Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Conoce más de la fe y más de Cristo para darte cuenta que solo dependes de Él, para poder decir: ?Sin Jesús no soy nada, sin Jesús no puedo hacer nada?.

Homilía p053016a, predicada en 20250521, con 5 min. y 49 seg.

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Transcripción:

Creo que una de las palabras que más ama nuestro tiempo es la palabra independencia, ser independiente. Por ejemplo, aquellos que están entrando por el camino de las nuevas formas de comunicación, se llaman a sí mismos nómadas digitales. El nómada digital no tiene propiamente una empresa, o usualmente no la tiene o es su propio jefe. Se instala donde quiere, vive donde quiere, cobra dinero en la moneda que quiere. Esa independencia es casi sinónimo de éxito en nuestro tiempo, lograr la independencia es también el ideal de muchas personas, desde el punto de vista físico, desde el punto de vista afectivo, desde el punto de vista sexual, a veces se presenta como una especie de victoria el no amarrarse a las demás personas, el estar dispuesto a soltar.

Fíjate cuántas veces escuchamos en nuestro tiempo el famoso verbo soltar. Hay que soltar y ¿soltar a quién? Pues soltar a la gente tóxica. Yo creo que cuando se empezó a hablar de gente tóxica había elementos bien interesantes y bien necesarios en ese lenguaje. Pero yo creo que hoy se está utilizando la palabra tóxico, simplemente para aquello que no entra dentro de mis esquemas, lo que no coincide con mis intereses, lo que desafía mis gustos. Entonces, qué fácil es trazar una X y decir tóxico es tóxico, ella es tóxica, y empezar a soltar y empezar a descartar. Como ya decía el Papa Francisco, que Dios tenga en su gloria, estamos en la sociedad del descarte, no me sirve, lo descarto, lo suelto. ¿Por qué? Porque yo soy independiente, porque yo tengo mi propio camino, porque yo tengo mi propio interés. Entonces, como yo tengo mi camino, como yo tengo mi interés, lo que no coincida conmigo, que se vaya, corto con todo, yo estoy en mi proyecto, yo soy independiente.

Pues el evangelio de hoy, tomado del capítulo 15 de San Juan, va exactamente en contravía de eso, porque Cristo se atreve a decir palabras como éstas: «Yo soy la vid y ustedes son las ramas, ustedes son los sarmientos». Y hay una cosa muy interesante, si tú conoces un poco cómo es la vid, es una planta muy particular. Si tú miras uno de los sarmientos, que yo he llamado aquí ramas, no es lo mismo que una rama en otros árboles o en otras plantas. Por ejemplo, pensemos en un cedro, por decir algo, una acacia. Si tú miras un cedro, hay una gran diferencia entre una rama y el tronco. El tronco, por ejemplo, no tiene hojas, el tronco tiene simplemente ramas.

Si tú miras una vid, te das cuenta que la planta misma y las ramas de la planta son como indistinguibles. O para decirlo de otra manera, el sarmiento parece vid y yo creo que por eso Cristo toma esa comparación que es tan preciosa, porque a veces uno puede creer que uno tiene la fuerza necesaria para ser como Cristo, es decir, para ser independiente como Cristo, para ser, qué sé yo, feliz y pacífico como Cristo, compasivo como Cristo. Pero Cristo nos dice, no te confundas, no te confundas, que tú no eres la vid, tú eres un sarmiento. Y aunque el sarmiento parece que fuera vid, tú no eres la vid, tú dependes de mí. Si tú te desconectas de mí, no vas a dar fruto, porque la manera de dar fruto es estar unido a mí. Esa es la única manera de dar fruto.

Y uno se queda absolutamente asombrado de estas palabras de Cristo, uno se queda completamente asombrado porque uno dice: Oye, pues no lo había visto así. Y, sobre todo, en nuestro tiempo, repito, el tiempo que ama la autonomía, que ama la independencia, que ama el: yo no dependo de nadie, el: yo soy mi propio jefe. Que en nuestro tiempo uno tenga la valentía de decir: Es que yo soy de Jesús, fíjate, por ejemplo, cómo María Santísima dice: «Idou he doule Kyriou», «Aquí está la esclava del Señor». O mira lo que dice, por ejemplo, el apóstol San Pablo. San Pablo dice: «Yo soy el esclavo de Cristo». Se presenta abierta, descaradamente como esclavo, así como el esclavo no va a ser nada que vaya en contra del amo, nada que desagrade al amo, pues así está diciendo San Pablo, San Pablo está diciendo: Yo soy esclavo de Cristo, punto, yo soy dependiente.

Hay muchas cosas, reconozcamos que uno tiene que aprender a ser independiente, no estamos diciendo aquí que todos estemos en una especie de dependencia infantiloide. No, pero qué hermoso que un hombre con las capacidades y el valor de Pablo pueda decir: Yo soy dependiente, yo dependo de Cristo. Oye eso: yo dependo de Cristo. Y yo te invito a que lo repitas después de mí: Yo dependo de Cristo, Yo dependo de Cristo, sin Él no soy nada, sin Él no puedo hacer nada. Esas palabras inmediatamente suenan exageradas, suenan fanáticas, suenan de manipulación, lavado de cerebro. Conoce más la fe y, sobre todo, conoce más a Cristo y te darás cuenta que lo más bello que puedes decir es: Yo dependo de Él. Él es mi Señor. Alabado sea Jesucristo. Amén.

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