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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La fe se vive verdaderamente unidos a nuestros hermanos en comunidad, lugar de encuentro donde se predique, se ore, se exhorte y se cuide a nuestros pastores.
Homilía p052009a, predicada en 20160426, con 5 min. y 34 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles en el capítulo catorce. No nos extraña que esta lectura sea de los Hechos de los Apóstoles, porque éste es el libro que nos ha acompañado durante el tiempo pascual. La razón es la siguiente. La Pascua de Cristo, la resurrección del Señor es su victoria sobre el demonio, sobre el pecado, sobre la muerte. Y a partir de este acontecimiento, que es la fuente de toda nuestra salvación. A partir de este hecho se empieza a difundir la fe. Es decir, la Iglesia misma ha nacido de la Pascua. ¿Cómo sucedió eso? Eso es lo que nos cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Es una lectura muy agradable. Si usted nunca ha leído en su vida el libro de los Hechos de los Apóstoles, ningún tiempo más adecuado para hacerlo que este tiempo de Pascua, porque así vamos acompañando a la Iglesia mientras hace memoria de cómo surgió todo lo que hoy conocemos. Las misiones, las obras de caridad, la vida consagrada, la oración, la familia cristiana. Todo eso lo podemos trazar, lo podemos descubrir como en semilla, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, con gran sabiduría. Entonces la Iglesia nos invita a que durante este tiempo vayamos recorriendo todos estos pasajes de ese libro. Libro de los Hechos de los Apóstoles.
El pasaje de hoy nos presenta una buena síntesis de qué era lo que hacían los apóstoles cuando iban fundando comunidades cristianas. Y este es el primer dato que hay que tener en cuenta. Comunidad, fundar comunidad. El cristiano no vive en soledad su fe. De hecho, si nosotros nos aislamos de la comunidad creyente, nos va a pasar lo mismo que sucede con los pedazos de madera cuando tenemos una hoguera. Si se separan esos pedazos muy pronto se apagan y se acaba el fuego. Así que necesitamos permanecer unidos a nuestros hermanos. Comunidad es la palabra fundamental. Lo que hacen los apóstoles es ir creando, alimentando, fortaleciendo comunidades. Y ¿de qué manera lo hacen?
Pues hay cuatro acciones que son importantes. Predican, oran, exhortan y designan responsables.
A través de la predicación. A través de la Palabra se congrega la asamblea. Es la noticia de Jesucristo la que reúne a la gente. Podemos decir que es Cristo mismo el que tiene el atractivo. Lo importante en la Iglesia no somos, por ejemplo, nosotros los misioneros, ni siquiera sacerdotes, obispos, el Papa, el importante en la Iglesia es Jesús. Es siempre Jesús. Y por eso cuando anunciamos, cuando presentamos el rostro de Cristo, es Él mismo el que va atrayendo los corazones. Esa es la parte de la predicación. Pero esa labor exterior tiene que ir acompañada por una labor interior.
Por eso nos dice el pasaje de hoy que Pablo y Bernabé oraban y ayunaban, porque solo Dios es el que va conquistando cada corazón. Nosotros podemos tener una predicación tal vez muy instruida o muy elocuente, pero el único que conquista, el único que llega a los corazones y los convierte, el único que nos da esa fascinación interior por los misterios de Dios es el Espíritu Santo. Y eso solo se puede pedir. No se puede negociar, no se puede adquirir. Solamente lo podemos suplicar y lo suplicamos a través de la oración, acompañada muchas veces de ayuno.
Luego está el hecho de que exhortan y eso quiere decir que nosotros no nos referimos o no nos dirigimos únicamente a la masa. La exhortación es algo que con mucha frecuencia tiene la característica de uno a uno. A través de la exhortación estamos buscando que la Palabra de Cristo se haga realidad en cada persona, porque cada uno de nosotros ha sido amado por el Señor y cada uno de nosotros es una historia de amor. Entonces, en la exhortación personalizada, que es la que tiene que acompañar a la predicación pública, el Evangelio toma forma en cada historia.
Finalmente, al tener que retirarse de cada lugar, Pablo y Bernabé designaban responsables que son algo así como la semilla de lo que hoy conocemos como jerarquía, es decir, obispos, presbíteros. Toda aquella parte de la Iglesia tiene su origen en la acción de los apóstoles, que tenían muy claro que era necesario seguir alimentando y pastoreando al pueblo. Pidamos a Dios que nuestra Iglesia permanezca en buena salud, que nosotros todos podamos aprovechar las riquezas de Cristo. Y podamos vivir cada uno desde su sitio estos cuatro verbos. Predicar, orar, exhortar y también cuidar a nuestros legítimos pastores, así sea.

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