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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Sucede la evangelización cuando hay sintonía entre la predicación exterior (del apóstol) y la predicación interior (del Espíritu Santo).
Homilía p061009a, predicada en 20150511, con 4 min. y 41 seg. 
Transcripción:
La primera lectura del día de hoy está tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles. Encontramos al apóstol San Pablo en un momento muy importante de su recorrido misionero. Es su entrada en Europa. El Evangelio llegó a Europa a través de Macedonia, a través, concretamente de una ciudad llamada Filipos. Precisamente de esa región de Macedonia. Era un rey que se llamó Filipo y que fue el Papá de Alejandro Magno. Como muchos de esos hombres de la antigüedad, él quiso que hubiera una ciudad que llevará su nombre. Fue su manera de buscar la inmortalidad. Esa ciudad de Filipos fue el sitio a donde llegó el apóstol Pablo y empezó a compartir con algunas personas, concretamente con algunas señoras, algunas mujeres judías que se reunían. Y la predicación de Pablo fue acompañada por la acción del Espíritu, y de esa manera surgió la primera comunidad cristiana en Europa. Esto fue en Macedonia. Lo que quiero destacar, porque va a ser muy útil a nosotros , es cómo la predicación exterior tiene que ir unida con la predicación interior y las dos son necesarias. En el plan de Dios, las dos cosas son necesarias, porque nosotros como seres humanos, también tenemos una dimensión exterior. Tenemos ojos que ven, oídos que oyen, tenemos una piel que siente. Nos gusta dar y recibir abrazos, seguramente tenemos un cuerpo, pero también tenemos una inteligencia, tenemos una memoria, tenemos una mente. Hay una realidad en nosotros que está más allá de lo simplemente material. Somos al mismo tiempo cuerpo y espíritu, y por eso la evangelización también tiene que ser cuerpo y espíritu. También tiene que ser real, como como todo trabajo, como toda empresa o empeño humano, la evangelización también tiene que ser así, concreta y real. Eso significa que se necesitan recursos, tecnología, medios misioneros. Se necesitan cámaras, micrófonos, canales, grabaciones. Se necesitan libros, altavoces. Todo eso tiene que ver con nuestro cuerpo. Pero lo más importante, el paso decisivo, es el que va a ser el Espíritu Santo adentro de nosotros. O sea que realmente las conversiones suceden cuando las dos voces, la voz exterior del apóstol y la voz interior del Espíritu trabajan a la vez. Observemos lo que dice el texto de hoy. Dice que la gente se convirtió. Pero la razón por la que se convirtieron fue porque el Espíritu Santo les abrió el entendimiento, les abrió el corazón. Entonces, la enseñanza para nosotros es si queremos apoyar la evangelización, necesitamos gente concreta, necesitamos misioneros que gasten su tiempo, que sean capaces de sacrificarse, que sean capaces de viajar. Necesitamos gente que apoye económicamente, que apoye las obras, que apoye el trabajo de la expansión del Evangelio. Pero sobre todo necesitamos oración, porque será el Espíritu el único que pueda darle ese toque final. Es el Espíritu, el único que puede llegar al corazón para que el corazón se abra. Y cuando el corazón se abre y recibe la noticia del amor, entonces la voz del apóstol se vuelve realmente eficaz. Sin esa acción del Espíritu, sin esa súplica perseverante, sin esa insistencia en el clamor para que haya conversiones, probablemente la voz del misionero va a quedar solamente como el retumbar de una campana que pronto se extingue. Así que necesitamos las dos cosas rodillas que se doblen para pedir la intervención de Dios, pero al mismo tiempo gente generosa, bolsillos que aporten tecnología, que se ponga en juego para que la buena noticia llegue a todos los corazones. Es la gran lección que nos deja el texto de los Hechos de los Apóstoles en este día. Que Dios te bendiga.

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