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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
"Yo soy la verdadera vid; permaneced en mí".
Homilía p053001a, predicada en 19980513, con 29 min. y 46 seg. 
Transcripción:
La imagen de la vid aparece varias veces en el Antiguo Testamento. Sobre todo, es el profeta Isaías quien tiene un cántico de la vid, un cántico a la viña del Señor. Y esa viña del Señor es la casa de Israel, es el pueblo de Dios. Pero esa viña de la que habla el profeta Isaías, es una viña que no dio fruto, es una viña en la que Dios, como labrador, se esforzó mucho y, sin embargo, no dio fruto. Y hay una pregunta terrible que queda en ese cántico del profeta Isaías. Pregunta el profeta Isaías, dándole su voz a Dios: «¿Qué más pude hacer por mi viña, si la cuidé, si del lagar hice el cercado, si aboné, qué más podía hacer yo por mi viña? Y ¿qué esperaba yo de mi viña? Que diera fruto, que diera fruto, que diera uvas. Y, sin embargo, me ha dado agraces, uvas frustradas y amargas, uvas de frustración, vino de amargura». Esta queja la dice Dios por boca del profeta Isaías.
Luego nos encontramos el Salmo 80 en el que es ese pueblo, el que se mira a sí mismo como una viña, y se lamenta de su propia culpa, y se duele de su pecado, y se queja delante de Dios, suplicando su presencia, y le dice: «La han talado, han talado tu viña, Señor, la han talado y le han prendido fuego. Ven a visitar tu viña». Una viña arrasada por el enemigo, una viña destruida, espejo de la desolación que deja Satanás cuando arrasa, cuando destruye, cuando se ensaña en un alma, en una familia, en una comunidad, en un pueblo. Porque efectivamente, la expresión es esa, se ensaña, la han talado y le han prendido fuego. Y por eso el pueblo suplica con estas palabras: Señor, ven a visitar tu viña. También ahí es el pueblo de Israel, el que se mira a sí mismo como la viña de Dios, pero como una viña que no puede dar fruto porque está arrasada, porque está maltrecha, podríamos decir, porque no tiene recursos en sí misma, porque no puede rehacerse a sí misma.
Esta imagen de la viña arrasada, esta imagen de la vid desolada, esta imagen de las uvas frustradas y amargas, esta es la imagen perfecta de lo que hace el pecado en nuestra vida. Y una viña, que no sirve para otra cosa, sino para dar uvas, si se frustran las uvas, se frustra todo. La madera de la vid no sirve para otra cosa, no sirve sino para llevar la savia que luego se vuelve dulzura de vino o amargura de vinagre, no sirve para nada más. La madera de la vid no sirve para hacer casas, casi que ni siquiera sirve para echarla a arder, no sirve para nada. Esta es la imagen de la vida destruida, en castellano, vid y vida, están muy próximos en el sonido, pues la vida destruida es como la vid destruida, arrasada, que no sirve ni para madera, que se convierte en rastrojo y cuyo destino solo puede ser el fuego.
Frente a esa viña, frente a esa imagen de la viña desolada, hoy tenemos una nueva vid, una vid verdadera. Dice el Señor Jesús: «Yo soy la verdadera vid. Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador». La comparación no puede ser más clara, Jesucristo es como el representante del pueblo de Israel, es como el embajador plenipotenciario, es como el, es como aquel que ante Dios está presentando los anhelos de la humanidad, pero al mismo tiempo, es aquel que ante la humanidad está presentando las bondades de Dios. Y esta imagen de la vid nos habla maravillosamente de qué hace y cómo obra Dios, Él es la vid verdadera. Y con esto nos está diciendo que el plan que Dios tenía para su pueblo desde antiguo, ese plan que no pudo realizar el pueblo de Israel porque no cumplió la Alianza, porque no vivió el pacto, porque se comprometió y no cumplió, porque prometió y no cumplió.
