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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El contenido de la fe es que hemos sido redimidos por el sacrificio de Jesucristo; la transmisión de la fe es la obra misionera de la Iglesia. Tanto la redención como la misión han costado sangre, sudor, dolor. Hay que valorar lo que tenemos y hay que saberlo transmitir a otros.
Homilía p052003a, predicada en 20110524, con 4 min. y 28 seg. 
Transcripción:
Uno de los ejercicios más saludables durante el tiempo de Pascua es acercarnos al libro de los Hechos de los Apóstoles. Este libro que nos cuenta lo sucedido en la comunidad de los discípulos de Jesús después de que el Señor se muestra con fuerza y con poder resucitado, es la referencia continua para nosotros los que creemos en ese mismo Jesús. Y esta es la verdad más necesaria en el tiempo pascual reconocer que la fe de los apóstoles es nuestra fe y que lo que ellos sufrieron tanto para poder anunciar es el mismo mensaje en el que nosotros hemos puesto nuestra confianza y es el mismo mensaje que también queremos transmitir a otros, especialmente a la nueva generación. Si nosotros podemos creer, si nosotros podemos afirmar que Jesús es el Señor, es porque hay personas que han hecho el gasto de su propia vida, se han cansado, se han esforzado, han sufrido. Ese precio no lo debemos olvidar, como tampoco debemos olvidar el precio de la sangre de Jesucristo que trajo el perdón a nuestras vidas. En Hechos de los Apóstoles, Capítulo Catorce, se cuenta el final de la primera misión. El primer envío que una comunidad cristiana hacía de misioneros. Salieron Bernabé y Pablo hicieron un recorrido pasando por Chipre, la isla de Chipre y por el sur de lo que ellos llamaban Asia Menor y que nosotros llamamos Turquía, y tuvieron que sufrir mucho. Encontraron grave oposición, especialmente en los líderes judíos de aquellas comunidades. Pablo y Bernabé tomaron como estrategia fundamental moverse por la red de sinagogas del Mediterráneo, puesto que los judíos habían sido dispersados desde muchos siglos atrás y por consiguiente había focos, había comunidades de creyentes judíos en distintas partes, pues Pablo y Bernabé van a esos lugares, van a esas hogueras de fe donde se escucha y se lee la Palabra de Dios para anunciar que todo lo que está contenido en esa palabra se ha cumplido en Jesucristo. Pero el resultado no es el esperado. Resulta que al parecer, varios de estos judíos ya estaban tan acostumbrados a ese modo de vida, o tal vez tenían tan definida su esperanza en una dirección tan distinta a la que propone Pablo, que entonces ven en Pablo, no el mensajero de una nueva alianza, sino el traidor de la antigua Alianza. Y ven que todas las obras poderosas, que todo el poder del Espíritu y los milagros y las cosas que suceden son sencillamente engaños, son distractores que apartan a los judíos de la verdadera fidelidad a la palabra. Y así Pablo se convierte en enemigo de ellos. Y entonces lo que encontramos hoy es que lo apedrean hasta darlo por muerto. Y sin embargo, este hombre se levanta, que es como una pequeña resurrección, se levanta después de recibir esa lluvia de piedras y entonces sigue anunciando. Recordando, eso sí, a los creyentes que hay que pasar muchas cosas para entrar al Reino de Dios. Tomemos estos ejemplos. Démonos cuenta del precio que tiene el Evangelio. Démonos cuenta de cuánto dolor, cuántos sudores, cuántas persecuciones ha tenido que sufrir la Palabra y han tenido que sufrir los mensajeros de la Palabra para que llegue ese mensaje a nosotros. Hay que apreciar la fe, hay que valorarla como lo más precioso y hay que saber transmitirla. Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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