Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Testimonio exterior e interior para que sucedan las conversiones

Homilía p061017a, predicada en 20200518, con 17 min. y 19 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos. Este es un buen día para recordar un dato fundamental de la propagación de la fe. Es lo que llamamos la predicación exterior y la predicación interior. Felizmente, tanto en la primera lectura como en el Evangelio, aparece esta realidad. ¿De qué estamos hablando? Observemos en el Evangelio dice Jesús el Espíritu de la verdad dará testimonio de mí, y también vosotros daréis testimonio. Entonces son dos los que dan testimonio. Los discípulos dan testimonio, y el Espíritu da testimonio. Los discípulos dan testimonio a través de su propia vida y a través de su Palabra y el Espíritu da testimonio.

Si nos remitimos a los Hechos de los Apóstoles. El Espíritu da testimonio en la medida en que suceden prodigios y maravillas que solo el Espíritu Santo puede hacer. Y además, en la medida en que el Espíritu interiormente nos persuade, nos convence interiormente. Entonces son dos las obras de los discípulos, y son dos las obras del Espíritu. Las dos obras de los discípulos son llevar una vida que sea ejemplar y atractiva. Esa es una. Y tener una palabra que sea verdadera y oportuna sobre Cristo, claro. Ese es el testimonio de los discípulos. Aquí lo representó con esta mano y con esta mano representó el testimonio del Espíritu, que consiste también en dos cosas primero, en que hay obras y prodigios que realiza el Espíritu. Eso lo vimos en el caso de Felipe, eso lo vimos en el caso de Pablo, eso lo vimos en el caso de Pedro, es decir, obras maravillosas que realiza el Espíritu. Esa es una parte.

Pero la otra parte, que es todavía más importante, es la convicción interior, el susurro interior, la voz interior. Por eso muchos benditos autores, muchos santos de nuestra Iglesia, nos han hablado del Espíritu Santo como Maestro interior, Maestro que nos enseña interiormente. ¿Ya te lo aprendiste? Dos son los testimonios de los discípulos, dos son los testimonios del Espíritu. Los dos testimonios de los discípulos son una vida ejemplar y atractiva, y unas palabras verdaderas y oportunas. Los dos testimonios del espíritu son obras prodigiosas, benditas, que hablan de la presencia de Dios y persuasión interior.

Si nosotros vamos a la primera lectura de hoy, tomada de los Hechos de los Apóstoles, vemos en acción esto que acabamos de decir. Observemos cómo Lucas, de una manera narrativa, nos sitúa en una escena acontecida en la hermosa población de Filipos. Esto es, en Macedonia. Hoy ese lugar se llama Macedonia del Norte. El nombre oficial que tiene ese país, porque hay una región del país, Grecia, que se llama Macedonia. Entonces ya ves que es un poco complicada y han tenido ahí sus tensiones. Pero el hecho es que aquí estamos hablando de lo que hoy se llama Macedonia del Norte y que tiene una ciudad llamada Filipos.

Filipos es el nombre precisamente de uno de los reyes más famosos de la región de Macedonia. Ese rey se llamaba así Filipos. Pero es más conocido por su hijo, conocido como Alejandro el Grande, Alejandro Magno. Entonces, en la ciudad de Filipos llegan Pablo y sus compañeros, entre los cuales estaba el mismo Lucas. Por lo que oímos en el texto de hoy, que todo el tiempo habla en primera persona plural, zarpamos de Troas rumbo a Samotracia. Salimos para Neápolis. Nos detuvimos unos días, salimos de la ciudad. Se ve que Lucas estaba ahí. Pero lo que quiero destacar es la manera como Lucas describe la llegada del Evangelio a la ciudad de Filipos.

¿Cuál fue la conexión? La conexión se dio a través de una mujer. Dios la bendiga. De nombre Lidia. Esta mujer era vendedora de púrpura, una sustancia sumamente apreciada en la antigüedad y sumamente costosa. Esta mujer, Lidia, entra en conversación con Pablo. Y volvamos a escuchar una partecita de la primera lectura de hoy. Dice aquí. Trabamos conversación con las mujeres que habían acudido. Una de ellas que se llamaba Lidia, natural de Tiatira, vendedora de púrpura que adoraba al Dios verdadero.

Vamos a explicar esa frase. Estaba escuchando. ¿a quien escuchaba? Pues a ellos, principalmente a Pablo. Estaba oyendo a los discípulos. Y fíjate lo que sigue. Estaba escuchando, el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo. Sí, ves como hay una parte exterior, que es la conversación que tienen todos, especialmente Pablo, y hay una parte interior que es la acción del Espíritu descrita aquí. Por medio de estas palabras, el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo.