Eso que no pudo hacer el pueblo, uno de entre el pueblo, uno tomado del pueblo, Jesucristo lo ha realizado. En Él, el trabajo de Dios no fue estéril, en Él, el cuidado de Dios no fue estéril, en Él, el amor de Dios dio fruto. Y por eso, unidos a Él, nosotros también nos volvemos fecundos y damos fruto, así como separados de Él perdemos nuestro propio ser, nos disolvemos, nos reducimos a la nada. Dice el Señor Jesucristo: «Sin mí nada podéis hacer. Nada podéis hacer». Esta expresión es elocuente porque, porque presenta como la total frustración de una vida sin Dios.
Claro que alguien podría decir: No, pero es que sin Dios todavía se pueden hacer muchas cosas. Es más, parece que nuestro mundo estuviera apostando a ver cuánto se puede hacer sin Dios. Parece que sin Dios se pueden construir sistemas filosóficos, industrias poderosas, tratados de libre comercio, lugares paradisíacos. Parece que se puede hacer mucho sin Cristo, pero ese mucho, esa tarima, esa torre de Babel a la que se quiere subir la humanidad y en la que también nos hemos subido nosotros por nuestro orgullo, por nuestra soberbia, esa tarima, esa torre en la que nos subimos, realmente ¿para qué es? ¿Para quién es? ¿Qué produce? ¿Qué fruto trae? ¿Cuál es su desenlace? Y por eso Jesucristo llama nada, a la vida que no está unida a la oferta de amor que Él nos trae. Si sin Cristo se pueden hacer muchas cosas, desde luego, pero ¿cuál es el desenlace? ¿Cuál es el final de esas cosas? Porque, así como las pompas de jabón no resultan apreciables, porque, aunque sean bellas, son efímeras, así también las obras que se hacen sin Dios son como pompas de jabón, adornan con su belleza, impresionan por su número y desaparecen con igual rapidez.
Jesús, entonces, nos invita a unirnos a Él para ser fecundos, nos invita a permanecer en él para ser verdaderamente fecundos y nos cuenta cuál es la vida de los sarmientos que están unidos a esa vid verdadera que es Él. Mira lo que dice: «El sarmiento que no da fruto, la rama que no da fruto es arrancada, y la que da fruto es podada». El Padre celestial es el viñador, y este viñador, este labrador, a unas ramas las arranca y a otras las poda. Yo no puedo dejar de destacar que, arrancar y podar se parecen mucho. Fíjate, ahí no queda rama tranquila, ninguna rama queda tranquila, unas arrancadas y otras podadas. Y podar se parece a arrancar, ahí no queda rama tranquila. Esto es lo que en otros lugares dice Cristo con la expresión: Voy a hacer, voy a juzgar este mundo. Cristo es juez de este mundo, esto quiere decir que nadie queda en su puesto. Hay algunas dinámicas que se hacen en convivencias en las que, por ejemplo, se le pide a las personas que cambien todas de puesto. Pues así es Cristo, Cristo a nadie deja tranquilo, a unos los arranca y a otros los poda. Y podar, ser podado se parece bastante a ser arrancado.
Esta es la parte que tal vez puede tocarnos más directamente a nosotros. Cristo va a hacer contigo si tú quieres, si te aceptas, Cristo va a hacer contigo una operación que se parece mucho a ser arrancado, Cristo te va a podar, Cristo te va a podar. La poda que hace Jesucristo, la poda que hace propiamente el Padre Celestial, Dios nuestro Padre te va a quitar cosas. A ver, lo repetimos con esta claridad, porque esto es un mensaje que el mundo no quiere atender, no quiere atender a este mensaje, es aburrido, es incómodo. Cristo el Señor es la vid, tú eres el sarmiento, el Padre celestial que es el labrador, te va a quitar cosas, te va a arrancar cosas, no se puede podar dejando todas las hojas en su sitio.
