Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Espíritu nos libera de la verdad incompleta; por ejemplo de la soberbia de la muerte.

Homilía p061025a, predicada en 20260511, con 9 min. y 47 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, una de las palabras más incómodas en nuestro tiempo es la que aparece en el Evangelio de hoy. Me refiero a la palabra verdad. Podemos decir que nuestra época tiene mayormente alergia a la verdad. Porque detrás de la mentira se esconde la corrupción; ese es un motivo. Pero también hay alergia, la verdad, porque existe el temor de que afirmar la verdad siempre significa presentarse como superior a los demás. Así, por ejemplo, este famoso ateo de cultura británica. Richard Dawkins. Él dice que el mundo estaría mucho mejor si no hubiera religiones. Porque las religiones hablan de la verdad. Y como cada religión cree tener la verdad. Por eso se dan tantas peleas, tantas luchas. El mundo tiene alergia a la verdad.

Pero Cristo nos dice en el Evangelio. Que va a venir el Espíritu Santo y lo llama el Espíritu de la verdad. Y que ese Espíritu dará testimonio de Cristo y nos hará capaces de ser también nosotros testimonio. Qué clase de verdad es la que trae el espíritu. A veces utilizamos la verdad como una especie de arma para atacar al otro, y quizás con esa manera de actuar lo que hacemos es aumentar la alergia a la verdad que hay en nuestra época. ¿Cuál es la verdad que nos ha revelado Cristo? Que dice también que Él es el camino, la verdad y la vida. ¿Y cuál es la verdad que nos trae el Espíritu? Con la ayuda del mismo Espíritu, quisiera ofrecer una reflexión sobre eso. El problema de la verdad está en que a veces se oculta, pero un problema más grave es la verdad incompleta. La verdad que hace más daño es la verdad incompleta. Porque la verdad que se oculta de alguna manera puede vencerse con el conocimiento.

En cambio, la verdad a medias, la verdad incompleta, crea una falsa satisfacción que ya frena la búsqueda de la verdad completa. Veamos cómo funciona esto de la verdad incompleta. Pensemos en una persona que descubre sus muchos errores en la vida y entonces la persona afirma esto que es verdad yo soy un gran pecador. Eso es cierto y creo que muchos lo podríamos decir, pero esa no es toda la verdad. Eso es verdad; pero no es toda la verdad. Es verdad que tú eres un pecador, pero también es verdad que estás llamado a la conversión. También es verdad que hay un Dios misericordioso que te quiere perdonar. También es verdad que si todavía estás en esta tierra, hay una oportunidad de cambio. También es verdad que muchos grandes pecadores han cambiado de vida y han llegado a ser grandes, grandes santos, como San Pablo, como San Francisco de Asís, como San Agustín, como tantos otros.

Si yo me encierro solo en la verdad de que yo soy un pecador, soy un pecador, voy a terminar en la desesperación o voy a terminar en el cinismo. Te das cuenta el peligro de una verdad a medias, de una verdad incompleta. Pero ahora tomemos la otra parte, es decir, el complemento de esa verdad. Supongamos que yo digo Dios es misericordioso. ¿Eso es verdad? Por supuesto que es verdad. Pero si yo me quedo solo diciendo Dios es misericordioso, Dios es tan misericordioso, Dios es misericordia. Pero no muestro lo que tiene que cambiar en tu vida y en la mía. Entonces tal vez tú te puedes quedar con la falsa idea de que puedes seguir viviendo mal si es que estás viviendo mal. Ese es el problema de las verdades incompletas. Entonces, lo que nos trae el Espíritu Santo es una verdad plena, como lo dice Cristo en otro pasaje del mismo Evangelio de Juan. Dice que el Espíritu Santo nos llevará a la verdad completa para que no nos quedemos con verdades incompletas, porque el demonio es experto en utilizar verdades incompletas.

Le doy un ejemplo del demonio utilizando verdades incompletas. Tomemos el pasaje de las tentaciones de Cristo en el desierto. El demonio le dice a Jesucristo, llevándolo probablemente en el pensamiento al punto más alto del templo de Jerusalén. Le dice: Arrójate, porque dice la Escritura Ojo con eso. Le está citando la Biblia. Dice la Escritura a sus ángeles. Ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos, de modo que tu pie no tropiece en la piedra. Y eso es verdad. Y eso está ahí, en el Salmo noventa y uno. Eso es cierto. Pero esa no es toda la verdad. Cristo. Cristo rechaza esa tentación del demonio y le dice: Un momento la Escritura dice: No tentarás al Señor tu Dios. No me digas verdades incompletas. Decía una vez un profesor mío: El demonio sabe mucha Biblia.

No nos fiemos solamente de una verdad. Necesitamos la verdad completa. Esa es la que trae el Espíritu Santo. Por ejemplo, uno puede pensar en la tristeza de la muerte. De alguna manera, esa tristeza es la que nos reúne hoy. Y es verdad que la muerte es triste y las circunstancias que todos conocemos de estas muertes son especialmente tristes. Pero cuidado con quedarnos solo con esa afirmación. Cuidado con quedarnos solo con esa tristeza. Cuidado con quedarnos solo con esa parte. Hay una verdad más amplia. La muerte no es todo. La muerte no es la última palabra. Y quienes han muerto viviendo con amor sus deberes, manifestando la gloria de Cristo sirviendo a la Iglesia, son aquellos que cuando los matan se vuelven semilla. Así que no detengas la película en la muerte. La muerte es muy triste. Muy triste. Se los dice alguien que ha perdido, mucha gente amada.

La muerte es muy triste, pero no es toda la verdad. Y estamos aquí para decir juntos que la muerte es triste y por eso nos abrazamos y por eso lloramos. Pero la muerte no es toda la verdad. Y para conocer toda la verdad hay que recibir el Espíritu Santo y hay que contemplar a Cristo tan crucificado y tan resucitado. Que la gloria sea para Él y de Él Venga el Espíritu que nos hace tanta falta. Amén.

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