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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Pasión de Cristo es la muestra más clara de la fuerza de paz que Cristo tiene y ofrece.

Homilía p052006a, predicada en 20130430, con 7 min. y 55 seg.

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Transcripción:

En cada Eucaristía recordamos las palabras de Cristo: La paz os dejo, mi paz os doy. Esas palabras las dijo Cristo en la última Cena. Poco antes de su dolorosísima pasión. Podemos decir que fue unos momentos antes de ese ataque tan agresivo, tan cruel, tan violento, que tuvo que padecer. Esto nos llama la atención, que él está ofreciendo la paz y está prometiendo la paz cuando precisamente está a punto de entrar en el peor de los combates y en lo más duro de la violencia. Quizás los discípulos podrían pensar, ¿Qué clase de paz es la que nosotros vamos a tener si nuestro maestro y nuestro jefe lo que recibe es ese maltrato tan espantoso? ¿Qué clase de paz es la que nosotros vamos a tener? Si Cristo es torturado, es masacrado. ¿Qué es lo que nos espera a nosotros? Lo mismo.

Entonces, ¿Cómo va a ser esa paz? Pero cuando uno mira mejor lo que fue la Pasión de Cristo, uno ve que los ataques y la crueldad venían de fuera. Pero ¿Qué era lo que salía de él? Recordemos así brevemente, no está tan lejos la Semana Santa. Podemos recordar lo que salía de él era oración. Por ejemplo, cuando dijo: Dios mío, ¿Por qué me has abandonado? Ese es el comienzo de un salmo. Ese salmo luego sigue diciendo: A pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza, aunque tú estás en el santuario de Israel. Y sigue el Salmo Jesús estaba orando. Otra oración que él dijo fue: en tus manos encomiendo mi espíritu. Y ese salmo luego sigue diciendo: Tú, el Dios leal, me librarás.

Es decir, que si había mucho ataque, y si había mucha crueldad que caía sobre Él, pero lo que salía de Él no era violencia lo que salía de Él no era venganza. Lo que salía de Él era oración. ¿Qué más salía de Él? Pues encontramos que Él hizo una oración por las personas que lo estaban torturando. Eso lo recordamos en las siete Palabras, como Él dijo: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Ahí también vemos que el ataque y la guerra estaba por fuera. Pero lo que él tenía en el corazón y lo que él daba era amor, perdón. Y un último ejemplo que quiero recordar con ustedes, estaba Cristo crucificado y a su lado le dijo uno de los ladrones que lo llamamos el buen ladrón le dijo: Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. Y Jesús le respondió: Te aseguro que estarás conmigo en el paraíso. Ofreciéndole de esa manera esperanza, fortaleza, consuelo a ese pobre hombre.

Entonces, lejos de ser un momento desprovisto de paz, podemos decir que la Pasión de Cristo lo que hace es revelar que ni siquiera con todo lo que le hicieron, él perdió esa firmeza de unión con el Padre. Él no perdió su misión, que era una misión de Misericordia y de compasión. Él no perdió su capacidad de amar. Entonces, ahora sí, como que queda más claro el asunto, porque nos damos cuenta que cuando Él dice: mi paz, mi paz la mía, mi paz les dejo. No está dejando la paz que puede ser destruida por insultos, ni por ataques, ni por agresiones, ni por violencia. O sea que la Pasión de Cristo no contradice, sino que confirma las palabras de la última Cena. Dice Cristo que nos está dejando su paz y luego padeciendo en la cruz eso tan horroroso está mostrando clarísimamente que Él sí tenía una paz más grande que todo lo que le hicieran, porque el maltrato que sufrió fue simplemente pavoroso. Pero aún con ese maltrato pavoroso, lo que sale de Él es oración, misericordia, amor, perdón.

O sea que ahí nos estaba mostrando en dónde está la verdadera paz. Estaba mostrando que la paz que Él tiene y que la paz que Él comunica es más grande que todo. Y este es un mensaje que nos sirve mucho, porque si uno tiene la paz que da el mundo, pues la paz del mundo consiste en que uno no tenga problemas, que a uno las cosas le salgan bien, que nadie lo amenace, que no haya nubes negras en el horizonte. Esa es la paz del mundo. Que todo me salga bien y que no haya problemas ni amenazas. Esa paz del mundo es muy frágil porque llega una enfermedad, le dicen a uno usted tiene un cáncer, se le acabó uno la paz. Uno tiene esa paz y le sale por ahí un enemigo, bien malintencionado y se le acabó uno la paz.

Entonces Jesús nos está mostrando que Él sí que tiene una paz que le gana a todos, y esa es la paz que uno necesita. Esa es la paz que sí sirve, ¿Porque qué sacamos con la paz del mundo si se nos va a acabar con el primer problema que tengamos? Lo que necesitamos es una paz que sirva, una paz que se sostenga aunque vengan contradicciones, ataques, persecuciones, desengaños, indiferencia. Y esa es la paz que Cristo mostró en su pasión. Y esa es la paz que Él quiere concedernos. Mis amigos, mientras vamos avanzando en el tiempo pascual, tengamos la certeza de que esa paz no es un sueño, no es una fantasía. Es la manera como Jesús trata a sus verdaderos discípulos. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

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