Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿En qué sentido nos podía convenir que Cristo se fuera para que el Espíritu Santo viniera?

Homilía p062006a, predicada en 20130507, con 4 min. y 41 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Reconozco que una de las frases que más me han impactado del Evangelio de San Juan es la que aparece precisamente en el pasaje de hoy. Capítulo número Dieciséis de este cuarto Evangelio es que dice San Juan o mejor, dice Jesús en el Evangelio de Juan: Os conviene que yo me vaya, si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. Cuando uno piensa en toda la bondad que hay en Cristo, cuando uno piensa en toda la sabiduría que hay en sus palabras, cuando uno piensa en toda la ternura y a la vez la fuerza de su Bendito y Sagrado Corazón, no puede sino sentir extrañeza de que Cristo se atreva a decir que a nosotros nos conviene.

Nos conviene que él se vaya. ¿Cómo puede convenirme quedarme sin Cristo? Ahora él da una explicación. Él dice: Si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito, y por eso la partida de Cristo, en sus mismas palabras, queda vinculada a la llegada del Espíritu. O dicho de otra forma, el misterio de la cruz queda vinculado al misterio de Pentecostés. O tal vez el misterio de la Ascensión queda vinculado al descenso, ascenso de Cristo, descenso del Espíritu. Y le explicaba Dios a Santa Catalina de Siena en una hermosa visión que cuando vino el Espíritu Santo no vino solo, sino que vino con el poder del Padre, con la sabiduría del Hijo y con el amor que es propio del mismo Espíritu. O sea que la llegada del Espíritu es también el retorno de la presencia plena de Cristo a nosotros. Hay varias explicaciones que se han ofrecido sobre esa frase tan misteriosa del Señor: Os conviene que yo me vaya.

Yo quiero recordar rápidamente tres de estas explicaciones, porque creo que no se contradice ni posiblemente las tres son ciertas. Primera, la partida de Cristo hace que nosotros podamos experimentar hasta el fondo nuestra condición de criaturas y de pecadores. Miremos en el relato mismo de la pasión cómo a través de todo ese proceso de ser apresado y de ser insultado y de ser azotado, los discípulos se quedaron sin Cristo y en ese momento, pues, vemos que fallan. Entonces, por ejemplo, Pedro lo niega tres veces. Esto quiere decir que sin Cristo, Pedro tiene que enfrentarse con toda su verdadera condición de ser humano limitado y necesitado. Y eso probablemente tiene que ver con esta frase del Señor. Cuando Él se va, cuando él tiene ese juego de amor que llamaba Santa Catalina, cuando Él se retira a nosotros, descubrimos muy, muy claramente nuestra condición de necesitados.

Una segunda interpretación es aquello de que, como dice la Carta a los Hebreos, solamente entrando en el santuario del cielo, Cristo podía ofrecer el verdadero sacrificio de propiciación. Porque el sacerdocio de Cristo es sacerdocio que se ofrece no en templo hecho por manos humanas, sino en el santuario celestial. Y en ese sentido, pues, era necesario que Él muriera para que entrara en ese santuario, y para que, ofreciendo el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, mereciera para nosotros ese don magnífico del Espíritu.

Y la tercera explicación es que, como ya comentamos, al venir el Espíritu vino también Cristo. Pero como el Espíritu viene a lo más íntimo de nuestro ser, nos damos cuenta que en el fondo salimos ganando. Porque tener a Cristo antes de la cruz era siempre tenerlo afuera. Si pudiéramos abrazarlo, era tenerlo afuera. En cambio, ahora, con el don del Espíritu, sí que se puede cumplir lo que dijo San Pablo: No vivo yo, es Cristo quien vive en mí.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM