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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Qué es dar testimonio? Es un proceso que nace cuando primero recibimos el testimonio interior y fortísimo del Espíritu Santo.

Homilía p061006a, predicada en 20130506, con 4 min. y 48 seg.

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Transcripción:

La palabra que se destaca particularmente en la primera lectura de hoy, tomada del capítulo quince del Evangelio según San Juan, es la palabra testimonio. Dice Jesús: que el Espíritu Santo de Dios va a dar testimonio de él. Y dice: Ustedes también van a dar testimonio. ¿Qué es dar testimonio? ¿Qué quiere decir eso? Pues la palabra testimonio tenemos que relacionarla con la palabra testigo. Y podemos decir que hay dos maneras de ser testigo. El testigo que está ahí, en el momento en el que suceden las cosas, es el testigo en voz pasiva, es decir, el testigo que recibe el acontecimiento, lo presencia y lo recibe. Ese es testigo. Por ejemplo, hubo un accidente. Se llama a los testigos, es decir, ¿quiénes estuvieron ahí y quiénes pudieron darse cuenta de qué fue lo que pasó? Esto es lo que podemos llamar testigo en voz pasiva. Pero luego existe el testigo en voz activa, aquél que se ha dado cuenta cómo fueron las cosas.

Es quien puede dar testimonio de qué fue lo que sucedió. Entonces, una vez que llaman a esa persona que vio el accidente. Una vez que la llaman, por ejemplo, a la corte, la persona da testimonio. Esta vez no está recibiendo, no está percibiendo o presenciando algo, sino que está hablando, está contando. Entonces nosotros estamos llamados a ser testigos en esos dos sentidos. Nosotros tenemos que recibir el saludable impacto del Evangelio de Jesucristo y es ahí donde entra el Espíritu Santo. Es el Espíritu el que adentro de nosotros, que significa en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestras convicciones. Ahí el Espíritu Santo hace su obra preciosa para que nosotros podamos recibir testimonio, podamos darnos cuenta de la verdad del Evangelio. Se trata finalmente de que se cumpla en nosotros lo que dice aquel salmo: Gustad, gustad de saborear, no saboread, gustad y veréis cuán suave, cuán dulce es el Señor. Entonces hay que tener la experiencia de gustar, hay que tener la experiencia de saborear la dulzura del Señor.

Y eso es lo que nos da el Espíritu Santo movido por ese testimonio. El cristiano se convierte en testigo, en voz activa. Es entonces capaz de contar a otros, como dice aquella canción que recuerdo desde mi juventud. Y aunque todos me digan que eso no es verdad, yo lo siento en mi vida. Ese es el testigo. El testigo está convencido porque. Porque lo ha experimentado. Porque, como decían los antiguos monjes contemplativos, ha padecido a Dios en el sentido no de que Dios cause un dolor ni algo malo, sino más bien en el sentido de que el peso bendito de Dios ha llegado a ese corazón y se ha experimentado, se ha impuesto. Esa es la raíz hebrea para la palabra gloria, aquello que se impone kavod, aquello que se impone. Dios se ha impuesto con su Majestad. Es imponente y se ha impuesto en nuestra vida.

Y aunque el mundo se burle de nosotros, y aunque encontremos el hielo de la indiferencia, o aunque encontremos el dolor de la persecución, es imposible negar aquello que hemos presenciado. Como decían los apóstoles. No podemos negar. No lo podemos negar, que ese don del Espíritu ya está cerca. Pentecostés. Que ese don del Espíritu venga a nosotros para que seamos testigos en el pleno sentido de la Palabra, verdaderos discípulos y verdaderos evangelizadores.

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