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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Cómo es que los verdaderos cristianos logran conservar la paz aún en medio de desilusiones y persecuciones?

Homilía p052005a, predicada en 20130430, con 4 min. y 46 seg.

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Transcripción:

El breve texto del Evangelio de hoy, tomado del Capítulo Catorce de San Juan, nos presenta tres fases. Las podemos resumir así la paz, el ataque y la victoria. La paz, porque lo primero que hace Cristo en el pasaje que hemos escuchado es prometer y ofrecer su paz. Él hace una diferencia muy clara entre su paz y la del mundo. El ataque, es el ataque del maligno. El príncipe de este mundo está cerca, dice Jesús. No es que él tenga poder sobre mí, pero está cerca. Viene y viene por Cristo, viene a atacarle, viene a hacerle el máximo daño. Obsérvese la relación que tiene lo de la paz y lo del ataque.

Cristo está ofreciendo paz desde la conciencia de que se le viene encima el peor, el más cruel, el más duro de los ataques que se puedan imaginar. Esto es muy significativo, porque Cristo nos está hablando de paz en el momento mismo en el que entra en lo peor del combate. Y a mí esa paz me parece bellísima. El que puede hablar de paz estando él mismo en lo peor de la refriega, ese sabe de qué está hablando. Y por último, la victoria. ¿Cuál victoria? Es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre. Es decir, lo que el maligno va a lograr no es lo que quería. Lo que pretendía el maligno, por supuesto, era destruir la obra de Dios. Eso no lo va a conseguir, eso no es lo que va a lograr. Lo que va a lograr es exactamente lo opuesto.

Lo que va a lograr es que su ataque termine siendo ocasión para que se revele la obediencia de amor de Cristo. Y con esa revelación, pues, va a aparecer la verdadera victoria de Dios. La paz, el ataque y la victoria. Terminemos esta breve reflexión recordando la diferencia entre la paz que Cristo trae y la paz que usualmente ofrece el mundo. Yo creo que el nombre que le podríamos dar a la paz que ofrece el mundo es la tranquilidad, entendiendo por tranquilidad la ausencia de dificultades y de problemas. Solemos entender que una persona está en paz porque nada le preocupa, porque no hay nada que le angustie, porque nada ni nadie le amenaza. Esa es la paz como la entiende el mundo.

Pero Cristo nos habla de la paz que es capaz de vencer al ataque. ¿Cómo puede ser esto? ¿Cómo se puede conservar la paz? Pues cuando comprendemos ¿Qué es lo que ese enemigo, qué es lo que ese ataque, qué es lo que esa amenaza nos puede quitar? Esto se parece mucho a lo que dice Jesús en otros pasajes. Por ejemplo, cuando dice: que atesoremos tesoros en el cielo, donde no hay polilla que roba ni hay ladrón que robe. Eso quiere decir que aquel bien que nosotros entregamos a través de nuestro amor no lo podemos perder, nadie nos lo puede quitar. Y el saber que eso, que ese amor vence a la muerte y que ese amor y su fruto están seguros, pues eso es lo que da paz, porque nos pueden quitar otras cosas, pero no nos pueden quitar el verdadero tesoro.

Cristo con su testimonio, con su Palabra, con la fuerza de su Espíritu, lo que hace es llevarnos a esa clase de paz, a esa certeza de poseer un tesoro que ya nadie nos puede quitar, porque está seguro junto a Él en el cielo mismo.

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