Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La pasión de Cristo destruye aquello que mantenía cerrado y encarcelado nuestro corazón, abriendo un espacio utilizado por el Espíritu Santo para entrar y reinar en nuestras vidas.

Homilía p062013a, predicada en 20190528, con 6 min. y 0 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo número dieciséis de San Juan. Es muy hermoso ver cómo estas conversaciones que Cristo tiene con los apóstoles después de la Última Cena son al mismo tiempo una despedida y un anuncio. Cristo se está despidiendo de ellos porque lo que sigue es la oración en el huerto, el prendimiento, la pasión, la muerte. Entonces Cristo se está despidiendo. Pero también hay un anuncio, el anuncio de la llegada del Espíritu Santo. Yo veo en esto la ternura del Corazón de Jesús, porque a la vez que nos está soltando, nos está también entregando. Nos está soltando, porque Él tiene que partir. Pero nos está entregando, porque nos está dando, al poder del Espíritu Santo. De modo que ese Espíritu pueda hacer su obra en nosotros.

La frase misteriosa aparece en el Evangelio de hoy, en el texto de hoy, que ya dije, es del capítulo dieciséis. Dice Cristo Si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. El Espíritu de la Verdad. Y por eso en esa frase se condensa la relación entre las dos realidades que estoy describiendo. Por una parte, que el Señor se va, pero por otra parte, que el Espíritu Santo viene. La relación entre esos dos hechos está en la frase que estamos citando y Cristo presenta eso como una realidad a favor nuestro. Dice que nos conviene, que es bueno para nosotros. La verdad es que es una frase que me ha llamado siempre la atención y hace poco conocí una explicación que quiero compartir con ustedes.

En otro lugar de los discursos de despedida hacia el capítulo catorce, este es el capítulo dieciséis. Hacia el capítulo catorce de San Juan, Cristo nos habla de la tristeza que produce su partida. Específicamente dice Con solo decirles que me voy, su corazón se ha llenado de tristeza. Efectivamente, Cristo había llegado a ser Señor del corazón de sus apóstoles. La verdad es que Cristo había despertado y es apenas normal un inmenso amor por Él, en el corazón de esos hombres. Y porque Cristo había llegado a ser, por así decirlo, parte de ese corazón.

La partida de Cristo es como una ruptura, como un desgarramiento en ese corazón. Es aquí donde empieza la explicación que les quiero compartir. Otras personas utilizan expresiones semejantes cuando tienen que despedirse de seres queridos. Cuando por primera vez unos papás tienen que desprenderse de un hijo o de una hija que se va a otra parte porque se casó, porque va a estudiar por razones de trabajo. Tal vez utilizan una expresión parecida, tal vez ellos dicen también te vas, hija mía, pero te llevas un pedazo de nuestro corazón. Es decir, el corazón se rompe cuando se produce la distancia.

Pero dijimos que Cristo utilizó esta frase Os conviene que yo me vaya. ¿Por qué esa ruptura, por qué esa fractura es buena? ¿En qué sentido ese dolor puede ser bueno? Pues en cuanto a dolor no es algo agradable. Pero la brecha que produce Cristo en su partida es precisamente el espacio por el que puede entrar el río del Espíritu Santo. Cristo ha llegado a nosotros, se ha hecho parte de nuestra vida, se ha hecho dueño de nuestro corazón. Cristo reina en nuestro corazón y es dueño de ese corazón. Al partir, para asumir su cruz, rompe ese corazón, pero produce también una brecha, produce también un espacio.

Podemos decir que el corazón que nosotros teníamos antes, que era un corazón sellado por el egoísmo, un corazón sellado por la idolatría, un corazón sellado por la sordera a la palabra divina, un corazón sellado por el orgullo, ese corazón sellado de tantas maneras. Ahora se rompe cuando Cristo parte. Y esa brecha produce, que donde había orgullo, quede en nosotros un pequeño rastro de humildad, y donde había idolatría, quede en nosotros un pequeño rastro de amor por la verdad al único Dios. Y esa brecha que abre Cristo es exactamente la que utilizará el Espíritu Santo para llegar a nosotros.

Tal es la relación entre la Pasión y Pentecostés. La pasión de Cristo destruye aquello que nos mantenía cerrados, encarcelados y sellados. La Pasión de Cristo abre ese corazón nuestro a un precio altísimo para Él, y también, aunque en menor proporción, para nosotros. La Pasión de Cristo abre ese espacio y ese espacio que queda abierto es el que va a utilizar el Divino Espíritu para venir y para reinar en nuestras vidas.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM