necesita perdón.

Alabemos al Señor, hermanos, que nos manifiesta su victoria. Alabemos al Señor que nos da esperanza cuando dice: Yo he vencido al mundo y tengamos una certeza, todo lo podemos con él. Y la primera que está ahí a nuestro lado para recordarnos que es así, es la Santa, la primera y mejor discípula de Cristo, Nuestra Señora, la Virgen María, para quien pido con todo amor, un aplauso.

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