Entonces hay testimonio exterior, que en ese caso es la manera correcta, ejemplar, humilde, como llegan los discípulos, entre ellos Pablo y el testimonio exterior ¿qué más es? el lenguaje cierto, verdadero, oportuno de Pablo. Esa es la parte exterior. Pero esa parte exterior nada logra sin la parte interior. Lla parte interior ¿cuál es? El Señor le abrió el corazón a Lidia para que aceptara lo que decía Pablo. Y quedó tan convencida esta mujer que dijo aquí hay que bautizarse. Se ve que era una mujer que tenía su temperamento fuerte, parece que pesaba bastante su palabra en su casa y se bautizó ella con toda su familia.

Yo me puedo imaginar a Lidia como algunas damas y señoras que yo he conocido. ¡Bueno aquí todos a bautizarse! ¡Llegó, llegó el Mesías a nuestra vida!. A ver, tú también a bautizarte. Mamá, no quiero. No, pero espérate, oye lo que está diciendo Pablo, hijo, que te conviene, hombre, que te conviene. ¡Vamos a bautizarse, a bautizarse todo!. Y se bautizaron todos.

Vamos a hacer aquí un pequeño paréntesis, porque resulta que este acontecimiento fue la fundación de la primera comunidad cristiana que Pablo hizo en el nombre de Cristo, en lo que hoy es Europa. Así llegó el Evangelio a Europa, por lo menos a través de Pablo, porque sabemos que el Evangelio llegó a Europa por distintos caminos. Hay semillas del Evangelio que llegan a través del apóstol Santiago desde los primeros años allá en España. Hay origen también de una comunidad cristiana en Roma que no tenemos claro de dónde salió. Y tenemos esta otra comunidad que es la llegada del Evangelio a través de Pablo.

Entonces aprendamos un par de cosas y luego volvemos a nuestro tema principal, que es el del testimonio exterior y el testimonio interior. Hay tres cosillas que quiero destacar de cómo empieza esta comunidad cristiana.

Primera, no se nos olvide que esta es la comunidad que nace en Filipos. ¿Te suena de algo esa palabra Filipos? Esa palabra está indicando el origen de la comunidad de los Filipenses. ¿Has visto que en la Biblia, esta carta del apóstol San Pablo a los Filipenses? Bueno, esa comunidad fue la que surgió de esta conversación.

Segundo, interesante darnos cuenta el papel que tiene la mujer, interesantísimo. En unas lecturas que tuvimos hace unos días. Tal vez fue la semana pasada o incluso antes. Se hablaba de mujeres distinguidas que hicieron echar a Pablo de las poblaciones de Listra, Derbe, Iconio. Donde más maltrataron a Pablo fue en la ciudad de Listra, y ahí tuvieron que ver mujeres, mujeres que se consideraban de alta clase social. Muchas de ellas judías de nacimiento y que no entendían ese desorden de Pablo. ¡Quiten a ese tipo de en medio!. Poder de la mujer. La mujer tiene grandísimo poder y aquí Lidia tiene tanto poder que fíjate cómo terminó el pasaje de hoy. Y nos obligó a aceptarlo. O sea, no solo movió a persuasión. Fíjate que no dije obligó. No solo movió con su persuasión para que se le bautizara a toda la familia. Sino que lo obligó a los evangelizadores, Pablo y compañeros, ustedes se me quedan aquí en mi casa. No Lidia, que estamos viendo... ¡que se quedan aquí en la casa, dije! La mujer tiene su propio poder.

Esto lo destaco porque vivimos en un mundo en el que siempre se quiere presentar a la mujer como débil y como víctima. Eso supuestamente para defenderla, pero en realidad es un insulto a la capacidad de la mujer. La mujer tiene grandísimas capacidades y mujeres como Lidia lo muestran. Aunque por supuesto reina entre todas y bendita entre todas es María Santísima. Que incluso le sacó un milagro a Cristo antes de que fuera la hora, según las palabras del mismo Cristo. Ese es el poder de la mujer. Entonces, a mí no me vengan con historias de que todas las mujeres son víctimas. Por supuesto que hay mucha crueldad y mucha violencia contra la mujer. Pero decir que la mujer es siempre víctima es insultar a la mujer.

Y en tercer lugar, quiero destacar el hecho de que esta comunidad cristiana de Filipos nació en una casa. Por supuesto, ustedes se dan cuenta del paralelo que eso tiene con lo que estamos viviendo. ¡En una casa!, ¡en una casa!. Entonces las casas, nuestras casas, nuestros hogares, son lugares donde nace sin cesar la Iglesia. Está muy bien que el templo hay que buscar que se reabra lo antes posible. Amén. Y ustedes saben que hemos ofrecido varias Misas exclusivamente con esa intención. ¿Estamos todos de acuerdo? Sí, que se reabran los templos, que se restaure plenamente el culto público. Amén. ¿De acuerdo, todos? Sí. Pero no se nos olvide que la fuerza de la fe tiene que empezar en la casa. Es ahí donde tiene que empezar. Porque ya pueden estar abiertas todas las iglesias. Y no es verdad, o me van a contradecir ustedes, y no es verdad que en muchos países están abiertas las iglesias y solo llegan los pensionados. Lo cual es bendito, claro. Llegan los de la tercera y cuarta edad, lo cual es bendito. Pero sería también bendito que llegaran otros. ¿Y dónde están los otros? ¿Por qué no llegan los otros? Entonces, qué te quiero decir con eso. Que el primer lugar donde tiene que nacer la fe es en la casa. Es ahí donde tiene que nacer.