Jesucristo no dijo que el Padre Celestial, el viñador a las malas, a las ramas malas, las arranca y a las buenas las acaricia, así como hacen algunas señoras que le hablan a las matas. A mí siempre me ha dado eso una idea de soledad, yo digo, si le hablaran como a algún pobre, algún necesitado, algún enfermo, no tiene a quién hablar o lo que sea, le hablan a las matas, conversan con las matas y entonces las limpian y les echan aceitico y no sé cuántas cosas a las maticas. Jesucristo nos dijo a las malas, a los sarmientos malos los arranca, a los sarmientos buenos, los acaricia y les echa el pico para que brillen, dice: los poda, los poda. Y los poda, quiere decir que les va a arrancar cosas, cosas. Si uno mira una rama, si uno se pone en la situación de la pobre rama, para la rama todas sus hojas son igualmente importantes, todas sus hojas son bellas, todas sus hojas son sus hojas, son las suyas. Y a todas probablemente las quiere, a todas sus hojas.
Pero el Padre Celestial sabe a cuál hoja toca quitar y a cuál hoja toca dejar. Y esta es la parte donde dejamos el ámbito de la magia y entramos en el ámbito de la fe, porque el ámbito de la magia es que se cumpla mi voluntad y el ámbito de la fe es que yo cumpla la voluntad de Dios. Mientras uno está en el ámbito de la magia, uno quiere que todas las hojas de uno florezcan, que ningún proyecto se le malogre, que nada le falle, que todo salga como uno lo ha pensado y por eso cree que la savia, la savia ¿cuál es? Es el Espíritu Santo, es la vida que mana, que está dentro del cuerpo de Cristo. Por eso, la persona quiere que el Espíritu Santo, que el Espíritu de Dios le bendiga todos sus proyectos, todas sus hojas, todas sus flores, todas sus uvas y que todo se conserve. Esa es la magia, que todo me salga bien y que Dios esté al servicio de mis proyectos, esa es la magia.
El Espíritu Santo no bendice todos tus proyectos, al Espíritu Santo no le gustan todas tus ideas, el Espíritu Santo no aprueba todos tus afectos. El Espíritu Santo quisiera hacer una escogencia entre tus amigos, el Espíritu Santo no está de acuerdo con la manera como tú distribuyes tu horario, al Espíritu Santo quizá no le gusta tu manera de descansar o algunas otras cosas. Y el Espíritu Santo, que es la vida de este sarmiento, está de acuerdo con el labrador, que es el Padre Celestial, mira el movimiento trinitario: El Padre es el labrador, Cristo es la vid y el Espíritu Santo es la savia. La savia va por dentro y el labrador va por fuera, y la vid es cuidada por fuera y alimentada por dentro.
Esa imagen que es tan bella, tiene, sin embargo, un compromiso fuerte para ti. ¿Por qué? Porque fíjate, cuando una mata se va dañando, es que las imágenes de Cristo son maravillosas, bellísimas, cuando una mata se va dañando la savia, deja de circular ahí. Cuando una hoja se daña, cuando no da fruto, cuando está seca, cuando es estéril, deja de circular la savia por ahí. El Espíritu se retira de ahí, el Espíritu no bendice, no bendice esa idea, no la bendice, no bendice ese proyecto, se retira de ahí, no alimenta eso, y eso se seca. Y entonces, el Padre Celestial dice, ésta para afuera. Y ¿qué siente la rama? Porque Dios, y por qué mi Dios me quitó, y por qué no me salió esto que era bueno y era sano y era santo, si yo lo único que le pido, lo único, lo único que yo le pido a la vida es esto, esto y esto.
