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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El testimonio del Espíritu Santo nos confirma en la verdad, sucede solemnemente en cada corazón, públicamente para toda la Iglesia e irreversiblemente para todos los siglos.

Homilía p061013a, predicada en 20180507, con 5 min. y 9 seg.

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Transcripción:

Nos vamos acercando al final del Evangelio de Juan y nos vamos acercando también al final del tiempo pascual. El Evangelio de Juan da mucha importancia a las palabras de Cristo después de la última Cena. Prácticamente los capítulos trece al diecisiete. Esos son cinco capítulos completos. Contienen palabras, confidencias, revelaciones del Corazón de Cristo para sus discípulos, para sus apóstoles. Estas palabras quedaron grabadas en el evangelista Juan que nos las concede, nos las regala en su Evangelio. ¿Y qué aparece en el texto de hoy? Aparece una invitación a descubrir, empezar a descubrir las riquezas de la acción del Espíritu Santo en nosotros. De eso se trata.

Sobre todo hay una frase que yo creo que hay que destacar el Espíritu Santo dice Cristo: dará testimonio de mí. Quiero detenerme en esa expresión, porque esa frase nos dice mucho sobre la relación entre Cristo y el Espíritu Santo. El Espíritu Santo dará testimonio de mí. Ante todo, ¿qué significa dar testimonio? Por supuesto, es afirmar solemne y públicamente que algo que nosotros conocemos sobre una persona es verdad. Yo sé que eso es cierto. Por ejemplo, dar un testimonio de acusación, es decir, yo sé que esa persona es culpable. Me consta que es culpable. Dar un testimonio de inocencia será lo contrario. Yo sé que esa persona no tiene relación con ese crimen. Entonces es una afirmación solemne, pública, irreversible es otro dato importante. No se supone que si una persona dice hoy estoy seguro de que es culpable, después diga mañana. No, yo creo que estoy seguro de que es inocente. O tal vez culpable, o tal vez inocente. Eso no sería un testimonio.

El testimonio es una afirmación solemne, pública, irreversible, que tiene que ver con una persona, con lo que una persona es o ha hecho. Bueno, si tomamos esa definición, que creo que captura bastante, de qué estamos hablando, entonces podemos preguntarnos ¿qué significa que el Espíritu Santo dé testimonio de Cristo? Quiere decir que este Espíritu nos muestra, nos enseña, nos confirma de una manera solemne, pública e irreversible, confirma la verdad sobre Cristo. Y esto ¿cómo lo experimentamos nosotros, nosotros los cristianos? ¿Cómo lo vivimos? De varias maneras. Piensa, por ejemplo, en los sacramentos, en la celebración de los sacramentos. Típicamente tenemos en la Eucaristía, tenemos al sacerdote que está presidiendo o el obispo que está presidiendo la Eucaristía, está la Asamblea. Este es el Cuerpo de Cristo, esto es el Cuerpo de Cristo, dice el sacerdote. Esta es la sangre de Cristo, se levantan las especies consagradas. El celebrante principal, el presidente, hace una genuflexión, gesto de adoración. La asamblea permanece de rodillas, es decir, todos están reconociendo de una manera pública, están reconociendo que ahí está el Señor.

Pero ninguno de nosotros en esa Eucaristía está viendo directamente con sus ojos el cuerpo de Cristo. Más bien, lo que aparece ante nuestros ojos es pan, pan normal y natural. Eso es lo que aparece. Y sin embargo, afirmamos: Es el cuerpo de Cristo. Entonces hay una verdad en la que todos como Iglesia somos confirmados, una verdad que sucede solemnemente dentro de nuestros corazones, públicamente para toda la iglesia, irreversiblemente para todos los siglos. Esas son las dimensiones del testimonio del Espíritu. Repito, es un testimonio solemne en el corazón de cada uno de nosotros. Es una verdad profunda de la que uno no puede negarse, a la que uno no puede negarse.

Es un testimonio público que está en el corazón de la Iglesia, que es reconocido y proclamado por la Iglesia y es un testimonio. Es una palabra irreversible porque es para todos los siglos. No es que antes sí y ahora no. No, no se trata de eso. Demos gracias a Dios. Demos gracias a Dios por la acción del Espíritu y en lo que queda de este tiempo pascual, dispongamonos de la mejor manera para acoger de un modo renovado la acción del Espíritu Santo en Pentecostés.

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