|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Todo razonamiento humano lo trasciende la lógica de Dios, especialmente en la Encarnación, la muerte en la Cruz y la Resurrección.
Homilía p063020a, predicada en 20260513, con 8 min. y 24 seg. 
Transcripción:
Hermanos, Baruch Spinoza quiso explicar el universo y explicar a Dios con un sistema de deducciones, lo que podríamos llamar a la manera de las matemáticas, donde hay unos axiomas y después se van deduciendo unos teoremas. El esquema, la presentación que hace Spinoza parece perfectamente lógico, repito, como las matemáticas, todo tiene su deducción, todo tiene su lugar. El precio que se paga, cuando se trata de explicar a Dios de esa manera, es que ese Dios es inseparable o mejor, indistinguible de la naturaleza. Por eso, el famoso dicho de ese pensador, Dios o la naturaleza para él son como sinónimos. Por consiguiente, tampoco hay una relación personal con ese Dios.
Estoy hablando de ese filósofo porque la primera lectura nos muestra un desarrollo impecable, una oratoria magnífica de Pablo en Atenas, digna del lugar donde se hizo tanta filosofía como lo estudiamos en nuestros cursos. Pero Pablo no iba a decir Dios o la naturaleza, sino que está hablando de un Dios soberano, trascendente, un Dios que se ha manifestado de manera inesperada, maravillosa, que ha muerto de una manera trágica y que además, ha resucitado venciendo todas las expectativas. Es verdad que se puede aplicar la lógica a muchas cosas de Dios, y es verdad que el estudio racional nos ayuda para comprender muchas cosas de Dios. Pero el Dios verdadero al final revienta la lógica.
Cuando hablamos de encarnación no hay lógica que explique eso. Cuando hablamos de compasión, de misericordia, no hay lógica que explique eso. Y por eso, como hemos comentado otras veces, Aristóteles pensaba que Dios no tenía por qué pensar en nosotros. Era indigno de Dios, según Aristóteles, que pensara en nosotros. Dios solo tiene que pensar en lo que es perfecto, es decir, en sí mismo. Para Aristóteles era ilógico un Dios que se compadeciera, como también era ilógico para Spinoza. Un Dios que llegue al extremo de la cruz revienta todo razonamiento. Y por eso Pablo, cuando predicaba a los judíos, apenas llegaba esa parte de la cruz, resultaba insoportable. Dice el mismo Pablo, en la primera carta a los Corintios, que la cruz es el gran escándalo para los judíos.
Pablo, que podía recitar extensos trozos de lo que nosotros llamamos Antiguo Testamento y que él llamaba las Escrituras, Pablo, que podía resumir toda la historia de la salvación, era escuchado con gusto. ¿Hasta cuándo? Hasta que en ese ambiente judío llegaba a la cruz. Ahí se reventaba el discurso, ahí se rompía el consenso. En el caso de los paganos, como sucede en la primera lectura, algo parecido les sucede cuando llega la resurrección. Todo iba muy bonito, un discurso bien plantado. Pero cuando se llega la resurrección, ya estos no lo toman en serio. Y por eso, no se formó en ese momento una comunidad cristiana, por eso no tenemos la primera carta del apóstol San Pablo a los atenienses.
Es uno de los fracasos más fuertes de Pablo, que también ahí él tuvo su propia experiencia de la ruptura que trae el Evangelio. Este mismo tema, la relación entre la lógica y la revelación lo trata Santo Tomás de Aquino en la primera de todas las cuestiones de la Summa, donde precisamente se pregunta si, además de todo el razonar humano, que él lo llama el conocimiento filosófico, es necesaria la revelación. No voy aquí ni siquiera a intentar resumir el argumento de Santo Tomás, pero todos conocemos la respuesta. Sí se necesita revelación, la trascendencia de Dios, lo sorprendente, lo inexplicable de su amor, la transformación que trae a nosotros.
Nada de eso cabe en la geometría que quería Baruch Espinoza. ¿Qué consecuencia trae esto para nosotros? No es una invitación a la anarquía, ni en el modo social, ni en el ambiente social, ni tampoco en el pensamiento. No es una invitación a la ignorancia, aunque aprendemos por la teología que hay que tener gran respeto por el camino llamado apofático. No es una invitación a despreciar el estudio, pero sí es una invitación a reconocer que la ciencia más alta está más allá de los razonamientos, y que muchas veces se descubre en los caminos de la adoración, del silencio, de la experiencia, de la cruz.
Cuando recordamos a la Santa Virgen María en Fátima, recordamos que ella propone precisamente un camino que parece absurdo. Ella propone el camino de la cruz, ella propone el camino de la penitencia: Haced penitencia, haced oración. A un mundo que quiere controlarlo todo como si fuera geometría, a un mundo que quiere tenerlo todo deducido y calculado, como si se pudiera meter todo en un gigantesco Excel, a ese mundo la Virgen María le dice: Se necesita que tu corazón cambie, se necesita que hagas penitencia, se necesita que reconozcas el reinado de Jesucristo.
Hermanos amados, sigamos este camino apreciando, valorando lo que es el estudio, pero aprendiendo también a postrarnos ante el misterio de la Cruz, ante el misterio del amor y ante el misterio de la Eucaristía.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|