Si usted hiciera la lista de qué es lo único que le pide a la vida, si usted supiera que es lo único que le pide a la vida y empezara a sumar y empezara a sumar. Uno sabe el tamaño de esta lista cuando se le descompleta, y la lista se le descompleta cuando algo funciona mal, algo funciona mal. El cuerpo, por ejemplo, le funciona perfectamente y uno no sabe que la salud del cuerpo es parte de la lista de uno. Uno no sabe eso, pero cuando le falla el cuerpo, cuando uno no puede caminar, cuando se le complica y le duele, entonces dice: Mire, yo lo único que le pido al Señor es que me sane mis rodillitas. Si lo único, aténgase con que eso es lo único. Lo único que usted le pide a Dios es que usted sea Dios y que Dios le obedezca a usted, eso es lo único que usted le pide a Dios. Y por eso Jesús dice, y por eso Jesús dice: Ese jueguito se acabó, eso es lo que está haciendo con el Evangelio de hoy. Ese jueguito, eso que todo lo suyo tiene que ser bendecido, que todas sus ideas tienen que funcionar, a otro con ese cuento.
De manera que, la savia interior se retira y el labrador quita la hoja, quita la rama, la poda, la limpia. Por eso, ¿cuál ha de ser la actitud del cristiano? Pues nosotros tenemos que saber que, fíjate que el problema del sarmiento no es con la vid, el problema del sarmiento no es con la vid. El problema del sarmiento es o con la savia o con el labrador. Es decir, o con el Espíritu Santo o con el Padre. Mira, Cristo, es tan atrayente, es un amigazo, es tan espectacular, es tan sensacional, es tan comprensivo que uno con Cristo, qué problemas va a tener, si Cristo es maravilloso, Cristo sana, Cristo enseña, Cristo es hermoso. Uno con Cristo qué problemas va a tener, cómo no amar a alguien que dice: «Vengan a mí los cansados, y yo les daré descanso». Uno con Cristo no tiene problema, los problemas de uno son problemas con el Padre Celestial y con el Espíritu Santo.
Cuando uno empieza a sentir que el Espíritu Santo deja seca una parte de la vida de uno, y uno siente que se le está muriendo una parte de la vida de uno, y entonces uno a toda costa quiere que las cosas se den y se den. O cuando el labrador, cuando el Padre Celestial dice: Tal vez tú no te has dado cuenta, pero ésta y ésta y esta hoja ya están secas, y uno no se había dado cuenta y apenas siente cuando le están quitando las hojas y dice: Pero eso me duele. Y ¿por qué Dios me hace esto si yo no le he hecho nada? Efectivamente, efectivamente, como diría Cristo, por tus palabras te condenas, ese es el problema, que no has hecho nada por la voluntad de Dios, es que todo lo has hecho para tu voluntad, todo lo has hecho pensando en ti. Todo lo has hecho pensando en ti y el labrador tiene que quitar cosas.
¿Cuál ha de ser, entonces, la actitud del cristiano? El cristiano se sabe unido a Jesucristo. Cumple el mandato que hemos escuchado en el Evangelio de hoy, permanece en Cristo, ese es el cristiano. Permanece en Cristo. Pero a la luz de este evangelio, tiene que estar dispuesto a dos cosas que son duras, duras, pero que hacen madurar. Dos cosas. Primera, ramas que estén a tu lado pueden ser arrancadas. Yo creo que donde más se vive esto es en una comunidad religiosa. Ustedes comprenderán que en una fecha como hoy uno recuerda a muchos compañeros que estuvieron con uno en otros años, en otras, en otras calendas, en otras fechas. Uno se acuerda de esos compañeros y yo puedo decir que yo he tenido amigos muy buenos amigos, muy buenos amigos en la vida religiosa tuve, se fueron, se fueron.
Yo podría decir aquí de pronto nombres, un compañero de noviciado con el que fuimos excelentes amigos, una persona que aprecié y admiré mucho, como tantas otras personas, se retiró, se retiró, se fue. Luego, otro compañero con el que nos unía una historia, porque él había crecido muy a la vera de la Renovación Carismática y yo le debo tanto la Renovación Carismática. Entonces, teníamos como un cierto clic, como una cierta empatía con este otro amigo, también se retiró. Luego, otro compañero con el que nos entendíamos muy bien en asuntos de estudio y de organización de la vida del convento y muchas otras cosas, también se retiró. Y otro compañero, con unas ideas tan claras, me parecía a mí, sobre la misión intelectual de predicación de la comunidad y todo el mundo universitario y una cantidad de cosas, yo tuve deliciosos coloquios con ese hermano, con ese amigo, se retiró. Yo he llegado a la conclusión de que o yo tengo muy mala espalda, o debo irme haciendo a la idea de que yo no debo tener muchos amigos, parece que yo no debo tener muchos amigos porque la listica, créanme que no es corta, la lista no es corta.
