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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Si estamos unidos a Jesús los cristianos seremos lo más alto, guía y criterio para la sociedad; pero si nos separamos de Él seremos lo más bajo, lo que es tratado como basura.
Homilía p053013a, predicada en 20210505, con 5 min. y 35 seg. 
Transcripción:
El domingo pasado ya aparecía el tema de la viña, Jesucristo como aquella vid verdadera de la cual nosotros somos ramas o sarmientos. Hoy nuevamente tenemos este precioso tema y quiero destacar una frase que nos dice nuestro Señor, dice Él: «La rama que no da fruto la arrojan fuera, no sirve sino para quemarla, no sirve para nada más». Esa frase de Cristo a mí, por lo menos, me hace recordar lo que también dice el Señor en el Sermón de la Montaña del Evangelio según San Mateo. Porque en esa parte nos dice Cristo: «Si la sal se vuelve insípida, si la sal se vuelve sosa, ¿para qué sirve? Solamente para que la arrojen fuera y para que la pisotee la gente». Una rama desconectada de Cristo, sal que pierde su sabor, solo sirven para ser arrojados afuera con desprecio.
¿A qué nos está llamando Cristo con estas palabras, con estas imágenes? ¿A qué nos está llamando Cristo? Piénsalo un momento, ¿a qué te está llamando Cristo, a ti? Si tú tomas estas palabras, ¿cuál es el llamado que te hace el Señor con ellas? A mí, por lo menos, me hace ver que cuando nosotros nos apartamos del Señor y perdemos nuestro sabor, nos convertimos en desprecio, no nos queda otro destino, sino el desprecio. Pero hay este detalle, el mismo Cristo nos había dicho: «No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de una montaña», de tal modo que si nosotros somos de Cristo, estamos llamados a brillar y a brillar muy alto. Pero si nos apartamos de Cristo, estamos llamados a ser despreciados como lo más bajo.
Lo que quiero decir, que el Espíritu Santo me ayude a expresarme, lo que quiero decir es que nuestra vida cristiana, nuestra Iglesia católica, nuestros sacerdotes, en fin, todo lo que hable de la presencia de Cristo, todo será o lo más alto o lo más bajo. En el mundo, nosotros los cristianos, seremos o lo más alto, guía y manantial de bondad y criterio de verdad para la sociedad, o seremos lo más bajo, lo que es tratado, porque así se lo merece, como pura basura. Y ¿de qué depende que nosotros seamos lo más alto o, alternativamente, lo peor y lo más bajo? Depende de una sola cosa, de si estamos o no estamos unidos a Jesucristo.
Cuando la Iglesia pierde a Cristo, deja de ser lo más alto y pasa a ser lo más ridículo, lo más despreciable, lo más abominable. Se nota especialmente en el caso de nosotros, los sacerdotes, que estamos llamados, precisamente, a manifestar la presencia de Cristo de un modo muy, muy particular. El sacerdote unido a Cristo, realmente se convierte en una fuerza, en una luz, en una esperanza. El sacerdote sin Cristo es un hombre egoísta, corrupto, abominable. Es dramática la decisión, es dramática la escogencia, y yo creo que hoy el Evangelio nos invita a tomar una resolución. Quiero ser en Cristo luz que brille o me arriesgaré tontamente, estúpidamente, fuera de Cristo, a convertirme en ridícula caricatura y en desprecio de todo el pueblo. Buen tema de reflexión.

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