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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Es verdadera la vida que da buen fruto; lo demás es engaño y apariencia.
Homilía p053005a, predicada en 20140521, con 5 min. y 13 seg. 
Transcripción:
Dice Nuestro Señor Jesucristo al comienzo del capítulo 15 de San Juan: «Yo soy la verdadera vid». Meditemos juntos, hermanos, sobre estas palabras tan breves, pero tan elocuentes de nuestro Salvador: «Yo soy la verdadera vid». Creo que nos llama la atención, en primer lugar, el adjetivo, no dice simplemente: «Yo soy la vid», al introducir esta especie de parábola, el adjetivo va por delante: «Yo soy la verdadera vid». De inmediato uno nota el contraste, si hay una vid que es verdadera, será porque hay otras que son falsas. Y vamos a aprender mucho, creo yo, si nos preguntamos cuáles son las vides falsas, y vamos a aprender mucho para valorar, agradecer y aprovechar los bienes que nos ofrece este que se llamó a sí mismo la vid verdadera.
¿En dónde puede estar la falsedad de una planta? Bueno, es que en la vid solo hay una cosa que interesa, el fruto. No se utiliza la madera de la vid para hacer muebles, por ejemplo, no se utilizan las hojas de la vid para hacer medicinas. En todo caso, quizás alguien haya hecho algo parecido, pero en la época de Jesús, nada de eso. Es decir, que todo el propósito de cultivar una viña es llegar a una uva. Todo el propósito, todo el esfuerzo, todo el cuidado, todo el abono, todo apunta a un fruto. Y si se logra ese fruto, entonces todo lo demás valió la pena. Pero si no se logra ese fruto, nos sentimos engañados. Hay una mentira, es decir, es una vid engañosa. Trampa, me hicieron trampa, no es una vid verdadera. Tiene hojas, tiene ramas, ocupa un espacio en la tierra, consume nutrientes y abono, chupa agua, pero no produce nada, entonces es una vid falsa. O tal vez sí produce algo, pero lo que produce es inútil, porque si las uvas que salen de esa vid son amargas y pequeñas y casi secas, entonces también nos sentimos estafados, también sentimos que hemos perdido el esfuerzo.
Cristo se presenta como la vid verdadera, es decir, como la vid que sí trae fruto. Y aquí empezamos a descubrir una profundidad enorme en las palabras de Cristo, porque nos damos cuenta que la vid se parece mucho a la vida, porque también en la vida hay muchos esfuerzos, porque también nos sacrificamos por muchas cosas y también tratamos de lograr un fruto. Pero si no se logra ese fruto, entonces la vida fue mentira. Entonces es una vida en apariencia. Entonces es un engaño, una trampa. Y hay muchas personas que se sienten así, hay muchas personas que sienten que les han hecho trampa, que la vida no valía la pena, que no había sentido, que no había fruto al final. Por eso, nos dice Cristo que hay que unirse a Él, tenemos que unirnos a Él, porque unidos a Él encontramos ese fruto. Separados de Él vamos a tener la horrible experiencia de ver una vida donde hay mucho esfuerzo, mucha hoja, mucha, mucha hoja, pero no hay fruto. Es el tiempo de la Pascua, es el tiempo para unirnos a Cristo, para alimentarnos de Cristo y para dar fruto, un fruto que permanezca.

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