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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El ideal de la Iglesia es vivir con santidad y rectitud, reflejando fielmente el Evangelio; y si llega la persecución, es señal de que el Evangelio está aconteciendo allí donde la Iglesia misiona.
Homilía p062021a, predicada en 20250527, con 6 min. y 50 seg. 
Transcripción:
La labor del misionero con mucha frecuencia va acompañada de persecuciones, incomprensiones, indiferencia, dificultades. Es una de las razones por las que tenemos que admirar y amar mucho a aquellos que están de lleno en la misión. Pero esta clase de dificultades no deben extrañarnos tanto, porque ¿quién fue el primer misionero? pues el Enviado del Padre y el Enviado del Padre es su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Y ya sabemos lo que le pasó a Cristo.
Desde las primeras páginas del Evangelio aparecen las persecuciones, aparecen las contradicciones, las controversias con los fariseos, con los escribas, con los saduceos. Podríamos decir que es lo que le toca al misionero, hasta el punto de que la falta de dificultades o la falta de incomprensión o de persecución, eso sí es lo que debería preocuparnos. Una Iglesia que no es cuestionada, una Iglesia que no recibe burlas, oprobio o persecución por parte del mundo, posiblemente es porque es una Iglesia que ya se mundaniza. Yo creo que eso nos lo sugiere el mismo Cristo cuando en el capítulo sexto de San Lucas dice ¡Ay de vosotros si todo el mundo habla bien de vosotros! O sea que la condición normal de la Iglesia es ser como Cristo, un signo de contradicción. Es decir, lo normal de la Iglesia es que haya oposición.
Pero aquí también hay que recordar algo que dice la primera carta de Pedro. Que haya oposición o que haya dificultad pero porque presentamos el Evangelio de Jesús, porque sí hay oposición, porque somos unos arrogantes, si hay oposición porque somos unos incoherentes, si hay oposición porque somos unos abusadores. Esa oposición, lejos de confirmar que estamos haciendo las cosas bien, lo que nos está mostrando es todo lo que estamos haciendo mal. O sea que el ideal de la Iglesia es llevar una vida santa, una vida recta, una vida irreprochable que presenta con total claridad el Evangelio. Y si llevando una vida recta y llevando una vida honesta y coherente y presentando el Evangelio, llega la persecución, momento de alegrarse, momento de decir estamos siendo fieles a Jesús. Momento de decir el Evangelio está aconteciendo entre nosotros. Esa es la enseñanza.
Y esto tiene mucho que ver con la primera lectura de hoy. Porque en la primera lectura encontramos precisamente cómo unos misioneros, concretamente Pablo y sus compañeros, estaban predicando, estaban llevando la Buena Noticia, estaban llevando la fuerza del Espíritu y ya ves lo que les pasó. Es algo espantoso. Ya ves lo que sucedió. Fueron maltratados. Fueron perseguidos. Literalmente dice que los molieron a palos y después, con un juicio inicuo, los metieron a la cárcel. Lo que eso demuestra es que estos hombres estaban obrando de una manera noble, justa, honesta y caritativa. Y mira lo que les tocó. Pero como ellos eran de Cristo, Cristo les daba también su fuerza. Y por eso, en medio de la dificultad, lejos de entrar en amargura, lejos de llenarse en confusión y decir pero por qué me pasa esto, ¿Por qué me pasa esto? Más bien lo que hicieron fue unirse más a Jesús.
Lo que hicieron fue apegarse más a su Señor. Lo que hicieron fue cumplir de una manera más plena lo que también había dicho Cristo y que aparece tanto en el capítulo quinto de San Mateo como en el capítulo sexto de San Lucas. Cuando llegue la persecución, cuando llegue la dificultad, alégrate, porque así fue como trataron a los verdaderos profetas. Ese es el argumento que por lo menos nos dice Cristo en esos lugares. Entonces, ¿cuáles son las enseñanzas? que estamos llamados a llevar una vida recta, honesta, limpia, luminosa.
Estamos llamados a tener esa vida.
Número uno, que el Evangelio se haga carne en nosotros. Segundo, ese Evangelio que ya hemos encarnado, lo vamos a compartir con los hermanos. Y al llevar ese Evangelio a los hermanos, pues vamos a encontrar oposición. Hay que dar por descontado, el Evangelio no llega fácil. ¿Por qué no llega fácil? Porque el Evangelio siempre supone la caída de mentiras y de ídolos y supone que muchos egos van a ser maltratados. Así que no va a ser una buena noticia para muchos, a pesar de que si es la buena noticia que Dios nos da, entonces va a haber incomprensión. Por favor, mete entre tus cuentas que va a haber incomprensión. Por favor, ten claro en tu conciencia que va a haber dificultad. No te pueden tomar esas dificultades, no te pueden tomar por sorpresa, como si tú dijeras pero ¿por qué me pasa esto? pero ¿por qué este desastre? pero es que esto no debería suceder. Nada de eso. Tenemos que saber que eso es lo normal, hasta el punto. Repito que si no sucediera, algo estamos haciendo mal.
Y si llegan esos tiempos de dificultad y de oposición, lo que hemos de hacer es seguir el ejemplo de hombres como Pablo el apóstol y su compañero de misión Silvano. Es decir, llenarnos de alabanza. Si nos están machacando, hay que saber que el primer machacado fue Cristo, y por eso, en medio de sus tribulaciones, los santos tienen esas expresiones de amor como lo que hoy vimos en la primera lectura. Es decir, se unen más a Cristo como diciendo Tú estás llagado y yo estoy llagado Señor, Tú estás ensangrentado y aquí está mi sangre. A ti te golpearon y mira los golpes que yo he recibido. Ya que estoy unido a ti, que mi amor por ti crezca y que nuestra unión crezca. Ese es el sello de los grandes misioneros. Ese es el sello de los auténticos discípulos de Cristo. A quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

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