Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La diferencia no es sólo entre la paz que Cristo da y la que da el mundo sino en el modo como cada quien da lo que da.

Homilía p052021a, predicada en 20260505, con 11 min. y 43 seg.

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Transcripción:

Hermanos, siempre es provechoso recordar cuál es el orden que llevamos en las lecturas de la Misa. Cuanto mejor conoce uno ese orden, creo que aprovecha mejor lo que escucha en cada Eucaristía. Y además, dejamos de ser espectadores pasivos y empezamos a entrar en un diálogo más nutritivo, un diálogo espiritual más nutritivo con el Señor. La primera lectura de hoy fue tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles. Si usted viene a misa con alguna frecuencia entre semana, usted nota inmediatamente que este libro nos ha acompañado durante el tiempo pascual. Y así será hasta el final de este tiempo litúrgico que tiene su culminación en la fiesta de Pentecostés.

Es muy lógico, si lo pensamos bien, que tengamos el libro de los Hechos de los Apóstoles en la Pascua, porque efectivamente, después de los Evangelios en la Biblia, evangelios que terminan con la proclamación de la resurrección del Señor, pues lo que sigue tanto cronológicamente como en el orden de los libros, es precisamente lo que sucede en la primera comunidad cristiana bajo el impulso del Espíritu Santo. Y eso es exactamente lo que nos cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles. Entonces hemos ido recorriendo ese libro, empezando por el capítulo segundo, que es el de Pentecostés, y vamos a seguir avanzando hasta llegar al último de esos capítulos, que es el número veintiocho. Eso en cuanto a la primera lectura. El Evangelio en su mayor parte ha sido tomado de San Juan. Y hay que estar muy atentos en estos últimos días de el Tiempo Pascual. Nos encontramos en la semana quinta. Después vendrá la semana sexta y tendremos después la fiesta de la Ascensión. Y al siguiente domingo tendremos Pentecostés. O sea que estamos, por decirlo de alguna manera, en la recta final del tiempo pascual.

Y los Evangelios que han sido tomados durante todo este tiempo de San Juan, ahora se concentran en los diálogos que tiene Jesús con sus discípulos después de la última Cena. Como presenta San Juan las Cosas. San Juan presenta la Última Cena y después vienen una serie de diálogos como una predicación de Jesucristo salpicada por algunos comentarios y preguntas de los apóstoles. Y esa conversación, que podemos llamar de sobremesa, es el gran alimento que nos va a acompañar en este final del tiempo pascual. Ahí se encuentran enseñanzas fundamentales de las promesas de Cristo el mandamiento del amor, la necesidad de permanecer unidos a Él, el anuncio de la llegada del Espíritu Santo, el mensaje de la paz, como aparece, por ejemplo hoy. El mensaje de la alegría, es decir, es tremendamente variado y profundo lo que nos van a presentar, lo que ya nos están presentando estos evangelios del final del tiempo Pascual, todos tomados de San Juan. Si usted quiere leer por usted mismo esos textos, me parece una magnífica idea. Proceda desde el capítulo trece hasta el capítulo diecisiete de San Juan. Eso nos da, como por decirlo así, una sintonía con lo que escuchamos en la Santa Misa. Digamos una palabra sobre lo que hemos oído en el Evangelio de hoy, que está tomado del capítulo catorce. Recuerde que los textos fundamentales de esta parte del año litúrgico están entre el capítulo trece y el capítulo diecisiete de San Juan. El texto de hoy es del capítulo catorce y hay una cosa interesantísima que aprendí hace poquito y es bonito compartirlo.

Resulta que uno puede leer este evangelio mirando el sustantivo o mirando el verbo. El sustantivo es lo que Cristo promete dar, es decir la paz. Y uno puede darse cuenta de que es distinta la paz que da Cristo, de la paz que da el mundo. Eso es fijarse en el sustantivo. Pero resulta que uno puede fijarse también en el verbo. El verbo es el verbo dar. Dice aquí la paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy yo como la da el mundo. En esa frase que está traducida, por supuesto, literalmente del original griego, en esa frase lo que se está comparando no es el sustantivo, no es la paz, sino es el verbo, es el Verbo dar. Cristo dice: Yo no doy como da el mundo. Cristo tiene otra manera de dar. Y ese es el énfasis que yo quisiera subrayar, aunque sólo sea momentáneamente en este día.

