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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nos convenía que Cristo se fuera para que viniera el Paráclito.
Homilía p062002a, predicada en 19980519, con 9 min. y 37 seg. 
Transcripción:
En estos días finales del tiempo pascual estamos meditando, estamos suplicando la llegada del Espíritu Santo y es muy interesante que la Iglesia para enseñarnos a rogar que venga el Espíritu, nos enseñe a meditar que Cristo se fue. Como enseñándonos a pedir al Espíritu Santo después de haber visto a Cristo partir. Y por eso en este tiempo pascual, tomamos estos textos de la cena de despedida de Jesús según el Evangelio de Juan. Me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta ¿A dónde vas? dice Jesús. En realidad, esa pregunta ya había aparecido en el Evangelio de Juan. Le habían preguntado a Jesús de dónde era y también le preguntan a dónde pensará ir este, porque Jesús dice: A donde yo voy, vosotros no podéis ir. Entonces le habían preguntado, se preguntaban ellos ¿Será que va a suicidarse? Dice Jesús: Ninguno de vosotros me pregunta a dónde vas, sino que por haberos dicho esto, la tristeza se ha llenado el corazón. Ahora él dice: ¿A dónde va? Él va al que le envió. ¿Qué quiere enseñarnos Jesús? Es una pregunta que tenemos que hacernos con frecuencia. ¿Qué quiere enseñarnos Jesús? Me voy al que me envió. Por haberos dicho esto os habéis llenado de tristeza y me preguntáis ¿A dónde voy? Es un modo raro de hablar. Pero tratemos con la ayuda del Espíritu Santo de avanzar un poco en la comprensión de esas palabras. Si nos reunimos aquí para comulgar con su Palabra, para comulgar de su cuerpo, con fe, recibamos esa enseñanza. Tal vez está un poco escondida, tal vez es una perla muy valiosa. Si él dice: ¿A dónde va? ¿Por qué quiere que le pregunten? Le pregunten ¿A dónde va? Si ya lo dijo. Esto es raro. Y segundo, por qué dice él: ¿Ninguno me pregunta a dónde va? sino que por haberos dicho esto se entristecido vuestro corazón. Les da la impresión de que Jesús esperaría que le preguntaran ¿A dónde va? y que así la tristeza no llegaría al corazón. Yo creo que eso es lo que quería Jesús. Si nosotros supiéramos a quién va Jesús, también entenderíamos que nosotros vamos con él. En otro lugar ha dicho: Salí del Padre y vino al mundo y vine al mundo, ahora dejo el mundo y voy al Padre. Pero el que vino solo no se va solo. El que se queda mirando de donde se fue Jesús, se entristece. El que medita a donde va Jesús se alegra. O sea que esta partida de Cristo, este mundo, puede ser causa de tristeza, de alegría, de tristeza, si me pongo a pensar de donde sea. Y esto es quedarse mirando la cruz. En su dolor y con todo lo que Cristo pierde. Pero a donde se va es mirar la gloria y es mirar a Jesús con todo lo que Jesús y nosotros con Jesús ganamos. Quedarse mirando de donde se fue Jesús; Es quedarse lamentando que este mundo no sea el lugar de nuestra dicha. Asomarse a donde Jesús es asomarse a la dicha mayor que este mundo que él nos prepara a nosotros. Me voy al que me envió. Y ninguno de vosotros me pregunta ¿A dónde vas? Ya comprendemos mejor por qué él no quería que estuviéramos tristes. No quería que estuviéramos tristes, porque si miramos a dónde va, entendemos que es el culmen de su misión y entendemos que nos vamos con él. Entendemos que la alegría de este mundo es pálida frente a la alegría que tendremos con la gloria que él ha merecido para nosotros. Esa parte ya la entendemos, pero nos falta entender la primera. Me voy al que me envió y ninguno de vosotros me pregunta ¿A dónde vas? Por qué Jesús quiere que nosotros le preguntemos ¿A dónde va? si ya lo está diciendo. Porque, supongamos en el terreno del movimiento físico, si uno dice, por ejemplo me voy a Chiquinquirá, pues pienso que es una ciudad conocida y muchos de nosotros ya sabemos ¿A dónde va? Pero si una persona dijera, si una persona dijera me voy para Singapur porque sabemos que Singapur, o tal vez sabemos que es una ciudad que está en Asia, ¿Pero qué te va a pasar allá? ¿Qué significa eso? Me voy al que me envió, dice Jesús. Y acaso sabemos ¿Quién me envió? Acaso conocemos ¿Qué significa eso? De que el reclamo de Cristo está haciendo en el fondo es eso, que para nosotros el Padre, el que envió a Jesús, es eso, ¿Nombres? Singapur. Sí. ¿Qué pasa en Singapur? Se dan solamente nombres del Padre, el Paráclito. Serán solamente nombres. A menos que le preguntemos a Jesús ¿Quién es el que te envió? Es decir, a menos que nosotros recorramos con Cristo el camino. ¿Quién es el que te envió? Me voy al que me envió. Los otros se quedan callados y tristes, callados y tristes porque se va de aquí sin pensar a dónde va y qué pasa con ella. Por eso Jesús, con suavidad, pero con claridad reclama Ustedes me preguntan ¿A dónde voy? Para ustedes el Padre solamente un nombre es solamente una palabra. Ustedes no conocen al Padre. Y como le había dicho Felipe el que me ve a mí, ve al Padre. Ustedes tampoco me conocen a mí. En realidad no han entendido lo que está diciendo Jesús. Es eso. En verdad ustedes no han entendido mi misión. Pero no se queda en eso. Dice: Les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. Y luego dice. Que ese Paráclito, en este mismo Capítulo dice: que ese Paráclito nos conducirá a la verdad completa. Ustedes no me conocen a mí, ustedes no conocen a mi Padre. Pero vendrá el Paráclito. Yo les voy a enviar al Espíritu para que así sepan quién soy Yo y para que conozcan al Padre. Y eso claro que les conviene a ustedes, porque tanto tiempo hace que estoy con ustedes y no me conocen y no conocen al Padre. No les interesa ¿A quién voy? para ustedes son hombres. A ustedes no les intereses en este mundo pobre, pequeño y frágil del cual yo me voy. Sí, claro que les convenía que se fuera Cristo, porque al derrumbarse la carne de Cristo en la cruz, al hundirse una vida inocente, inmaculada y bella como la de Jesús, la mentira del mundo se acaba y entendemos que nuestra vocación definitiva no se puede realizar en este mundo y en esta tierra y en estas condiciones. Claro que nos conviene, nos conviene a nosotros, es dolor para él, pero a nosotros nos conviene que Cristo se vaya para que envíe el Paráclito, para que el mundo sea juzgado, para que se proclame la gloria del Padre, para que nosotros tengamos la experiencia viva, la experiencia interior real, eso que dice el Apóstol San Juan, lo que vimos, lo que tocamos, lo que palpamos, para que tengamos la experiencia real, para que sepamos de quién se habla cuando se dice el Padre, el Padre de quien se habla. Ahora, si lo vamos a saber, porque el Espíritu que Cristo nos envía nos da el conocimiento de él mismo.

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