|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Espíritu Santo nos enamora de Jesucristo y nos permite recibir y dar testimonio de Él.
Homilía p061003a, predicada en 20020506, con 7 min. y 24 seg. 
Transcripción:
Muy queridos amigos, toda la administración de la justicia requiere de testigos y requiere de testimonios. Todo proceso, especialmente todo proceso administrativo o penal, requiere precisamente de testigos. Incluso los mismos documentos se puede decir que son testigos. La Biblia también nos habla de testigos y nos habla de testimonios. Y esas dos palabras son muy importantes, especialmente en el Nuevo Testamento. La palabra testigo, como ustedes saben mejor que yo, tiene dos sentidos. Hay un testigo que lo podemos llamar testigo en voz pasiva. Es el que es testigo de un hecho. Y luego está el testigo en voz activa, que es el que da testimonio de un hecho. Por ejemplo, sucede un accidente. Una persona vio lo que había sucedido. Es un testigo en voz pasiva, porque él se dio cuenta de lo que había sucedido. Luego se le llama porque hay implicaciones penales o lo que sea. Se le llama a una fiscalía y él dice yo viví ahí, es testigo en voz activa. Eso lo podemos aplicar a la Sagrada Escritura. El testimonio en voz pasiva es el testimonio que nosotros recibimos, nosotros antes de dar testimonio a otras personas. Eso será testimonio activo. Antes de ser testigos en voz activa, tenemos que recibir el testimonio. Después de que hemos recibido el testimonio. Nosotros podemos dar el testimonio. Esta es otra manera de decir lo mismo. El que recibe el testimonio es testigo en voz pasiva. El que luego da el testimonio es testigo en voz activa. Y lo que el Señor Jesús nos está diciendo en este capítulo quince del Evangelio de Juan es que el Espíritu Santo, cuya fiesta ya está muy próxima, porque ya Pentecostés se está acercando. El Espíritu Santo nos ayuda para las dos cosas. El Espíritu Santo viene a nosotros y nos hace testigos de lo que Dios hace, de lo que Dios puede, de lo que Dios sabe. Por eso dice Jesús: el Espíritu de la verdad que procede del Padre dará testimonio de mí. Y también había dicho: Yo os lo enviaré desde el Padre. Cuando viene el Espíritu Santo, el Espíritu da testimonio de Cristo, es decir, nos convence, produce en nosotros la certeza de la obra de Cristo. Ahí somos testigos en voz pasiva. Pero dice Jesús, también vosotros debéis dar testimonio. Ese es el testigo en voz activa y ahí está el Espíritu Santo obrando en nosotros. ¿Qué le podemos pedir a Dios con esta lectura? Pues tenemos que pedirle que nos convenza de Cristo. Que venga el Espíritu de Dios a dar testimonio de Cristo. Porque cuando uno está convencido, uno convence. El Espíritu Santo viene a convencernos, viene a fascinarnos, viene a enamorarnos del Señor Jesucristo, de su misterio, de su amor, de su sabiduría, de su riqueza. Y así, convencidos, nosotros, poco a poco vamos dando testimonio. Una última palabra sobre eso de dar testimonio. Cuando el sacerdote está predicando, uno dice Bueno, a él le queda fácil. Al fin y al cabo, en la homilía el sacerdote tiene que predicar. Él da testimonio a través de su predicación. Pero es que el testimonio es de muchas maneras. El testimonio es, por ejemplo, el modo como nosotros vivimos lo que nosotros aceptamos o no aceptamos. Si a mí me proponen un negocio ilícito, una trampa, un engaño, una mentira, y yo me niego y la gente sabe que yo no lo voy a hacer porque yo tengo unos principios. Ahí estoy dando un testimonio, estoy defendiendo la convicción, la certeza que yo tengo en el corazón. Cuando yo veo una persona que está triste, un compañero de trabajo, está triste, está deprimido y yo no me encierro en mí mismo, sino que me acerco a él, saco cinco minutos para preguntarle: Oiga hermano, hoy lo he visto como decaído. ¿Algún problema? Cuente conmigo si le puedo servir en algo. Ahí le estoy abriendo un espacio de amor a mi compañero de trabajo. Y él que sabe que yo soy un cristiano católico convencido, encuentra ahí un testimonio. Cuando usted estuvo en una celebración muy bonita, por ejemplo, en la Semana Santa, y usted le cuenta a sus amigos o le cuenta a sus vecinos: Oiga, sabe que estuve en una misa y me pareció tan especial. ¿En una qué? En una misa. ¿Ah, es que usted va a misa? Pues sí. Yo voy a misa casi todas las semanas. Voy a misa siempre que puedo, voy a misa. Con eso tan sencillo. Usted está dando un testimonio. Usted no se está avergonzando de Jesucristo. Cuando sucede un hecho, como por ejemplo en este caso la partida de nuestro hermano José Abel. Y nos reunimos aquí porque alguien invitó, porque alguien convocó y nos reunimos para adorar a Jesucristo, para pedirle por el eterno descanso de José Abel, para dar testimonio de nuestra fe. Esto también es dar testimonio. De manera que dar testimonio no es únicamente la religiosa o únicamente el sacerdote. Cada uno de nosotros, si verdaderamente está enamorado de Jesús, si verdaderamente conoce al Señor Jesucristo, cada uno de nosotros va encontrando la manera de dar testimonio. Siempre doy un ejemplo. Es lo mismo que pasa con la persona que está demasiado enamorada. Inmediatamente uno habla con esa persona y a la tercera o cuarta frase ya está hablando de su amorcito. Y su amorcito, y es que es tan lindo o es que es tan linda? Es que esos ojitos. Y se puede estar hablando del de del problema del petróleo en Nepal y el hombre halla la manera de torcer la conversación para hablar de su amorcito, porque es lo que lleva en el corazón y por las caras que veo aquí, como que hay algunos que andan enamorados. De manera que esa es la obra del Espíritu. El Espíritu Santo viene a nosotros para que nosotros nos fascinemos de Cristo, nos enamoremos de Cristo y podamos ser testigos primero que reciben y luego que dan testimonio del Señor Jesús.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|