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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Creer en el Bautismo de Jesús es ponerme en sus manos para que Él me haga de nuevo.
Homilía p071001a, predicada en 19970512, con 7 min. y 23 seg. 
Transcripción:
Se aproxima la celebración de Pentecostés, el don del Espíritu Santo. Las lecturas de esta semana nos preparan para recibir un regalo. ¿Sabe usted que no es fácil recibir regalos? Estamos tan acostumbrados a que todo tiene su precio y a veces incluso la santidad parece que tiene su precio, que ninguna obra buena se hace impunemente. Estamos tan acostumbrados a que todas las cosas tienen su precio, que nos cuesta trabajo recibir regalos. Y el Espíritu Santo es eso, es regalo, es don mejor, es Dios mismo regalándose. ¿Qué significa esto? Nos ayuda a entender la comparación entre el bautismo de Juan y el bautismo de Jesús. Pablo se encuentra a aquellos cristianos o catecúmenos. Tal vez deberíamos decir preparado, preparándose para el bautismo, preparándose para la fe en Cristo. ¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe? Es la pregunta que hace Pablo. No hemos oído hablar de un Espíritu Santo, pero habéis recibido el bautismo de Juan. El centro está en este pensamiento. El bautismo de Juan era signo de conversión y Juan decía al pueblo que creyesen en el que iba a venir después es decir Jesús. El bautismo de Juan es el signo exterior de la convicción que uno tiene por dentro de que debe convertirse. El bautismo de Juan se oye un acto interior de la persona, expresa algo que ella ha hecho con mucho valor. Porque representa la grandeza de Dios y la certeza de que uno ha sido ingrato y ha desobedecido. Pero este bautismo de Juan es algo que hace la persona. El bautismo de Jesús es algo que Dios hace, algo que Él obra en nosotros. Por eso, ¿qué se necesita para recibir el bautismo de Juan? Haberse convencido uno de que ha obrado mal, haberse convencido uno de que tiene que cambiar, que se tiene que convertir. Es una convicción a la que se llega, por ejemplo, viendo las malas consecuencias de la vida que uno ha llevado o escuchando los argumentos con que le demuestran a uno que uno ha obrado mal. Así se llega al bautismo de Juan. Y finalmente uno no llega a la conclusión de que tiene que dejar su antigua vida y busca un signo para expresar que efectivamente quiere comprometerse en ese cambio. Pero el bautismo de Jesús no se prepara uno así, a este bautismo de Jesús, a esta gracia del Espíritu Santo, se prepara uno creyendo y así nos aparece una dimensión muy linda de lo que significa creer. ¿Qué es creer dentro de este contexto? ¿Qué significa creer aquí? Significa no alegar nada ni a favor ni en contra. No alegar nada, no es decir, bueno, mire, yo no soy tan malo porque yo he hecho esto bueno, ni es decir bueno, yo soy muy malo porque he hecho esto malo. No, creer es suspender el juicio sobre uno mismo, pero uno tiene la convicción de que uno tiene que cambiar, pero uno no presenta el juicio de uno ante Dios, sino que uno se pone en las manos de él, se pone en la presencia de Él. Uno no alega sobre las culpas o los méritos de uno, o sobre los méritos de las culpas de otras personas. Creer es como abrirse a que Él obre como Él quiera, como a Él le parezca. Y esa es la predicación que hace Pablo. Ese es el bautismo que reciben y entonces manifiestan su ser, gracias especiales del Espíritu Santo. Recojamos la enseñanza de hoy de estos textos. Hoy, el bautismo de Juan y el de Jesús. El bautismo de Juan, en el fondo es algo que yo hago desde mis convicciones. El bautismo de Jesús es algo que Dios hace desde sus convicciones. En el bautismo de Juan yo no juzgo, deja de decirme mentiras y llega a una conclusión tengo que cambiar y me comprometo. En el bautismo de Jesús, la Palabra de Dios me convence de que el juicio le pertenece a Él. Entonces Dios suspende todo juicio sobre mí mismo. No me declara ni inocente ni culpable. Me pongo en las manos de Él y confío en que su Palabra sobre mí y su designio sobre mí son como a Él le parece como Él quiere. Pero ya nada más de lo que Él quiere precisamente en Jesucristo, en el amor de la cruz, en la gloria de la resurrección. Entonces me hará el bautismo de Jesús creyendo, y desde esa fe recibo como un regalo sin negocio de ningún género, sin poder dar nada a cambio, sin poder ofrecer nada en retorno. Recibe creer, creer en Él y la gracia que viene de creer en él. También ha tenido una actuación que ha recibido uno que sea tan absolutamente gratuito. Solo una cosa, fe. El acto de fe será perfectísimo cuando uno reciba la fe como recibe el ser. ¿Qué hice yo para empezar a existir? Nada, nada. Yo no podía crearme. Yo no podía sacarme a mí mismo de la nada. Creer en profundidad es aceptar la redención como acepté la creación. Creer es ponerme en manos de Dios como para que Él me haga de nuevo. Para que Él haga de mí una nueva criatura, una nueva criatura hecha por Él, pues hecha por el Espíritu Santo. Es decir, el Espíritu Santo es la fuerza creadora de Dios. Cuanto más amplio sea el terreno que le dejemos a Dios para que Él haga la nueva criatura, más pronto aparece su obra, su belleza, su transformación, su alegría y los frutos del Espíritu. Así nos lo concede a Dios por su bondad, el que nos lo ha dado todo en Jesucristo. Amen.

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