Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La paz que Cristo nos ofrece no tiene que ver con la falsa paz que ofrece el mundo, la victoria que Él nos brinda va más allá de las promesas de esta tierra.

Homilía p052013a, predicada en 20190521, con 6 min. y 9 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado de San Juan en el capítulo catorce. Soy colombiano y desde niño he estado oyendo mensajes sobre la paz, la búsqueda de la paz, el proceso de paz, el plebiscito para la paz, la paloma de la paz. Por eso también desde niño y desde joven he tenido una cierta fascinación por este pasaje que encontramos hoy, un pasaje en el que Cristo nos habla de su paz de la manera como Él quiere darnos la paz.

Estudiando este pasaje, lo que más destaca es la diferencia que Cristo quiere hacer entre la paz que Él da y la paz que ofrece el mundo. Para comprender esta enseñanza de Cristo, creo que conviene examinar un poco qué tipo de paz ofrece el mundo y el resultado de mis indagaciones es que el mundo ofrece la paz en cuatro claves diferentes. Es decir, hay cuatro, especialmente cuatro situaciones en las que el mundo siente que hay paz. Y creo que al discriminar estas cuatro situaciones estamos haciéndonos un gran favor, porque estamos descubriendo también la diferencia con la paz que trae Cristo y que está mucho más allá de las situaciones que paso a describir.

Efectivamente, hay una paz que proviene de tener muchos bienes y sentir que esos bienes están seguros. Es el caso de aquel rico del que nos habla el mismo Cristo. Aquel rico que tuvo una gran cosecha y entonces se puso a pensar y dijo bueno, y ahora ¿qué hago? Tengo tanto, pero tanto, voy a derribar estos graneros, voy a construir otros más altos. Y cuando todo esté almacenado, entonces le diré a mi alma túmbate, come, bebe, tienes bienes acumulados para mucho tiempo. Es decir, esa persona se siente tranquila porque tiene muchísimos bienes. Por supuesto, un mal año de cosechas, un robo, un secuestro o cualquier otra cosa destruirá esa posible paz. Pero el mundo ve paz en eso. Muchos bienes acumulados que parecen seguros.

Otra situación de la cual nos habla el Concilio Vaticano segundo en la Constitución dogmática Gaudium et spes, es la falsa idea de que la paz consiste en un equilibrio de fuerzas. Si el otro tiene trescientas catorce cabezas nucleares y yo tengo trescientas dieciséis cabezas nucleares y estamos técnicamente empatados, si tenemos más o menos la misma capacidad de hacernos daño, entonces vamos a estar en paz. Es la paz como equilibrio de fuerzas. Por supuesto, es un engaño esa clase de paz. Pero realmente mucha gente siente o busca esa clase de paz. Entonces es la paz falsa del equilibrio de fuerzas. Y es una paz falsa porque sabemos lo que sucede. Eso conduce muchas veces a una espiral de crecimiento armamentista. No hace mucho, por ejemplo, decía el presidente Vladimir Putin. Rusia tiene derecho a prepararse para la nueva generación de ataques. Pero, por supuesto, Estados Unidos dirá lo mismo. Irán preguntará ¿y nosotros por qué no podemos tener también nuestras propias defensas? Eso no es paz.

Tercero, hay otra forma de paz, que es la que a veces ve uno en las ciudades con aquellas personas que levantan rejas altísimas y contratan empresas de seguridad y tienen perros bravos y detectores de metales. Supuestamente eso es para asegurarse. Supuestamente eso es para producir una sensación de seguridad. Pero ustedes y yo sabemos que en realidad eso no da seguridad y que de hecho, muchas veces las personas que están más rodeadas de armamento y de rejas y de mil cosas, son las que viven más nerviosas, más ansiosas, en el fondo se sienten más inseguras. A mí no se me olvida de mis clases de historia que un porcentaje muy alto de los emperadores romanos murió porque sus escoltas, lo que en ese momento se llamaba la guardia pretoriana, acabaron con ellos. Es decir, que los que estaban destinados supuestamente a defender al emperador eran los que a veces tenían más interés en quitar de en medio al emperador. O sea que si tú ya has visto un poquito de historia y eres el emperador romano, me vas a contar cuánta paz tienes con toda esa cantidad de armas a tu alrededor.

Y hay otra paz que es la paz del escape. La paz hippie, la paz de la huida. La paz de la droga. Es la paz de decir pasemosla bien, todos tranquilos, hagamos el amor y no la guerra. No nos sofoquemos. No hay necesidad de estresarse. Pero en el fondo, ese comportamiento irresponsable a lo único que conduce es a dejar el terreno libre para que otros más astutos y más codiciosos se adueñan del país, se adueñen de los recursos y se adueñen de la educación de los hijos.

Fíjate, hemos examinado cuatro situaciones que son muy típicas, que son muy frecuentes, en las que el mundo suele buscar la paz. Pero la paz que Cristo nos ofrece no tiene que ver con esas situaciones, porque también la victoria que Cristo nos ofrece, está más allá de las promesas del mundo.

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