|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Espíritu Santo nos envía hacia Jesucristo, dándonos fuerza para perseverar en medio de las dificultades, amándolo con la mas profundo y tierno de nuestra devoción
Homilía p061004a, predicada en 20100510, con 16 min. y 53 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, quedémonos con dos palabras del Evangelio de hoy: la palabra testimonio y la palabra hora. Vosotros daréis testimonio, dice Jesús. Pero antes ha dicho que el Paráclito dará testimonio. Dar testimonio en la Biblia es hablar poniéndose de parte de alguien. Eso es dar testimonio. Y cuando se dice que el Espíritu Santo da testimonio de Cristo, lo que nos está diciendo es que la inspiración del Espíritu nos persuade, nos atrae suavemente, amorosamente y firmemente hacia Jesús. El Espíritu se convierte entonces en testigo de Cristo, testigo a favor de Cristo. El Espíritu interiormente nos mueve, nos persuade, nos convence de la verdad de Cristo. Donde mejor se ve esta obra del Espíritu Santo es en los santos. Porque si han sido santos, es precisamente por este Espíritu. Pensemos en el caso de un mártir. Qué perspectiva tan horrible la que le toca ver a uno de estos hombres o mujeres cuando llega la hora de su muerte. Imaginémonos a esos cristianos que eran arrojados a las fieras en el circo romano. ¿Qué podía pensar humanamente una de esas personas? ¿Cuál es el sentido de esta locura? Imaginémonos el dolor, el terror. Cómo serían esas últimas horas antes de morir. Y había un camino muy fácil para escaparse de ese sufrimiento, sencillamente renegar de su fe cristiana. Reconocer a los dioses paganos y salirse de ese tormento y de esa locura. ¿Quién los mantuvo firmes dando testimonio de Cristo y encontrando un significado en medio de toda esa tragedia demencial? El Espíritu Santo de Dios. El Espíritu Santo los persuadía interiormente como diciéndoles; vale la pena. Está muy bien que lo hagas dándoles la fuerza interior para que ellos con valor salieran a enfrentarse a la muchedumbre embravecida y a estas fieras sin alma. El Espíritu interiormente les daba esa fuerza. Tienes que perseverar en este momento. Y les daba esa luz y les daba esa gracia. Ese es el testimonio interior del Espíritu. Un ejemplo mucho más sencillo, mucho más casero. En esta capilla se adora la presencia eucarística de nuestro Señor. De hecho, al final de la misa vamos a exponer el Santísimo Sacramento. Qué hacemos nosotros, cristianos católicos cuando se expone el Santísimo. Nos arrodillamos con fervor. Hay muchos cantos en honor de Cristo Eucarístico. Por ejemplo, hay uno que dice: Oh, buen Jesús, yo creo firmemente que por mi bien estás en el altar. Pero lo que ven los ojos es otra cosa. Y ahí es donde se les acaba la fe a los protestantes. Ellos lo único que ven es un pedazo de pan. No reconocen a Cristo, no lo adoran. Entonces, cuando uno de ustedes se arrodilla y con fervor reconoce a Cristo, y a veces con lágrimas en los ojos, le da gracias por el milagro de su presencia. ¿Quién es el que te está convenciendo, que si es verdad que ahí está Jesús? El Espíritu Santo de Dios, el Espíritu Santo está obrando en ti, está moviendo tu entendimiento para que reconozca el poder de la Palabra de Cristo que dijo: Esto es mi cuerpo, y por eso tú no dudas, sino que adoras el Espíritu Santo de Dios está moviendo también tu voluntad para que no solo reconozcas a Cristo, sino que te rindas ante Él con todo tu ser, para que le ames con lo más profundo y tierno de tu devoción. Eso es lo que nos ha dicho Cristo hoy. Que el Espíritu Santo da testimonio de Él. La segunda palabra hoy es la palabra hora. Jesús dice: Os he hablado de esto para que cuando llegue la hora os acordéis de que yo os lo había dicho. Resulta que en el Evangelio de San Juan muchas palabras tienen un sentido más denso, más profundo de lo que suelen tener en el lenguaje común. Por ejemplo, San Juan utiliza la palabra luz. Y llega a decirnos que Jesús es la luz. Yo soy la luz del mundo, o la palabra camino o la Palabra pastor. San Juan utiliza las palabras de un modo muy especial, de un modo muy preciso. Y en ese sentido. San Juan requiere como un diccionario especial o por lo menos requiere que uno le preste mayor atención al discurso, porque esas palabras son como señales de una revelación