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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En el amor y la obediencia está el secreto de la verdadera paz.

Homilía p052004a, predicada en 20120508, con 4 min. y 11 seg.

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Transcripción:

Podemos decir que las tres palabras fundamentales en el texto del Evangelio de hoy, tomado del Capítulo Catorce de San Juan, son la paz, el amor y la obediencia. De esas tres palabras hay dos que son enormemente apreciadas en nuestro tiempo. La paz está en el lenguaje de los políticos, está en el deseo de las naciones, está en el registro de los medios de comunicación. El amor está siempre de moda, está siempre en las canciones, en las poesías, en los detalles. Y hay días para todo y para todos. El día del hombre, de la mujer, de la secretaria, del abogado, del odontólogo. Y esos días, esa multiplicación de fechas, tiene un propósito, además del propósito comercial, y es que se pueda expresar afecto, se pueda expresar amor a distintos grupos humanos.

Pero qué cosa tan curiosa, que mientras que la paz y el amor tienen esa popularidad y eso que podemos llamar buena prensa, no sucede lo mismo con las otras. O mejor dicho, con la otra palabra, la obediencia. Y sin embargo, las tres están unidas en el texto de hoy. Y las tres están unidas en el mensaje y en la vida de Jesucristo. Efectivamente, Jesús dice: Viene el príncipe de este mundo refiriéndose al enemigo, al demonio viene el príncipe de este mundo, y dice: Es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre y hago lo que Él me manda. Este texto es muy bello porque nos está contando que el sacrificio de Jesucristo en la cruz es al mismo tiempo un acto sublime de amor y un acto perfectísimo de obediencia a la vez. En Jesús, el amor y la obediencia no están separados.

Entonces podemos preguntarnos ¿Quién los separó o quién puede estar interesado en que separemos el amor y la obediencia? Pues el resultado de esa pregunta ya lo conocemos. ¿Quién es el que invita a la desobediencia en la Biblia? ¿Quién es el primero que invita a desobedecer? El demonio. El demonio tiene ese propósito claro, y así se lo dice a Eva. Empieza calumniando a Dios. ¿Es verdad que Dios les prohibió comer de todos los árboles? Y luego hace promesas mentirosas, también: seréis como dioses. Con esa manera de hablar y con esa sugerencia lo que el demonio está tratando de lograr y lo logra algunas veces es separar el amor, que es una aspiración tan profunda del corazón humano, separarlo de la obediencia a Dios. Pero en el sacrificio de Cristo, estos dos se han reconciliado. Y sólo cuando el amor se reconcilia con la obediencia, se obtiene la verdadera paz.

Porque la rebeldía ante Dios, la rebeldía contra Dios, nunca puede ser fuente de paz. Más bien, nos sitúa en un ámbito nuevo de miseria, en un ámbito nuevo de fragilidad, en un ámbito nuevo de guerra. Qué importante redescubrir de la mano de Cristo y en el corazón de Cristo y en las llagas de Cristo, como sólo en el amor y la obediencia está el secreto de la verdadera paz.

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