Y en una época yo llegué a volverme más o menos popular en ciertas comunidades religiosas femeninas y les gustaba que yo fuera, les diera charlas, por ejemplo, a las novicias y un poquito de confesión, dirección espiritual, todo aquello. Pero entonces, fueron observando allá, que la que entraba en dirección espiritual con Fray Nelson, para fuera. Si hay alguien que tiene mala fama como director espiritual, y eso no les extrañe, no les extrañe. Yo, créanme que yo no me he hecho propaganda como director espiritual en ningún caso, porque yo tengo claros mis fracasos. Entonces, a mí me ha ido muy mal en la dirección espiritual, eso es así, especialmente con las religiosas me ha ido muy mal. Casi cualquier hermana con una dirección espiritual, yo trato, yo trato, yo hago como lo posible. Yo miro qué será lo mejor, qué le digo a esta hermana, cómo oro por ella, qué hago, cuando ya tengo la fórmula, se retiró, se retiró. Dice Javier: Se demora mucho, Padre. Se demora mucho en encontrar la fórmula. Y yo creo que sí, yo por eso no me hago propaganda como director espiritual, porque yo sé que yo me demoro mucho.
Pero ¿mi historia a qué viene? Mi historia viene a que uno tiene que estar dispuesto, a que algunas personas cerquita, cerquita, tal vez en el camino, algunas ramas serán arrancadas. Y esto es duro, esto es duro. Es ideal, desde luego, que sea el matrimonio, por ejemplo, por dar otro ejemplo, por dar otro caso, es ideal que sea el matrimonio el que camine con ese ritmo, que vaya con ese ritmo, que estén juntos. Pero tantas veces no sucede así, no sucede así. Y eso no significa que haya que disolver esos matrimonios, significa que la Iglesia va adquiriendo un caminadito cojo, un caminadito cojo y el hogar va adquiriendo un caminadito cojo. Porque nuestras heridas hieren a la Iglesia y nuestras deficiencias la hacen débil. De modo pues, que uno tiene que estar preparado para eso. Efectivamente, muchas personas a nuestro lado se van a retirar.
Eso es algo que nos gusta tanto, el Salmo 91, la Iglesia lo reza en las completas del día domingo, dice: «Aunque caigan mil a tu izquierda, diez mil a tu derecha». Hay mucha gente que va a caer, mucha gente que va a caer, se condenarán, no se condenarán, yo no sé, eso que lo resuelva Dios. A mí no me toca resolver eso, pero yo he visto caer literalmente, caer y rodar por tierra vocaciones religiosas tan interesantes. He visto unos escándalos tan dolorosos, tan terribles, de amigos sacerdotes. He visto problemas y he visto desmoronarse comunidades religiosas enteras. He visto matrimonios de amigos míos irse a pique. Mucha gente va a caer, mucha gente va a caer. Y por eso, nosotros tenemos que disponernos con un cierto coraje como cristianos, a que tal vez el que esté a nuestro lado, tal vez va a caer. Esto significa dos cosas, que hay que ser solidarios, que hay que procurar al máximo la ayuda. Pero también hay que saber que nosotros no somos Dios y que nosotros no podemos ni vivir la vida, ni vivir la vocación de nadie, nosotros no somos Dios.