Cerremos aquí el paréntesis que habíamos abierto. El paréntesis tenía tres puntos. Primero, que estos son los orígenes de la comunidad de Filipos, o sea, los filipenses. Segundo, que nos demos cuenta del poder de la mujer y que estar presentando a todas horas a las mujeres como víctimas en realidad es un desprecio, un insulto a la mujer. Y tercero, que la fe empieza en la casa y que si estamos en tiempos duros de pandemia, esto también nos invita a reflexionar si nuestras casas tienen con qué. Porque en la Biblia el primer catequista en la Biblia siempre es el papá, siempre. Y es el papá el que da el ejemplo. Un ejemplo sereno, amoroso, alegre de lo que significa creer. Eso no se puede perder. Eso Dios no lo ha cambiado. Bueno, cerramos ese paréntesis y volvemos a nuestro tema principal.

El tema principal es que hay que dar testimonio exterior. Pero ¿qué es el testimonio interior del Espíritu? El que completa la obra. Ya hubiera podido Pablo pasarse días y días conversando con esas señoras. Y eso no necesariamente produce fruto. El fruto se produce cuando sucede lo que nos dijo el texto. ¿Y qué fue lo que sucedió? El Señor le abrió el corazón a Lidia para que aceptara lo que decía Pablo. O sea que de aquí tenemos que sacar una decisión práctica y con esa terminamos.

Sí, Métodos de evangelización. Vamos a utilizar las redes sociales, vamos a prepararnos en oratoria. Hay que hacer estudios, grados y posgrados de filosofía, teología, pastoral, educación, todo lo que tú quieras. Pero todo eso se quedará corto y será inútil y será inútil si falta esto, este toque del Espíritu. ¿Y cómo se logra ese toque del Espíritu? Ese toque del Espíritu es del Espíritu, no es nuestro, pero nosotros podemos pedirlo. Lo que es regalo podemos pedirlo. Es Cristo mismo el que nos anima. Cristo dice ¿Quién de entre vosotros si el Hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide pescado, le dará una serpiente. Si, pues, vosotros que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cómo no dará el Padre Celestial el Espíritu Santo a los que se lo piden?.

Entonces tenemos que pedir esa gracia del Espíritu. Si notas a tus hijos muy rebeldes, no pienses que es simplemente obra de astucia humana, de inteligencia humana o de estrategia humana. Es necesario hacer una oración. Y esa oración tiene que ser Señor, ábrele el corazón a mi Hijo. Pero aquí voy a hacer una última anotación para que se abra el corazón. Muchas veces tiene que producirse una herida. Me duele decirlo, pero es verdad. En otra predicación de esta misma serie comentábamos sobre eso.

Sobre cómo Cristo en la cruz revienta nuestro corazón de arrepentimiento y de confusión. Cuando uno de verdad contempla a Cristo crucificado, uno siente el impacto. Hemos dicho tantas veces Cristo en la cruz es un misil de amor que impacta el corazón y lo rompe. Pero por esa brecha entre el Espíritu. Entonces, cuando nosotros le pedimos a Dios Señor, que este hijo o que este amigo, Señor, que mi sobrina Señor, que mi amiga te reciba. Ten en cuenta una cosa, a veces la única manera para que se abra ese corazón es que tenga alguna herida.

Por eso una de las peticiones que yo llamo súplicas extremas que tienen que hacer algunos papás es Señor, lo que tengas que hacer, pero que mi hijo se encuentre contigo. Esa es una oración extrema, pero a veces hay que hacerla. Señor, lo que tengas que hacer, pero que mi papá se encuentre contigo, si no, no va a cambiar nunca, lo que tengas que hacer pero que este esposo, esta esposa, este amigo, esta amiga se encuentre contigo. Y pedir al mismo tiempo don del Espíritu Santo para esa persona y para nosotros. Porque en la confluencia de ese testimonio exterior que empieza por nuestro testimonio de vida y nuestras palabras verdaderas y oportunas, y luego el testimonio interior que da el Espíritu, ahí es donde suceden las conversiones. Y eso es lo que vamos a pedir. En el nombre de Jesús, Amén.

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