Porque por estos días me encontré con una noticia con eso de la guerra que hay entre Rusia y Ucrania. Me encontré una noticia de las medidas que toma el gobierno de Rusia para proteger a su líder, es decir, al presidente Putin. Y es impresionante. Una mansión que él tiene donde suele estar más continuamente, la han rodeado por todas partes de baterías antimisiles. Esas baterías valen cientos, miles, tal vez de millones de dólares. Esa mansión, ese terreno lo tienen rodeado de sistemas antimisiles. Todo eso por asegurar no solamente la vida, sino también la tranquilidad de ese señor, que por supuesto es muy importante para el gobierno ruso. Entonces me ponía a pensar todo lo que vale tener paz.

Lo que hace la gente y lo que gasta la gente para tener paz. Y esa pregunta creo que es interesante en relación con el Evangelio de hoy. Porque el Evangelio de hoy, como dije, se puede leer en clave del verbo dar. Y entonces uno se da cuenta que el mundo, para dar entre comillas la paz, cobra altísimo. Y luego me acordé de otras anécdotas, por ejemplo, de una cierta señora ejecutiva con un gran trabajo en el sentido tanto de la carga laboral como del dinero que gana ella en su trabajo. Bueno, esta mujer, que es una tremenda ejecutiva, pues ella por supuesto tiene muchas tensiones, entonces ella paga clases privadas de yoga y de mantras. Los mantras que le van a traer la paz. De acuerdo con esa enseñanza del yoga que por supuesto uno no comparte. Pero lo que me llama la atención es que cada sesión de esas está valiendo una hora más o menos de un cierto gurú que da esas clases personalizadas entre cuatrocientos y quinientos mil pesos cada clase, para que esta señora tenga paz, para que ella pueda encontrar la paz.

Y así uno podría dar otros ejemplos cuando se movilizan los presidentes siempre tiene que ser con caravanas de autos blindados, cantidad de escoltas, el número mínimo de escoltas que acompaña, por ejemplo, al presidente de los Estados Unidos, número mínimo en cualquier vueltecita que tiene que hacer en otro país ciento cincuenta doscientos escoltas para que haya seguridad y para que haya paz. Así funciona el mundo. El mundo cobra, cobra durísimo. Y sin embargo, pues como lo han mostrado los últimos acontecimientos, resulta que ni siquiera un búnker bajo tierra con seis pisos de profundidad es suficiente para tener verdadera paz. Porque aunque estés allá metido, pues ya sabes que hay misiles ultra potentes y ultra precisos que te buscan allá y te acaban.

O sea que ni siquiera eso da paz y eso es lo que me llama la atención y era lo que quería compartirles cómo el mundo cobra durísimo por tratar de dar aunque sea una cierta sensación de paz. Y Cristo dice que él da de otra manera. La paz que Cristo da la da de otra manera. Y aquí sigo con mi última comparación. Me salió en una de mis redes sociales algo muy interesante que decía con este mismo tema la gente busca la paz por un lado y por el otro, y pagan clases particulares de medio millón de pesos la clase para tener paz. Y decía este meme o esta publicación que me salió ahí en mi red social, decía: Y cuántas de esas personas han intentado algo tan sencillo y tan eficaz como el Rosario diario.

La Paz que se tiene con la oración, la paz que se tiene con el Santo Rosario, la paz que se tiene después de una buena confesión, la paz que se tiene cuando se visita el Santísimo, la paz, la alegría que se siente cuando podemos prestar un servicio, una persona necesitada. Y en ese rostro, en esa alegría, en esa sonrisa, encontramos algo que no tiene precio en esta tierra. Bueno, les dejo esas consideraciones. Sigamos nuestra celebración, aprovechemos al máximo estos últimos días de Pascua, porque Cristo es grande en lo que nos da, es grande en la manera de dar, pero a veces somos nosotros los que no le hacemos caso a ese salmo que dice: Abre tu boca y yo la saciaré. Abre tu boca, disponte, prepárate para recibir todo lo que Cristo tiene para darte.

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