Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La sola autenticidad no basta: es preciso buscar con amor la verdad.

Homilía p061007a, predicada en 20130506, con 7 min. y 10 seg.

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Transcripción:

Hermanos, vivimos en un tiempo que valora con bastante fuerza la autenticidad. Que aquello de lo que yo estoy convencido sea también lo que yo manifiesto. Que mis pensamientos y sentimientos coincidan con mis palabras y mis acciones. La autenticidad es una gran cosa, pero el evangelio de hoy nos ayuda a ver que no es toda la historia. Una persona puede estar sinceramente convencida y sin embargo, perfectamente equivocada. Obsérvese la frase que dice Jesús: Llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Hay algo que es más grande que la autenticidad y es la verdad. No se trata únicamente de ser coherentes entre lo que pensamos y lo que hacemos. Se trata también sin quitar la coherencia. Se trata de preguntarnos hasta el fondo si aquello que pensamos o que deseamos es verdadero, es cierto.

Y nos enseña también el Evangelio de hoy que ese conocimiento primero que sirve de cimiento a todos los demás conocimientos, es en últimas, el conocimiento del Padre Dios y de su Hijo Jesucristo. Y es el conocimiento que solamente puede dar el Espíritu Santo el que da testimonio interior. Por eso también nos va a decir en el capítulo diecisiete de ese mismo Evangelio de San Juan, nos va a decir: Esta es la vida eterna conocer al Padre y a su Hijo Jesucristo. Para llegar a ese conocimiento hay unos servidores que son los apóstoles y sus sucesores, que tienen también que dar testimonio. Eso también lo dice el Evangelio de hoy. Dice que el Espíritu Santo dará testimonio. Pero agrega también vosotros daréis testimonio.

Entonces, a través del testimonio creíble de los apóstoles y a través de la acción interna del Espíritu, esa verdad primera, esa verdad de Dios que ilumina y despeja la conciencia, llega a los corazones de manera que las personas no sean simplemente auténticas, sino que sean también verdaderas. Es importante, yo creo, relacionar esto con algunas ideas que se difunden en nuestra época. Por ejemplo, la idea de que si yo me muestro como soy, entonces ya está todo lo que se puede exigir de mí. O la idea de que una Iglesia que no logra alcanzar su ideal, pero que lo sigue sosteniendo, debe ser calificada como simplemente hipócrita.

Detengámonos por un instante en estas dos ideas que son, en el fondo, la consecuencia de quedarse solo con la autenticidad y no llegar hasta la verdad. La persona que dice; yo soy así y yo me muestro como soy. Considera que ya no se le puede exigir más. La expresión típica, pues, está en esto que se suele decir, se suele repetir en nuestro tiempo. La persona que por ejemplo salió del clóset ya me muestro como soy y esto es lo que yo soy y ya, por consiguiente no se me puede exigir más. No estoy fingiendo una cosa distinta. Lo que yo soy, eso es lo que yo muestro y así, por consiguiente, tiene que aceptarme la sociedad y así, por consiguiente, tiene que aceptarse este modo de vida, porque yo me muestro como soy. Pero la pregunta anterior y eso que usted es y que usted muestra cómo corresponde con el bien propio de la sociedad y con el futuro de la misma sociedad. Esa pregunta se omite también para nosotros.

Yo creo que eso es importante, nosotros que estamos en formación. A veces se cree que simplemente mostrar uno lo que piensa o lo que quiere es suficiente. Pero la espontaneidad no es garantía de verdad. Y luego está el tema del ataque más o menos frecuente a la Iglesia, calificándola de hipócrita. Yo no sé si ustedes han hecho el ejercicio hermenéutico de ver qué se le pide a la Iglesia cuando se le califica de hipócrita. Mi propio análisis a lo que ha llegado es a esto que se le critica la hipocresía a la Iglesia. Por esta razón, porque ella sigue sosteniendo un bien que es mayor que ella misma, un bien que ella misma no alcanza. Y entonces parece que la solución para la hipocresía sería decir renunciemos a ese bien, olvidémonos de ese bien y admitamos que todos somos unos mediocres. Es decir, entronicemos el cinismo.

Es muy importante, yo creo, porque estas discusiones están en nuestro tiempo. Es importante que nos preparemos en esta clase de lectura y esta clase de hermenéutica. Cuando la próxima vez alguien vuelva a decir o escribir cerca de nosotros sobre la hipocresía de la iglesia, por favor, estar atentos. ¿Qué es lo que la persona está pretendiendo? Ustedes notarán que lo que se está pretendiendo es una iglesia que sea auténtica entre comillas, pero que tal autenticidad significa simplemente una resignación y un retroceder frente al ideal que el Espíritu le propone a la misma Iglesia, que no es otro que el ideal de la santidad. A mí por lo menos, me parece de sorprendente actualidad este texto del final del capítulo quince de San Juan y le pido al Señor que lo siga iluminando en nuestros corazones, porque es muy propio de nuestra vocación y nuestra vida de predicadores.

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