Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Espíritu Santo guía la misión, da las palabras al misionero, concede discernimiento y abre los corazones para que su mensaje transforme vidas.

Homilía p061023a, predicada en 20250526, con 5 min. y 1 seg.

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Transcripción:

De las cosas impresionantes que encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles, es decir, el libro que nos ha acompañado durante todo el Tiempo pascual. Es la manera como el Espíritu Santo dirige a los misioneros, inspira a los misioneros, les da palabras a los misioneros, defiende a los misioneros. Es decir, el Espíritu Santo es el gran protagonista de la misión. El Espíritu Santo es el que logra que la misión que Cristo encomendó a los apóstoles se pueda realizar.

Yo creo que el pasaje de la primera lectura de hoy ilustra muy, pero muy bien este punto, porque fíjate cómo llegaron Pablo y sus compañeros a la ciudad de Filipos, que es como la primera ciudad del continente europeo de lo que hoy es Europa. Donde Pablo tendrá oportunidad de fundar una comunidad. Por eso de ahí van a venir las cartas o la carta a los Filipenses. Acuérdate que en la Biblia tenemos carta del apóstol San Pablo a los Filipenses. Esa carta se dirige a la comunidad cuyo nacimiento estamos viendo en la primera lectura de hoy.

¿Cómo llegó Pablo allá? Pues fue una inspiración sobrenatural. En un sueño, Pablo vio a un hombre de esa región. Esa región se llama Macedonia. Hoy se conoce como Macedonia del Norte. Entonces Pablo vio que un hombre de esa región le suplicaba. Pasa a Macedonia y ayúdanos. Fue una inspiración de Dios. O sea, fue el Espíritu Santo el que abrió esa puerta. Y si tú miras en el libro de los Hechos de los Apóstoles, te das cuenta que el Espíritu Santo, así como abre unas puertas, también cierra otras puertas. Es decir, hay un momento en el que el Espíritu Santo dice Por aquí sí es. Y otro momento en que el Espíritu Santo dice por aquí no es. Y las dos cosas son importantes.

Ellos llegan ahí movidos por el Espíritu Santo. Y luego es el Espíritu Santo el que les da palabras a los misioneros. Esto concretamente lo encontrábamos ya en el testimonio de Esteban, el primer mártir de la Iglesia Católica. Aquel diácono que fue juzgado inicuamente y que fue condenado, según se cuenta, los comienzos del libro de los Hechos de los Apóstoles. Fue una cosa realmente espantosa. Y ahí, en ese pasaje, en ese episodio de la muerte de Esteban, se habla de cómo el Espíritu era el que le daba el discurso, le daba las palabras a Esteban.

Entonces, fíjate, el Espíritu Santo es el que le da la dirección a los misioneros. Y el Espíritu Santo es el que luego les da a los misioneros esa Palabra, la Palabra que puede tocar el corazón. La Palabra que puede llegar, ilustrar, transformar, pero no para ahí la obra del Espíritu. Luego es el Espíritu el que les da el discernimiento a los misioneros.

Por eso nos encontramos en la primera lectura de hoy que Pablo se dio cuenta de la fe que estaba brotando en esta bendita mujer llamada Lidia, que va a ser un instrumento precioso del mismo Espíritu para que se reúna la primera comunidad cristiana allá en Filipos. O sea que el Espíritu da la dirección de la misión, da las palabras a los misioneros, da el discernimiento y como dice la primera lectura de hoy, es el mismo Espíritu el que abre los corazones para que la palabra del misionero, que también es una palabra inspirada por el Espíritu, pueda hacer su obra, pueda llegar a ese corazón, a esos corazones, y pueda transformarlos.

Por eso, si le fuéramos a dar un título a esta pequeña reflexión, tal vez podríamos llamar el Espíritu Santo es el protagonista de la misión. Y solamente con la obra y con el poder del Espíritu Santo nosotros podemos responder al Señor y podemos cumplir su mandato. Ese mandato que nos dio de llevar la Buena Noticia hasta los confines de la tierra. Todo esto y lo que seguiremos escuchando estos días ¿es para qué? Todo esto es para que nos llenemos de amor por el Espíritu, para que invoquemos su presencia y para que confiemos en la manera como Él nos va guiando. Porque es el Espíritu que le da una ruta a la Santa Iglesia. Que Dios te bendiga.

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