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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El balance entre entusiasmo y realismo es una de las características de un verdadero apóstol.
Homilía p062009a, predicada en 20150512, con 4 min. y 56 seg. 
Transcripción:
La obra de la Evangelización es obra del amor de Dios, y uno desearía que esa obra fuera siempre recibida con alegría y con agradecimiento. Pero así como tenemos entusiasmo para predicar la Buena Noticia, debemos tener realismo. El balance entre entusiasmo y realismo es una de las características de un verdadero apóstol. Esto lo aprendemos especialmente en la primera lectura de hoy, que ha sido tomada del capítulo número dieciséis de los Hechos de los Apóstoles.
Ahí tenemos a dos grandes hombres, dos excelentes testigos de Cristo. El muy conocido apóstol San Pablo y su compañero de misión llamado Silas o también Silvano, Entusiastas, llenos de fuego, de amor de Dios, capaces de arriesgarlo todo por Cristo, pero también realistas. Realistas en el sentido de los obstáculos, de las dificultades que saben que se van a presentar. Y precisamente el pasaje de hoy nos habla de esa clase de dificultades. Cuando Pablo empieza a predicar lo que significa la redención en Cristo. Cuando Pablo empieza a predicar que Jesús es el Mesías, hay algunos que sienten amenazado su lugar dentro de la sociedad judía de aquella época. Porque resulta que aunque la fe judía mira hacia el Mesías, a veces uno se acostumbra tanto a esperar que ya ni siquiera anhela lo que estaba esperando.
Es como una persona que fuera a subirse a un avión, pero resulta que la sala de espera es tan supremamente cómoda que ya no le interesa viajar, ya quiere quedarse en la sala de espera. Sé que es un chiste, sé que es ridículo, pero eso fue lo que le pasó a los judíos y eso es lo que también nos puede pasar a nosotros. Lo que les sucedió a ellos es que se habían organizado aquellas comunidades judías en torno a las sinagogas y en torno a la sinagoga habían surgido una especie de clases sociales. De modo que había gente que tenía un gran prestigio. Tenía una gran importancia dentro de la sinagoga, dentro del régimen judío.
Cuando llega Pablo y está anunciando la salvación gratuita, el regalo del amor de Dios en Jesucristo, todos estos que ya tenían un cierto privilegio dentro de ese régimen de espera, pues empezaron a sentir que sus privilegios y su lugar en la sociedad caían y entonces se volvieron enemigos de Pablo porque se habían acostumbrado a esperar. Oye esa frase que es importante. La espera es importante, la esperanza es importante. Pero cuidado con acostumbrarse a esperar. Cuidado con acostumbrarnos demasiado a esta tierra. Cuidado con acostumbrarnos demasiado a lo que solamente tiene un valor temporal.
En realidad, todos nosotros estamos de viaje. En realidad, este planeta es nuestra sala de espera, y en realidad las cosas que tenemos son parte de esa sala de espera. Pero a veces nosotros nos acostumbramos tanto a la sala de espera que se nos olvida que hay un cielo que nos está aguardando. A veces nos acostumbramos tanto a la comodidad de nuestro sitio que se nos olvida que hay todo un mundo por evangelizar. Estos judíos se acostumbraron tantísimo a las condiciones en las que estaban viviendo, con su estratificación social y con sus privilegios de clase. Estaban tan acostumbrados a eso que cuando Dios llega a través del apóstol Pablo y les está diciendo Ustedes son salvos, se está cumpliendo la promesa.
Pues resulta que ellos no esperaban ya esa noticia. Se habían acostumbrado a esperar, que eso no te suceda a ti y que no me suceda a mí. No debemos acostumbrarnos a esperar. Hay que mantener tensa la espera. Hay que saber que estamos únicamente como pasajeros y hay que entender que el tiempo de nuestra espera es tiempo para gastarlo en lo único que vale la pena. Dar testimonio de aquel amor que renueva nuestro presente y que abre las puertas de un verdadero futuro. Eso es lo que nosotros anunciamos en Cristo. Eso fue lo que predicó Pablo. Pero por supuesto, eso tiene enemigos. Así que necesitamos entusiasmo sin perder ni una gota de realismo. Amén.

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