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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos el testimonio interior del Santo Espíritu, Él es el único que nos puede hacer crecer genuinamente en la fe, en la esperanza y en el amor.
Homilía p061021a, predicada en 20240506, con 6 min. y 44 seg. 
Transcripción:
El Espíritu que da testimonio de Cristo. Esa es la maravillosa noticia que nos trae el Evangelio de hoy. Y son palabras de fiar, porque son palabras del mismo Señor Jesucristo. Hablemos de eso y que el Espíritu Santo me ilumine y nos acompañe en estos breves minutos. Hablemos del testimonio interior del Espíritu. La palabra testimonio es una palabra que yo quiero mucho, porque yo he visto lo que hacen los testimonios. Un testimonio es una voz que brota de una historia y que te está contando la verdad de lo que sucedió en una historia, en una persona. Y por eso los testimonios son irreemplazables. Decía el apóstol San Pedro, Cristo resucitó y se apareció no a todo el pueblo, sino a nosotros, los testigos escogidos de antemano por Él. Es decir que el Testigo es aquel que puede dar fe. El testigo es aquel que puede comunicar fe, que puede sembrar fe.
Dar testimonio sea con la vida o también con las palabras, dar testimonio significa que te encuentras con una persona que es capaz de decirte yo sé que es así, yo sé que es verdad. No es una fantasía, no es una mentira, no es una exageración. Es verdad. Los testimonios que más nos impactan indudablemente son los que tienen que ver con conversiones.
Muchas veces en retiros espirituales hay esas secciones de testimonios y tal vez tú eres una persona que ha dado testimonio así. Y en esos testimonios es impresionante escuchar cómo una persona cambió su vida, o mejor dicho, Dios le cambió la vida. Yo era ingrato, arrogante, drogadicto, mujeriego, despreciaba a mi familia, pero Dios hizo una obra en mí. Soy un hombre nuevo. Hermanos, quiero dar testimonio de eso. Esas son palabras que yo he escuchado. Son palabras que yo he escuchado en retiros espirituales. Y eso tiene mucha fuerza, porque siempre el que escucha el testimonio puede hacer este sencillo razonamiento. Si Dios lo hizo con ese hombre, si Dios lo hizo con esa mujer, Dios lo puede hacer también conmigo. Eso es muy potente. Dios lo puede hacer también conmigo.
Pero todos estos testimonios de los que te he hablado son lo que podríamos llamar testimonios externos. El testimonio externo es el de ese hombre, el de esa mujer, el de ese muchacho que cuenta seguramente con una profunda emoción. Cuenta Dios existe. Yo me lo encontré. Como es el título de un libro, precisamente de testimonio. Ese es un testimonio externo.
Ahora piensa una cosa el Espíritu Santo nos da testimonio interno. De eso es de lo que habla el Evangelio de hoy. Y el testimonio interno es como una especie de certeza, es una enseñanza, una sabiduría, una convicción, una fuerza que obra en ti. Que obra en ti, que te hace distinto. Te voy a dar dos, tres ejemplos de ese testimonio interior.
Hay personas que no logran perdonarse, cosas que han hecho en la vida. Es algo muy doloroso. Por ejemplo, personas que han cometido abortos, personas que perdieron su familia por sus vicios y no logran perdonarse el daño que causaron y la oportunidad que perdieron. Y es hermoso ver como algunas de estas personas en un momento dado tienen una certeza tan grande del poder de Dios y del perdón de Dios, que la persona llega a perdonarse. Porque a veces es más fácil creer que Dios me perdona que perdonarme yo mismo. Pero a veces es tan fuerte el testimonio interior del Espíritu que la persona llega a perdonarse. Es algo precioso. Es algo muy lindo porque la convicción no viene de un razonamiento. La convicción no viene de lo que otros me digan. Es algo que brota como de lo más profundo de mi ser. Es testimonio interior del Espíritu.
El otro ejemplo que quiero dar. Es con la Eucaristía, especialmente con la Adoración Eucarística, aquello de tener delante el Santísimo Sacramento y en ocasiones como que no solo no entender nada, sino tampoco sentir nada. Incluso sentir, estoy aquí como perdiendo el tiempo. Bueno, eso es lo que tú pensabas. Pero ahora mira esto. Viene, ese testimonio interior. Y es como si una voz de increíble suavidad te estuviera asegurando en lo más profundo de tu ser. Sin la menor sombra de duda. Él está. Él está. Él es. Él está. Él está. Él es. Es el Hijo de Dios. Está ahí presente. Está ahí, ahí. Hermanos, pidamos este testimonio interior del Espíritu. Es el único que genuinamente nos puede hacer crecer en la fe y en la esperanza y en el amor. ¡Oh, sí! Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Amén.

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