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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Agradecer a Dios el recorrido que hizo el Evangelio para llegar hasta nosotros.
Homilía p061002a, predicada en 19970505, con 4 min. y 11 seg. 
Transcripción:
Por supuesto, tanto de los Hechos de los Apóstoles es de lo más significativo y hermoso que encontramos en este libro. Se refiere precisamente al momento en el que el Evangelio llega a Europa. Filipos es la primera ciudad de Europa que fue evangelizada y es significativo que lo haya sido a través de la mujer, a través de las mujeres. Jesús confió la noticia de la resurrección en primer lugar a unas mujeres y la acogida que ellos que ellas vieron a esta palabra fue la que puso en movimiento los apóstoles, que por sí mismos no podían sino lamentar la pérdida y el fracaso al que se veían abocados por la cruz de Cristo. Pues bien, así como fueron mujeres las primeras que anunciaron el evangelio en esta tierra, también fueron mujeres las primeras que acogieron la Palabra de Dios en Europa. Concretamente, se recuerda el nombre de esta señora Lidia, que adoraba al Dios verdadero y que acogió la palabra de Pablo, que se bautizó con toda su familia. Esta es una segunda razón por la que es tan importante este texto. El sentido de la palabra familia en los antiguos romanos y griegos era todavía más amplio de lo que es ya en nuestros días. Nosotros, cuando decimos familia, nos referimos, desde luego, al papá, a la mamá y a los hermanos. Los romanos y los griegos, cuando decían familia, incluyen no solo a estas personas, sino a todos los que vivían en la misma casa, hasta llamar familia, por ejemplo, a toda la servidumbre o los esclavos. En lo que llamaríamos hoy empleados o trabajadores que tuvieran todo eso, era su familia. Por eso, cuando se dice aquí que Lidia se bautizó con toda su familia, hemos de suponer que realmente ese bautismo, es el sacramento del bautismo, lo recibieron todos los que pertenecían a la casa de Dios. Este es un texto importante para descubrir la praxis de los medios Iglesia sobre el bautismo y especialmente el bautismo de niños. Podemos suponer efectivamente, en este y en otros textos como los que van a aparecer en esta semana en los Hechos de los Apóstoles, que había niños en esa familia y que esos niños fueron bautizados. De la misma manera que nosotros no le preguntamos a un niño bueno si quiere hablar en griego, en latín, en español, en francés, y decimos bueno, entonces no le hablemos en nada para esperar que a los quince años escoja qué lengua es la que quiere hablar. Así tampoco en las familias se comunica una fe o no se comunica otra. El niño griego acompañaba al Papa a ofrecer los sacrificios a los ídolos. El niño romano acompañaba y presenciaba los sacrificios idolátricos. El niño cristiano desde el principio, descubre que hay un amor grande. Recibe el bautismo de ese texto. Entonces que hemos escuchado, es también importante en esa persona, por esa razón. Le llega al alma esta Palabra de Dios, porque nos permite seguir como el camino del Evangelio. Las grandes estaciones ¿cuáles han sido? Primero Jerusalén, luego Samaría, luego Antioquía, luego el Asia Menor, en todas esas comunidades que se hacen en Listra, Iconio, etcétera Y luego un salto más a Filipos. El siguiente salto definitivo será al centro del Imperio Romano, a Roma misma, para desde ahí difundirse por todo el Mediterráneo. Bien pronto, entre esos creyentes que acogieron el Evangelio predicado desde Roma, habrá españoles, las colonias cristianas de las más antiguas colonias españolas y desde España a nuestra tierra. Es hermoso mirar en la mente de una que otra vez ese recorrido del Evangelio y agradecer a Dios que haya recorrido tantos kilómetros, tantos siglos y tantas culturas hasta llegar a nosotros.

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