Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El anuncio del Evangelio parte de la comunidad y llega ella, tiene grandes dosis de cruz y al tiempo de poder de la resurrección, dándole la gloria sólo a Aquel que da la vida nueva.

Homilía p052010a, predicada en 20170516, con 6 min. y 8 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada del capítulo número catorce de los Hechos de los Apóstoles. Nos presenta el final de la primera misión que realiza el apóstol Pablo. Aunque si recordamos bien, no es una misión que Pablo hubiera iniciado, sino más bien una misión que el Espíritu Santo inspiró por medio de un mensaje profético en la Iglesia de Antioquía de Siria. Y cuando salieron de Antioquía de Siria, iban Pablo y Bernabé. Pero el que estaba a cargo de esa misión fue Bernabé. Cuando regresaron. Sin embargo, el ardor apostólico y la sabiduría de Pablo hasta cierto punto le habían dado el liderazgo. Pero lo importante no es el liderazgo humano, lo importante es cómo Dios va precediendo, acompañando y consolidando lo que van haciendo sus apóstoles. Esto en medio de duras pruebas, en medio de severas persecuciones.

El comienzo de la lectura de hoy nos presenta, por ejemplo, cómo Pablo llega a ser tan detestado por algunos de su propia raza que deciden apedrearlo. Este es un castigo que la ley de Moisés determinaba para aquellos que blasfemaran, para aquellos que negaran la fe, para aquellos que negaran al Dios verdadero. Quiere decir que los hermanos de raza, judíos como Pablo, pero incapaces de creer en la persona de Cristo, sienten que Pablo está dañando, está corrompiendo la fe que ellos han recibido y por eso lo someten al durísimo castigo de apedrearlo. No podemos imaginar el dolor que esto implica. Pero si podemos representar en nuestra mente la cantidad de sangre y la condición tan triste en que queda este apóstol. Llegó el momento en el que tanto le habían golpeado y tanta sangre salía de él, que lo dieron por muerto y lo abandonaron.

Sin embargo, como una especie de participación en la resurrección de Cristo, el apóstol que ha sido sepultado bajo tantas piedras, se levanta y vuelve a entrar en la ciudad. No dura en esa ciudad, sino que toma camino y después de un largo recorrido regresa al sitio de donde había partido esa primera misión, es decir, Antioquía de Siria. El tono jubiloso del apóstol Pablo cuando describe todo lo que Dios ha hecho a través de su Palabra y a través de sus manos es realmente admirable. Cuando uno piensa cuántos dolores, cuántos sufrimientos, cuántas humillaciones, cuántas torturas ha tenido que padecer. Pero lo mismo que los apóstoles Pedro y Juan al comienzo del libro de los Hechos de los Apóstoles, se sentían jubilosos de poder sufrir por Cristo. Así también Pablo no hace particular cuenta de todas estas torturas, de todas estas humillaciones, sino que más bien tiene bien clara en su mente la cuenta de las obras de Dios, sus inmensas ternuras, el poder de su amor, el poder de sus milagros. ¿Qué enseñanzas nos deja esto a nosotros? Podemos sacar tres breves enseñanzas.

La primera es que la Evangelización parte de la comunidad y tiene su punto de llegada en la comunidad. Es la comunidad la que ha enviado a Bernabé y Pablo y es la comunidad la que los recibe y también la que se alimenta con el testimonio de ellos. Así que necesitamos comunidades robustas en la fe, comunidades capaces de enviar misioneros y comunidades capaces de acoger el testimonio de verdaderos misioneros. Ese es el primer punto.

Segundo, lo que ya hemos destacado, la predicación del Evangelio de Jesucristo no es un paseo triunfal, no es una exhibición de poder, es más bien una participación en la Pascua del Señor. Y esto significa que tendrá grandes dosis de Cruz, así como también tiene grandes dosis del poder de la Resurrección. Esta es la segunda enseñanza. Entonces, comprender que la Evangelización no es un paseo, sino que es realmente un servicio que incluye todo este dolor y toda esta tribulación.

En tercer lugar, creo que es importante tener en cuenta que la fuerza de Dios se expresa fundamentalmente en la fuerza de nuestra alegría que nadie nos puede quitar. Vuelvo sobre lo dicho, Pablo no llega a la comunidad a decir pobrecito yo todo lo que me ha pasado, consiéntanme, mimenme. Sino él llega a contar Dios es grande, Dios va por encima de todos. Esta es la señal de un verdadero apóstol. No quiere ni en el anuncio ni en la acogida. Quiere que la atención caiga sobre el verdadero misionero, solamente quiere que sobresalga aquél que le ha dado vida nueva, es decir, el Señor Jesucristo. Que estas enseñanzas, que estos puntos restablezcan el vigor de la fe, del amor y de la misión en nuestras comunidades. Amén.

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