Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El corazón de Nuestro Señor esta unificado en la voluntad del Padre; su cuerpo, sus sentimientos, sus proyectos, sus anhelos por ello hay gran paz en Él, la misma que Cristo quiere que reine en nosotros.

Homilía p052017a, predicada en 20230509, con 6 min. y 42 seg.

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Transcripción:

Faltando muy poco para su pasión. Cristo habla de la paz. Deja a manera de testamento, a manera de herencia, deja su propia paz a los apóstoles y en persona de ellos, a todos nosotros. Es evidente la carga de violencia que tuvo la Pasión de Cristo. Es evidente, como lo han dicho muchos autores, que la pasión de Cristo es como un combate, es el combate por excelencia, es el gran combate entre las fuerzas del bien y del mal.

Y no te parece interesante que precisamente cuando ya el mismo Cristo dice el príncipe de este mundo está aquí cerca, no te parece impresionante que Él asegura la paz os dejo, mi paz os doy. ¿Qué es esta paz que promete Cristo cuando el peor de los combates, la peor batalla está a punto de suceder y se va a librar precisamente en la propia carne del Señor? ¿Cómo debemos entender esta paz? ¿Qué clase de regalo es esta paz? Yo creo que hay que tomar en serio las palabras del Señor. Él dice Mi paz os dejo. O sea que el primer lugar, el primer recinto de la paz, es el mismo Corazón de Cristo. Es el mismo ser de Cristo y de esa paz que es abundante en Él, de esa paz que es el ambiente de su alma, de esa paz, Él nos da. En primer lugar, para que no nos escandalicemos al verlo en el combate y en segundo lugar, para que permanezcamos en esa paz cuando lleguen nuestros propios combates.

Esto nos invita a preguntarnos ¿cómo es esa paz que Cristo vivía? ¿cómo es esa paz que Cristo tenía? ¿qué clase de paz tenía Él? Porque esa es la paz que Él quiere darnos a nosotros. Repito, Él dijo La paz os dejo, mi paz os doy. Es decir, que en el Corazón de Cristo habita la paz. ¿Cuál es la paz que está en el corazón de Cristo? Esa es la pregunta que nos hacemos. Y esa pregunta reclama una respuesta. Por eso tenemos que hablar de lo que es la paz interior y por eso tenemos que preguntarnos ¿qué es lo que destruye la paz interior?.

El apóstol Santiago en su carta nos habla de cómo se destruye esta paz interior. Efectivamente, hablando sobre la oración, dice el apóstol Santiago que dentro de nosotros batallan toda clase de pasiones. Es decir, cuando queremos una cosa y queremos la cosa contraria, cuando queremos cosas diferentes, estamos como desgarrados, estamos en conflicto. Aquí creo que es bien interesante el ejemplo de un gran santo de nuestra Iglesia Católica San Agustín de Hipona. Porque creo que el camino que recorrió este hombre. ¡Bendita sea su memoria! Es un camino en el que aparece con claridad lo que significa estar desgarrado por una parte. Agustín tenía un tremendo gusto para los placeres de este mundo, especialmente los placeres de la carne. Lo dice él mismo. No nos estamos inventando nada. Pero, por otra parte, él tenía un profundo intelecto, un alma contemplativa que anhelaba la belleza, la eternidad y sobre todo, la verdad de la eterna sabiduría.

Ahora puedes entender el desgarramiento de San Agustín. Una persona que quería, por una parte, una vida tan espiritual como es, propia de un auténtico contemplativo. Pero, por otra parte, se veía arrastrado a toda clase de pecados de sensualidad por la atracción que la carne tenía en su vida, en su corazón estaba desgarrado. Y en ese desgarramiento, la pregunta es obvia ¿podía haber paz? Evidentemente no había paz. Evidentemente, no podía haber paz en esas circunstancias. No podía haber paz. Bueno, entonces ¿cómo sí, es la paz? Si esa no es la paz, entonces ¿cómo sí, es la paz? Pues la paz viene cuando el corazón está unificado, cuando no hay esos desgarramientos.

Por ejemplo, quiero muchísimo dinero y lo quiero ya, pero también quiero ser honrado y dejar un legado de valores a mis hijos. Esa persona está desgarrada por lo de San Agustín. Quiero disfrutar mi cuerpo a tope, pero al mismo tiempo quiero una vida contemplativa y enamorarme de la divina sabiduría. Ahí está el desgarramiento ¿cómo se acaban esos desgarramientos? En el momento en el que nosotros unificamos nuestro corazón, ese es el corazón de Cristo. El corazón de Cristo es un corazón unificado. No tiene esos desgarramientos porque no tiene esos impulsos contradictorios, porque en Cristo todo está unificado en algo maravilloso, que también es lo que Él quiere que reine en nosotros y que se llama la voluntad del Padre. En esa unión profunda con la voluntad del Padre, ahí está todo su cuerpo, todos sus sentimientos, emociones, proyectos, deseos, anhelos, todo Cristo está unificado en la voluntad del Padre. Por eso no hay desgarramientos, por eso hay gran paz en su corazón y esa paz es la que Él quiere que reine también en nosotros.

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