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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Es importante vivir los secretos de la paz de Nuestro Señor: saber que el mal tiene poder pero no es mayor que el poder de Dios, no poner demasiada esperanza en ningún ser humano y confiar plenamente en Dios Padre Providente.

Homilía p052018a, predicada en 20240430, con 6 min. y 19 seg.

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Transcripción:

Conservar la paz cuando las cosas van bien según lo planeado y todo está bajo control. No es tan difícil. Conservar la paz cuando hay dificultad, cuando hay contradicción, cuando las cosas definitivamente no van como queríamos. Eso es mucho más difícil. Y estoy mencionando esto por el Evangelio de hoy, en que encontramos a Cristo en aquellas conversaciones posteriores a la Última Cena según el Evangelio de Juan. Y como Cristo les dice a sus apóstoles Mi paz os doy. Es una expresión que Él mismo separa de la paz del mundo. Porque les dice eso. Yo no doy la paz como la da el mundo. Y sobre esto hemos tenido ocasión de predicar en otras oportunidades.

Lo que quisiera destacar hoy es cómo se puede conservar la paz en medio de esas dificultades, persecuciones, tentaciones, frustraciones que de una o de otra manera a todos nos llegan. ¿Cómo se puede conservar la paz? Yo creo que mirando el ejemplo de Cristo, es decir, no sólo quedándonos en este pasaje, sino ampliando la mirada al conjunto de los Evangelios, encontramos en Cristo el primer testigo de esa paz. Por algo lo llamamos Príncipe de paz. Encontramos en Cristo esa paz. Partamos de ahí. Y por eso, cuando nos preguntamos qué tipo de paz hemos de tener los cristianos. Pues lo natural es acercarnos a Cristo y hacer la correspondiente pregunta ¿qué tipo de paz tenía Cristo? Y es ahí donde quiero anotar unas tres cosas.

Primero observamos que Cristo era muy difícil de escandalizar, porque una cosa que nos quita la paz a nosotros es la llegada de malas noticias. Pero en más de una oportunidad. En los Evangelios vemos que les llegan a Cristo. La gente se acerca a Cristo con pésimas noticias. Que se cayó una torre, que Pilato mató a unos galileos, que Herodes te está buscando para matarte y Cristo no se escandaliza. O sea, parte de la paz de Cristo es que no se escandaliza. ¿Y por qué no se escandalizan? Pues da la impresión de que lo fundamental está en que Él sabe de ese poder que tiene la maldad, pero también sabe que ese poder no es mayor que el poder de Dios. Ese es el primer secreto de la paz de Cristo. Él sabe que el mal es poderoso, que el mal tiene poder, y la Biblia lo dice en otros lugares. Por ejemplo, nos dice la carta a los Colosenses, capítulo primero. Él nos sacó del dominio de las tinieblas, o sea, las tinieblas tienen su poder, saber que las tinieblas tienen poder, pero que ese poder no es lo máximo. Es el primer secreto de la paz.

Como sabemos que tienen poder, pues sabemos que vendrán ataques que vendrán, embestidas que vendrán persecuciones. Pero también sabemos, y esto es más importante, que Dios sigue siendo el Señor. Un segundo secreto que me parece que es bien importante es que Cristo de alguna manera ha vivido decepcionado del corazón humano. Sé que esto es muy impopular decirlo, pero alguien tiene que decirlo. Si tú te vas al capítulo segundo del Evangelio de Juan hacia el final, versículos veinticuatro, veinticinco, te encuentras con que dice que Cristo no se fiaba de nadie, que Él conocía el corazón del hombre. Entonces Cristo no ponía demasiada esperanza en nadie. Yo sé que hoy lo popular, es decir Dios cree en ti. Cristo confía en ti. Cristo te ha llamado. Mira, hasta hay manera correcta de entender eso. Pero eso no quita el hecho de que Cristo conoce la realidad de nuestro corazón.

Lo más importante en la paz de Cristo está en el tercer punto, y es que Cristo conoce que su Padre, que es nuestro Padre, es providente, es bueno. Es decir, la paz de Cristo reposa en el Padre. Y por eso en el capítulo catorce de San Marcos Él anuncia Ustedes todos se van a ir y me van a dejar solo. Pero yo no estoy solo. El Padre está conmigo.

Entonces son tres secretos de la paz de Cristo que han de convertirse en secretos de nuestra propia paz. Es importante que los vivamos. Primero, conocer que el mal tiene poder. Por eso nada raro que haga sus embestidas y que lance sus garras pero no tiene el máximo poder. Segundo, no ponemos demasiada esperanza en ningún ser humano. Y tercero, en cambio, sí que ponemos toda nuestra confianza en el Padre Dios, el Padre providente. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.

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