|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo con su partida hace que aparezca la verdad sobre el pecado del mundo, su justicia y su condena; muestra lo que realmente somos y nuestra necesidad de su misericordia.
Homilía p062012a, predicada en 20180508, con 5 min. y 41 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del capítulo dieciséis de San Juan. Cristo nos habla de la llegada del Espíritu Santo. Este es un tema muy frecuente en estos días últimos del tiempo Pascual. Pero hay algo que nos llama la atención, especialmente hoy. Es una dimensión del sacrificio de Cristo de la que se habla muy poco. Dice Cristo que su partida va a dejar convicto al mundo, convicto con un pecado, una justicia y una condena. Yo creo que muy pocas veces se predica de esto. Que la muerte de Cristo deja convicto al mundo.
Bueno, qué puede significar esa palabra. Si tratamos de buscar el sentido de las palabras es porque estamos convencidos de que estas palabras han sido escritas para nuestro provecho, y si han sido escritas para nuestro bien, pues es necesario que nosotros las aprovechemos. ¿Qué significa dejar convicto al mundo? Bueno, es algo que tiene que ver con una palabra que se repite bastante en el Antiguo Testamento con un verbo. El verbo confundir.
Cuando hay una disputa, por ejemplo, dos personas están discutiendo. Uno de ellos puede hacerle una acusación o presentarle un argumento al otro. Y en una discusión típica, las personas van y vienen con las palabras. Tú me dices algo, yo te respondo. Entonces tú le respondes, tú me respondes a lo que yo te respondí y yo te respondo a lo que tú me respondiste. Y así sucede en una discusión típica. Pero supongamos que dentro de esa discusión la otra persona me dice algo que me deja perplejo, algo frente a lo que yo no tengo respuesta, algo que yo no sé cómo abordar, en ese momento cuando quedo encerrado dentro de mis propias razones o probablemente dentro de mis propias excusas. En ese momento en el que estoy encerrado, entonces ya no encuentro qué decir. Y eso es lo que se llama confusión. La verdadera victoria en una discusión es, no cuando la conversación sigue y sigue, sino cuando una persona se da cuenta que realmente no tiene cómo responder a algo. Observemos que esto sucede en la Biblia. Por ejemplo, en el caso de Adán y Eva, cuando Dios interpela a Adán, pues él echa la culpa a Eva. Pero en esa conversación, finalmente ni Adán ni Eva tienen más que decir. Llega un momento en el que quedan confundidos. No tengo más que decir.
Algo parecido encontramos en el famoso Salmo del arrepentimiento, el Salmo cincuenta y uno. En este salmo lo que aparece es cómo una persona llega a la conclusión de que no puede decir nada al Señor. Él es el que tiene la razón. En el juicio tendrás razón. En el juicio brillará tu rectitud. No tengo nada que decir. Es decir, se me acabaron mis explicaciones, mis argumentos y probablemente se acabaron también mis justificaciones. Mis excusas, mis disculpas. Se me acabaron mis palabras. Ya no tengo más que decir. Ese momento en el que la persona se le agotan sus razones, sus argumentos y sus disculpas. En ese momento la persona no tiene otra cosa que hacer, sino reconocer su verdad.
Y eso es lo que nos está diciendo Cristo. Que su partida ha dejado convicto al mundo, es decir, que su partida ha hecho que cualquier excusa, que cualquier explicación, que cualquier pretexto, que cualquier justificación, que cualquier alegato quede sin piso, es decir, las mentiras con las que solemos arroparnos, las excusas y pretextos que muchas veces nos sirven, ya no funcionan con Cristo. Y esto es maravilloso, esto es maravilloso, porque entonces aparece el verdadero pecado del mundo y aparece la verdadera justicia del Cordero de Dios y aparece la verdadera condena. Ahí aparece lo que nosotros merecemos por nuestros pecados, esa realidad que se deja ver, esa realidad de nuestro pecado que se deja ver. Eso es lo que significa que el mundo ha quedado convicto. Eso es lo que quiere decir.
Y si el mundo ha quedado convicto, entonces ha aparecido la verdad nuestra. Y esa verdad es una verdad cargada de llagas. Como está cargado de llagas el Nazareno, esa verdad nuestra que ha aparecido ya, sin excusas, sin disculpas, es la que muestra lo que nosotros somos. Y cuando por fin aparece lo que nosotros somos con todas nuestras miserias, entonces aparece nuestra infinita necesidad de la Misericordia Divina. Y entonces se abren grietas, se abren brechas, se rompe el corazón y queda un espacio abundante para que entre la luz de Dios y para que esa luz de Dios haga su obra en nosotros.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|