|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Espíritu Santo busca llegar a lo profundo de nuestros corazones, iluminar nuestra inteligencia y mover nuestra voluntad de forma amorosa y potente hacia Cristo.
Homilía p061010a, predicada en 20160502, con 4 min. y 20 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del Evangelio según San Juan. Seguramente hemos notado que durante estos días los pasajes del Evangelio han sido tomados de este evangelio, muy particularmente de la conversación que tiene Cristo con sus discípulos después de la última Cena. Esas palabras de Cristo son como el testimonio que Él nos deja, y en ellas hay no solamente profunda sabiduría, sino también muy grandes promesas. Y entre todas esas promesas destaca ciertamente la donación del Espíritu Santo, la efusión del Espíritu. Esto es lo que destaca en todo ese pasaje. Estamos hablando de los capítulos catorce, quince y dieciséis del Evangelio según San Juan. Hoy, por ejemplo, nos dice nuestro Señor Jesucristo que el Espíritu Santo. Ese Espíritu que viene precisamente como fruto de la Pasión de Cristo, como fruto más precioso de su oración en favor de nosotros viene esa efusión del Espíritu y nos dice algo muy bello Jesús es Espíritu, da testimonio de mí. El Espíritu da testimonio de Cristo. Podemos decir en ese sentido que el Espíritu es como un predicador, lo mismo que un predicador le presta su voz a Dios para anunciar las maravillas de Cristo. Así también el Espíritu Santo es como un predicador, con la diferencia de que este predicador no actúa afuera en los oídos de nuestro cuerpo, sino que este predicador busca llegar a lo profundo de nuestros corazones. El Espíritu Santo da testimonio, pero da testimonio interior. Su acción es algo así como la iluminación de nuestra inteligencia para que veamos la profunda belleza y la razón que supera toda razón en aquello que se nos dice sobre Cristo. Y todavía es más impactante esta acción del Espíritu Santo cuando pensamos que Él mueve nuestra voluntad como aquel que da un consejo, como aquel que con amor regala una sugerencia, un susurro y ese susurro profundo, delicado, amoroso pero a la vez potentísimo del Espíritu, es el que nos conduce hacia Cristo, nos impele hacia Cristo, hace que nosotros sintamos que nuestra mejor decisión, nuestra opción fundamental, tiene que ser la persona de Jesucristo. Eso es lo que hace el Espíritu en nosotros. Y por eso hemos de clamar por ese don del Espíritu, porque sin esa acción nosotros siempre nos quedaremos mirando lo extraño, lo exótico, lo contradictorio, lo difícil del cristianismo. Yo creo que eso no se puede. Yo creo que eso es muy difícil. Me dicen que debo permanecer fiel a mi esposa, me parece muy difícil. Me dicen que tengo que confesarme, me parece difícil. Me dicen que hay que amar a los enemigos, me parece imposible. Me dicen que hay grandes milagros en la iglesia. Yo como que no me creo eso. Es decir, sin la acción del Espíritu, todos estos rasgos que son rasgos definitivos de nuestra fe cristiana, se convierten simplemente en enigma, un enigma que no terminamos de descifrar. Una, podríamos decir una especie de rompecabezas que no llega a tocar lo profundo de nuestro corazón, sino que se queda simplemente en cuestionamiento en nuestra mente. Por eso necesitamos que haya esa acción del Espíritu, y por eso tenemos que disponernos para vivir un Pentecostés con toda la fuerza, para que Dios ilumine nuestra inteligencia y para que Dios persuada en amor en nuestro corazón.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|