más profunda de lo que parece. Eso sucede con la palabra hora. Si recordamos el Evangelio según San Juan, ya en el capítulo segundo, utiliza la palabra ahora en la escena de las bodas de Caná. Cuando la Santísima Virgen invita a Cristo su Hijo, a que haga algo por los invitados que están en una situación vergonzosa, porque se les ha acabado el vino. Entonces Jesús responde: No ha llegado mi hora. Y luego Jesús, en el Evangelio de Juan, menciona algunas veces que va a llegar su hora. Y luego hacia el final hay un momento en el que dice, por ejemplo, cuando ya lo están atrapando en el Jardín de Getsemaní y dice: Esta es vuestra hora. Y antes había dicho: Llega la hora. O mejor dicho: ya ha llegado en que el Hijo del Hombre y sigue su discurso. Entonces la palabra hora tiene un significado mucho más profundo. La hora en el Evangelio de Juan es el tiempo de Dios, es el tiempo para que brille la obra de Dios. Eso es lo que significa, digamos, en un lenguaje sencillo, lo que significa la palabra hora en San Juan. no es un espacio de sesenta minutos, ni tampoco es un tiempo indeterminado, como decir cualquier tiempo. La hora en el lenguaje de San Juan es el tiempo de Dios, el tiempo en que Dios se manifiesta como Dios. Por eso, cuando llega la hora es especialmente cuando llega la tribulación, la persecución y la cruz. Porque en la cruz según San Juan, y por supuesto que así es, va a brillar la gloria de Dios. Entonces, la llegada de la hora es la llegada de la gloria, es la llegada de la manifestación de Dios, pero manifestación de Dios en batalla, en conflicto y en victoria. Llega el momento duro. Llega el momento cruel y ese momento es momento de victoria. Esa es la hora de Dios. Jesús dice al final del Evangelio de hoy; os he hablado de esto para que cuando llegue la hora os acordéis de que yo os lo había dicho. Y entonces uno dice ¿A qué se refiere con esa hora? Pues se refiere a su propia pasión. Ese es un primer significado, Porque la pasión es la hora de Jesús. Es el momento en el que Dios tiene que manifestar su gloria a través del sufrimiento, a través del dolor, la cruz, la muerte y la resurrección. O sea que esta hora se puede referir a la hora de Cristo. Y efectivamente, en esa Pasión del Señor se cumplió lo que dijo aquí. ¡Cómo maltrataron a los discípulos! Pero antes ha dicho esto llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y entonces aquí aprendemos algo muy importante que así como existe la hora de Jesús, que fue su pasión y que fue su muerte. También existe la hora para cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros tiene su propia hora. Es decir, cada uno de nosotros también tiene que afrontar momentos y a veces son muy fuertes en que la fe es exigida al máximo, momentos en que la persecución arrecia, momentos en que la tribulación quiere, como asfixiarlo a uno. Y en esos momentos, cuando llegue ese tiempo, cuando llegue esa hora, uno tiene que acordarse. Jesús me dijo que iba a llegar este tiempo y ese acordarse de las palabras de Cristo es para que nuestra fe no tambalee. Jesús dice: Os he hablado de esto para que no tambalee vuestra fe. Cuando llega el momento duro de la persecución de las malas noticias, cuando llega el momento duro de la tentación que parece insalvable, cuando llega el momento de la enfermedad terminal, cuando llega el momento que puede ser también la hora de nuestra muerte, como decimos en el Ave María. En ese momento la gente se agarra la cabeza y dice: ¿Pero cómo así? ¿Pero cómo me va a pasar esto? ¿Pero por qué nos llegó esto? Pero, Pero ¿por qué? Pero.¿ Dónde está Dios? En vez de utilizar ese lenguaje, uno lo que tiene que hacer es acordarse de Jesús y decir verdad. Verdad Jesús me dijo que iba a llegar esta hora y en ese momento mantenerse firme en la fe, porque así como la hora de Cristo condujo hacia la resurrección, la luz y la gloria, también es ahora esa hora difícil, esa mala hora tiene que producir fruto de vida eterna en nosotros, y el Espíritu Santo estará ahí en la mala hora. Estará ahí, sobre todo si lo invocamos. El Espíritu Santo estará ahí dando testimonio y diciéndonos: No te desesperes, serénate, serénate, recuerda que Jesús ya te lo había dicho: Mantente firme, entra en la batalla y arrebata la victoria.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|