Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El que tiene a quién mirar, tiene de quién esperar.

Homilía p062015a, predicada en 20200519, con 14 min. y 53 seg.

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Transcripción:

Hermanos, hoy es el día para aplicarnos como quien se aplica una medicina, aplicarnos esa palabra que Jesús le dijo al que había sido su carcelero. Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia. Esas son las palabras que Cristo le dijo a este hombre, y esas son las palabras que tenemos que poner sobre nosotros como una medicina. Por alguna razón me estoy acordando de una explicación que me dieron sobre esa especie de solideo, esa especie de pequeño gorrito. Lo digo con respeto. Que utilizan los judíos piadosos sobre su cabeza, tiene el nombre de kipá. Y saben qué significa eso de ponerse esa especie de gorrito. No encuentro una palabra mejor. Aquí sobre la cabeza, ¿sabes cuál es el papel de eso? ¿cuál es el significado? Según me enseñaba alguien que conoce de cosas judías, el sentido de la kipá es poner un símbolo que significa por encima de mí y por encima de mi cabeza, la Palabra de Dios.

Es un recordatorio de que la Palabra de Dios está por encima de mí, y esto significa por encima de mis ideas, mis proyectos, mis planes, mis fuerzas, mis miedos, mis esperanzas, mi cansancio. Dios por encima, es como una visualización, es como una presentación física de aquello que dice el primer mandamiento de la ley de Dios. Amarás al Señor tu Dios por encima de todas las cosas. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Dios por encima. Qué hermoso recordar esto, para nosotros tomar esta palabra, esta palabra del Señor. Es hermoso darnos cuenta, que el Señor con su Palabra nos está dando la manera de conocer cuál es su voluntad. Y el Señor con su Palabra nos está dando la manera de reconocer cuál es nuestro camino.

Cuando el judío se pone esa kipá, ese gorrito, lo que está diciendo es la Palabra de Dios por encima. Y esa es la manera de recibir la palabra para que sea una medicina en nuestra vida. Esa es la manera de recibirla. No recibimos la Palabra de Dios como un igual, como una palabra más. Le decía el apóstol San Pablo a la comunidad de Corinto. Ustedes no recibieron la palabra de Dios como palabra humana, sino como lo que es Palabra de Dios, que ejerce su acción en ustedes los creyentes. Qué significa recibir la Palabra de Dios como si fuera igual a mí, recibirla como si fuera un consejo más. Es decir, mi vecino me dio una idea. Mi papá solía decir esto. Un amigo me dijo esto. La Palabra de Dios dice esto. Como si fuera una palabra más, no es una palabra más. No la recibas así. Es una palabra que ejerce su acción en vosotros los creyentes, dice San Pablo. Y eso quiere decir que nosotros recibimos esta palabra con la certeza de que viene por encima de nosotros.

Y yo insisto en la imagen de la kipá del judío. Por encima de mí está esa palabra. Hay otros, este es un caso más grave, que no miran a la palabra de igual a igual, como si fuera una palabra más, sino que la miran incluso con desprecio, como le pasó a San Agustín. ¿Qué le sucedió a San Agustín? Le sucedió que cuando él tenía unos veinte años de edad, la mamá de nombre Mónica le regaló una Biblia con la esperanza de que la lectura de esa Biblia habría de cambiar el corazón de su hijo. Un corazón demasiado lleno de arrogancia, demasiado lleno de sensualidad, demasiado lleno de vanidad. Pero en aquel momento esa palabra fue vista con desprecio por Agustín. Agustín empezó a leer un poco de la Biblia y con desprecio, como si tuviera un mal olor delante. Miraba esa Biblia y finalmente dijo está mejor escrito el Hortensio de Cicerón. Hortensio es una de las obras de ese escritor romano clásico. O sea que la miró con desprecio.

Fíjate en las tres miradas de las que estamos hablando. Una mirada con desprecio como la de Agustín antes de su conversión. Está mejor el Cicerón. Esa mirada existe también en nuestra época, especialmente donde se riega esa terrible, esa terrible mentira que se llama el cientificismo. Los que creen que solo vale el conocimiento científico y miran como Augusto Comte, no miran la Biblia y dicen fábulas y mitos y tienen un gran desprecio. A ellos no les aprovechará esa palabra, no será medicina para ellos. Otros miran a la Palabra, pero solo de igual a igual, como si fuera un consejo más, como si Jesús fuera otro líder religioso más, como si la Biblia fuera un libro sagrado más, como si simplemente nosotros pudiéramos decir bueno, hay tantas religiones, cada uno utilice lo que le sirva. Eso es poner la Palabra de Dios a este nivel.

