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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Para conservar la paz recordemos cómo obra Dios ya que Él en su sabiduría nos da días de gozo y a la vez nos lleva en días de tribulación.
Homilía p052014a, predicada en 20200512, con 6 min. y 13 seg. 
Transcripción:
Hoy, queridos amigos, vamos a hablar de una especie de ley del obrar de Dios que nos va a servir de muchísima orientación. Por supuesto que Dios es libre y soberano, y Él no tiene que someterse a ninguna palabra o a ninguna ley. Él es el legislador, como lo enseña claramente Santo Tomás de Aquino. Pero si nosotros miramos la forma como Dios ha actuado en otros, algo aprendemos de lo que tal vez puede querer para nosotros. Y por eso es útil hablar de eso que acabo de mencionar una especie de ley del actuar divino. A qué me refiero concretamente. Algunas veces vemos que se despliega la obra de Dios. El regalo del amor de Dios se despliega sobre una persona con una abundancia que nos deja primero asombrados y que después produce eso que hoy la gente llama envidia de la buena.
Cuando nosotros pensamos, por ejemplo, ya que acabo de mencionar a Santo Tomás. Cuando nosotros pensamos en la pureza, la humildad, la sabiduría que Dios le concedió a Santo Tomás, seguramente esa no ha sido nuestra vida. Y entonces uno dice pero Dios todo lo que le dio a Él. Lo mismo podríamos pensar de otras personas. Pensemos en una mujer como Rosa de Lima, a la que quiero tantísimo. Rosa de Lima, bella en su rostro, en su cuerpo, en su alma, santa, pura. Su manera de enseñar dice uno todo lo que Dios le dio a Rosa de Lima. Y por supuesto, el ejemplo más impresionante dentro de las criaturas humanas. El ejemplo más impresionante es el de la Santísima Virgen María. Tanto que algunas personas entre las cuales se cuentan en general los protestantes como que quisieran que no se le diera tanto. Deja de estar diciendo tantas cosas de la Virgen, como que consideran que si se dicen muchos elogios de ella, se le estuviera robando, gloria a Dios.
Y es muy curioso, repito, esta manera de pensar, porque olvida dos cosas. En primer lugar, olvida lo que dice uno de los prefacios de la Santa Misa. Dios al coronar a los Santos, corona su propia obra. Así, por ejemplo, María Santísima, llena de gracia, de pureza, de santidad, lo que está presentando es que ella es obra de la gracia de Dios, es que es ella la que retrata esa gracia, es ella la que muestra esa gracia. Es como decirle a Leonardo da Vinci no pintes cosas tan bonitas, no pintes cosas tan bellas. Y Leonardo diría ¿y por qué? ¿por qué no puedo? Si la belleza de esas obras lo que hace es mostrar qué clase de pintor soy yo. Entonces, en primer lugar, hay que recordar que los Santos son las obras de Dios, las obras preciosas de Dios. Muy particularmente, por supuesto, y en primer lugar, María Santísima. Entonces a nosotros se nos olvida que exaltar la obra de Dios en sus Santos es exaltar al mismo Dios.
Pero en segundo lugar, y esto es a lo que quería llegar. En segundo lugar, se nos olvida que parece ser una ley de la del obrar divino, que así como da grandes privilegios, prerrogativas y dones, también da terribles dolores y cruces que a veces uno siente compasión, es decir, los mismos a los que admiramos también los compadecemos. Y de nuevo, el mejor ejemplo es María Santísima. Piensa que el quince de agosto tenemos la fiesta de la Asunción de María y nos gozamos con todo lo que Dios ha hecho en ella. Y el quince de septiembre estamos recordando a la Madre Dolorosa. Entonces es como si uno dijera, nadie ha recibido tanto, pero también nadie ha padecido tanto. Esa es la ley a la que quería referirme.
Y esto tiene que ver con la primera lectura de hoy del capítulo catorce de Hechos de los Apóstoles, porque eso fue exactamente lo que le sucedió a Pablo. Y el pasaje de hoy nos permite verlo en un solo contexto. Como Pablo es apedreado, maltratado, hasta el punto que ya dijeron ya lo matamos, ya, ya nos deshicimos de él. Esto sucede en la ciudad de Listra, en lo que era Asia Menor y que hoy es Turquía, apedrearon a Pablo. Pero luego, cuando Pablo vuelve a Jerusalén con su compañero de apostolado Bernabé, ambos cuentan las maravillas y milagros que ha hecho Dios. ¿Te das cuenta? El obrar divino. Muchos milagros, mucho padecer. Mira la vida del Padre Pío. Dones extraordinarios. Terribles dolores. Entonces tenemos que tener una mirada mucho más serena y tenemos que recordar como obra Dios para conservar en nosotros la paz y para saber que Dios, en su sabiduría, sabe cuánto nos da de días de gozo. Y sabe por qué también nos lleva en días de tribulación. Él es el Señor cuando hay tribulación y cuando hay victoria.

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