Esta parte es dura, pero yo creo que hay que decirla abiertamente, por favor el Evangelio de Jesucristo no es Amway. El Evangelio de Jesucristo no es un multinivel, no es un juego de amigos en donde cada vez más y más gente se integrará y luego, todos juntos ya siendo felices, creceremos, nos multiplicaremos, nos expandiremos. Esa no es la Iglesia, esa no es la Orden Dominicana, ese no es Kejaritomene, ese no es el estilo de Dios. Dios tiene otro estilito que a veces uno ni se lo entiende, otro estilito ahí raro, como que las cosas a veces florecen y crecen y entonces, ya uno dice: Ahora sí florecieron. Y de pronto, resulta que todas eran flores artificiales y un día Dios las quita todas y uno dice: ¿Y el florero? Dirás el chamizo, ¿te refieres al chamizo? No, era un florero, si aquí teníamos una comunidad espectacular. Si aquí estaba y la gente tenía carismas y había muchas cosas, no sé. Al suelo todo, al suelo todo, era mentira, era mentira. Era un juego de componendas humanas.
¿Ustedes no creen que eso se nos entra en las comunidades religiosas?, ¿ustedes no creen que esas componendas de alianzas humanas, ustedes no creen que ya han asomado, ya hace rato en Kejaritomene? ¿Ustedes creen que, ustedes creen que uno no se da cuenta de la cantidad de gente que empieza hacer política con uno? A ver cómo jugamos, a ver si somos los amigos, a ver si estamos en la jugada, a ver si estamos en la rosca. Baja, rosca, mentira. Eso se cae. Un vendaval y todas esas hojas se van. ¿Cuál es la verdad de esto que estamos celebrando? ¿Cuál es la verdad del afecto, de la amistad de ustedes? Eso lo sabe Dios. Hoy no lo podemos decir y por favor que nadie tome el lugar de Dios para decir: Yo sí decía que fulanita, fulanita y sotanito son unos grandes hipócritas. En cambio, nosotros, que somos la fuerza renovadora junto a Fray Nelson, procuraremos, intentaremos. No vengan con esas historias que a mí esas cosas me suenan a la voz del apóstol Pedro: Si Señor, aunque todos te dejaran, yo me haría matar por ti, sí.
¿De dónde han salido los peores chismes en contra de mí, chismes asquerosos, chismes ridículos, chismes de mentes retorcidas? De gente que estuvo en misa y que, de pronto, vuelva un día de estos y hay algunos que se han ido y han vuelto. Gente que estuvo en misa y gente que oyó cursos y gente que: Ay, pero es que se nota la unción, es que es una cosa tan profunda, es una verdad. Es una verdad a puño, a puños que lo agarran a uno. Entonces, el cristiano tiene que ser una persona que no se fíe demasiado, porque en el momento menos pensado va uno a decir como el Llanero Solitario, ¿no? Cuando estaban, los tenían rodeados los Cherokees, y le dice el Llanero Solitario a Toro: Bueno, ¿y ahora qué hacemos? Ahora qué hacemos Toro, amigo, aquí rodeados de estos Cherokees. Y dice Toro sentado ¿como es que se llamaba? Toro, no más. Y dice Toro: Cómo que ¿qué hacemos? Carapálida, desgraciado. Así le pasa a uno cada rato en este cuento, dice uno: No, los grandes amigos, la gente fiel, los que van a estar en las duras y las maduras. Y ¿tú qué opinas? Y ya se ha quitado la persona y al suelo mismo, al suelo va uno a dar.
Entonces, uno tiene que saber que si Jesús es la vid y uno tiene que saber que si el Padre celestial arranca sarmientos, uno tiene que saber que uno está en Cristo y permanece en Cristo. Jesucristo nos dijo: «Permanecer en la vid». No dijo: permaneced en la alianza, quedad bien con todo el mundo, procurad no cometer errores y, sobre todo, nunca os salgáis de la rosca, Jesús no dijo eso. Jesús dijo: «Permaneced en mí, en mí, en mí. Permanecer en la vid, en la vid», una y otra vez en la vid.

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