Pero el judío piadoso nos ha enseñado que la Palabra de Dios está por encima de mi cabeza. La Palabra de Dios me supera, la Palabra de Dios me rebasa. Y atención esa conciencia de que la Palabra de Dios está encima de mí, esa conciencia de que la Palabra de Dios me rebasa, es conciencia que me salva. Y sabes ¿por qué me salva? Esa conciencia me salva por esta razón, mis hermanos. Porque si yo reconozco que la Palabra de Dios está por encima de mí, también sé de quién puedo recibir la salvación que a mí no se me va a ocurrir. El que solo cuenta con su cabeza, el que solo cuenta con sus ideas, el día que se le acaban las ideas, se le acabó el mundo. Te das cuenta de eso. Al que solo cuenta con su cabeza cuando ya no tiene más ideas, dice bueno, ya se acabó el mundo, ya aquí no hay más nada que hacer. ¡Qué tristeza! Lo único que le queda es el suicidio. Y ya que he mencionado a Zenón, que era simpatizante de la escuela filosófica estoica, recordemos que esa es la teoría de los estoicos. A suicidarse. A suicidarse todo el mundo. Y ¿por qué? Porque cuando se nos acaben las ideas, cuando ya no hay más esperanzas, cuando ya no le veo sentido a esto, pues me mato. Eso es lo que hay detrás de la eutanasia. Como yo no le veo sentido a este sufrimiento. Yo no le veo sentido, entonces yo decido matarme. Esa es la eutanasia.

Date cuenta, la consecuencia que tiene eso de estar poniendo la cabeza como la suprema autoridad. En cambio, ¿qué nos dice la escritura? Levanto mis ojos a los montes, levanto mis ojos a los montes ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra. ¡Qué hermosura! El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra. El que tiene a quien levantar la mirada tiene de quien esperar la salvación. Escriba esa frase que le conviene. El que tiene a quien levantar la mirada tiene de quien esperar la salvación. Pero ¿sabes cuál es el problema que tiene nuestra época? que el mensaje que nos repiten continuamente por todas partes. ¿Cuál es el mensaje que nos repiten? El mensaje es primero que todo, tienes que creer en ti. Tienes que creer en tus fuerzas, tienes que creer en tus proyectos. Fíjate una meta, trabaja duro por ella. Ahí está la meta. Aquí estás tú. Trabaja duro, tú lo lograrás. Y si no lo logró, cuando se acaban mis fuerzas, cuando se acaban mis ideas, cuando se acaban mis esperanzas ¿qué? matarme, no. Por eso hay que tener tanto cuidado con ese tema de la literatura de autosuperación, que es lo que más abunda. Por todas partes nos están repitiendo el mismo mensaje. Conozca sus fuerzas, fíjese una meta, trabaje duro, alcáncela. Ese es el lenguaje que nos utilizan.

Mis hermanos, el que tiene a quién mirar tiene de donde esperar. A ver, perdóname que sea escuelero, como decimos en Colombia. El que tiene a quién mirar tiene de quien esperar. Si la palabra de Dios, tú la proclamas más alta que tú, más fuerte que tú, más santa que tú, más grande, más poderosa que tú. El que tiene a quién mirar tiene de quién esperar.

Y ahora volvamos a la historia de la primera lectura. Viste a Pablo y a su compañero de misión Silas. Pensemos esto. ¿Qué ideas podían servir en ese momento? Qué ideas podían servir? A ver, dime tú. La gente en Filipos, donde había empezado muy bien la Evangelización. La gente en Filipos se amotinó y los agarraron y los apalearon. Una golpiza brutal. Humillante. Les arrancaron las ropas prácticamente desnudos, los apalearon. Y de ahí a la cárcel con cadenas en la cárcel. Ahora dime qué ideas sirven ahí, ¿qué ideas? ¿cuáles son las ideas que ahí sirven? Ahí se le acaban a uno las ideas. Puedes llenarte de rabia por la injusticia que estás padeciendo. Puedes llenarte de rabia porque estás encerrado en una cárcel. Puedes maldecir al Imperio Romano o maldecir al carcelero que te mantiene ahí encadenado. ¿De qué te sirve eso? Tus ideas llegaron a un límite. No hay más que hacer.

Pablo y Silas. Silas también es conocido como Silvano. Pablo y Silas tenían a quien mirar. Y el que tiene a quién mirar, aunque sea lo más profundo de la noche, el que tiene a quién mirar aunque sea el peor de los calabozos, el que tiene a quien mirar tiene de quien esperar. Y ellos se pusieron a alabar a Dios. ¿Qué podían decir bueno de Dios que los había metido en semejante problema? Que Dios es más grande, Él es más grande, Él puede, Él puede, Él lo logra, Él lo puede. Sí, mis hermanos, sí, mis hermanos ese es el camino. Él lo puede. No te fíes únicamente de lo que a ti se te ocurre. Es necesario que aprendamos a hacer otro tipo de oración. Mis ideas han llegado a un límite, Señor. Mis fuerzas han llegado a un límite, Señor. Yo ya no veo más. Estoy como en esa cárcel, en lo profundo de esa mazmorra.

Te diste cuenta que cuando el carcelero fue a buscar a Pablo y a Silas, tuvo que encender una luz ¿qué quiere decir eso? que ellos estaban a oscuras. Ya no veo más. Pero no son mis ojos los que tienen que ver, sino tu mirada la que ha de iluminarme. Ya no tengo más ideas, Señor. Pero no es mi cerebro el que tiene que encontrar una solución, sino tu infinita inteligencia la que abrirá un camino. Hoy vamos a hacer una oración especial pidiendo al Señor en esta misma línea, pero que nos quede una certeza. Encima de mi cabeza hay alguien. Encima de mis sueños, hay alguien. Encima de mis fuerzas, hay alguien. Y el que tiene a quien mirar tiene de quien esperar. Amén.

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