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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El príncipe de este mundo.
Homilía p052001a, predicada en 19980512, con 16 min. y 24 seg. 
Transcripción:
Jesús anuncia que el príncipe de este mundo está cerca, advierte, no es que príncipe de este mundo tenga poder sobre mí. Pero dice: Ya no hablaré mucho con vosotros. Y también nos invita a que no temamos, ni nos acobardemos. Una obra del príncipe de este mundo que podría hacernos temblar, que podría acobardarnos aunque no tiene poder sobre Jesucristo. Así ha aparecido en el evangelio en la primera lectura nos encontramos estos heraldos de la paz y el evangelio sobre todo a Pablo, lo atacan lo persiguen finalmente lo apedrean y lo dejan por muerto, sus discípulos que son discípulos de Cristo le rodean y ahí se levanta. Y volvía a la ciudad de el texto. En estas ciudades que han aparecido mucho en estos días, Lystra, Iconium la región de Pamphylia esa región que actualmente es Turquía. En esa región estuvo predicando mucho Pablo pasó varias veces por ahí. Y en cada una de esas regiones y en cada una de las ciudades lo sentenciaron a muerte, tiene que huir varias veces, pero huir no es el verbo del día. Otra vez a seguir predicando, de manera que él está anunciando el evangelio él está predicando el reino de Dios y sin embargo, aunque es mensajero de Dios y trae buenas noticias pues lleva una vida dura y mala. Vamos a tratar de relacionar las dos lecturas. Jesús hace una obra de redención y viene un ataque del príncipe de este mundo. Un ataque tan fuerte que puede hacer temblar o acobardarnos. En la primera lectura Pablo anuncia el reino de Dios pero llegan ataques y persecuciones que podrían hacernos temblar y acobardarnos. Qué es lo que se nos quiere decir entonces con estas lecturas. Que la predicación de bien y de la obra de bien está marcada, está delimitada, está rodeada de esto, de dolor, de debilidad, de mal. Rodeada de persecución, rodeada de incoherencia, rodeada de traiciones, de enfermedades, de muertes. A veces uno cree que lo que va a suceder con el reino de Dios, es esto. Que va empezar en un punto, vamos a decir baldosines que va a empezar ahí. Y luego se va a propagar a otros baldosines y otros y otros y otros y finalmente vamos a tener como un espacio donde ya solo reina Dios, como una especie de manchas de amor que se va difundiendo, como una mancha de paz que se va difundiendo, pero resulta que parece no es así porque la gente que Jesús tuvo más cerca fueron desde luego sus apóstoles y ya en ese primer grupo ya hubo traición, mentira, cobardía. Entonces parece que no es así. Y Pablo cuando se queja lo que ha sufrido por ejemplo en la segunda carta a los Corintios dice: Todo lo que sufrido por los falsos hermanos y todo por su propia raza. Osea que la enseñanza de hoy es, que simplemente el que se mete de redentor muere crucificado. No es algo tan sencillo como decir, ser bueno cuesta trabajo. La enseñanza es más profunda creo yo. La enseñanza parece que fuera por este lado mire. Que nunca nosotros entendemos que estamos en el centro del bien, que nunca mientras vayamos por el camino de esta tierra podremos sentir que estamos en medio de los buenos, que por fin está todo limpio y tranquilo alrededor de nosotros. Es decir hay una especie de indigencia, una especie de pereza radical que tiene el ser humano en esta tierra, y el evangelio no quita esa indigencia radical. Uno quisiera que el evangelio obrara de esta manera, si Dios está por ejemplo, en una comunidad, una comunidad religiosa, Bueno, ya encontré el sitio en donde ahora todos somos del mismo ambiente, de la misma manera, ahora si todos estamos al mismo ritmo y el mismo modo. Estoy colaborando en un grupo de oración, yo quisiera ya, ya estamos seguros que los que estamos aquí, todos pensamos lo mismo. Soy sacerdote, entonces yo pienso que entre los sacerdotes todos vamos a pensar y sentir lo mismo. No, eso es lo que no va a suceder. Hay una soledad que el evangelio no sana, hay una pobreza, una diligencia que el evangelio no resuelve esto quiere decir que nosotros podemos apreciar las obras maravillosos del evangelio de Cristo, Si, podemos vivirlo cerca de nosotros. Pero apenas digamos ahora si estoy en la comunidad que es, ahora si estoy en la familia que es, ahora si todos pensamos lo mismo. Ahí vuelve a surgir la cercanía del príncipe de este mundo, y luego vuelve a surgir la persecución de los falsos hermanos y de los hermanos de raza. ¿Y por qué es así? ¿Por qué Dios quiere eso? ¿Por qué eso tan raro? Uno quisiera repito llegar algún lugar, llegar algún sitio y encontrar una comunidad, rodearse de algunas personas en que uno podría decir ahora si todos somos de los mismos, ahora si todos creemos lo mismo, esperamos lo mismo, tenemos una sola mente, ahora si funcionemos. Y este ideal como aparece en el Hechos de los apóstoles casi, casi se cumple. Pero los Hechos de los apóstoles es un libro demaciado real, como para dejarnos soñar tanto. San Marcos que fue compañero de Pablo, en alguna misión luego se había peleado con él, y eso entendieron, ya para la otra misión Pablo dijo ya no voy a ir con Marcos no voy, eso está ahí en los Hechos de los apóstoles. El primero entre los apóstoles Pedro, el más grande predicador Pablo. Pablo nos dice nos estrechamos la mano en señal de comunión, dice por ahí Gálatas, pero también dice en el mismos Gálatas que cuando estuvieron no se donde Pablo tuvo que salir de pelea con Pedro y tuvo que decirle no todo está siendo coherente con estas haciendo, porque tu ya no sigues la ley de Moises y ahora estás haciendo todo hipócrita, ¿Haciendo parecer que? Esto quiere decir que el evangelio es exactamente lo contrario a club, la Iglesia es totalmente distinto a un club. Nunca hubo alguien distinto en la iglesia, ahora si ya llegué, ahora si pensamos lo mismo, ahora si nos entendimos. Eso medio aparece, eso como entre sombra aparece, aparece. Pero eso no es la condición de la Iglesia. La condición más común de la Iglesia es, que nosotros llegaremos a hacer uno cuando cada uno se apoye sólo en Dios. Esta es la paradoja, si cada uno, por decirlo así, dejando de lado a sus hermanos es decir, no poniendo su esperanza en ellos, sino solo en Dios, si cada uno dejando de lado a sus hermanos, pone su esperanza, sola, solamente en Dios todos resultamos unidos. Pero si uno levanta la mirada dice estamos todos unidos el príncipe de este mundo se acerca. Esto quiere decir que ha sido voluntad de Dios, que el evangelio nos deje en esa indigencia continúa, en esa tranquila pobreza, en esa perpetua indigencia ¿Por qué? Porque solo es esa perputa indigensa uno aprende la lección. Y la lección es quiérame quien me quiera, recibame quien me reciba, o persígame quien me persiga, mi única esperanza es Dios. Y solo así, cuando yo me sienta apoyado en Dios llego hacer verdaderamente hermano de mis hermanos. Mire usted que, mire usted esta lección se aprende a veces con bastante dolor. Voy a comentar un ejemplo del él venerable Humberto de Romani maestro general de la orden de predicadores allá en sus comienzos. Él decía cuando uno llega a la orden, cuando uno llega a la comunidad, uno llega pobre y humilde y uno recibe todo como un regalo, pasa el tiempo y uno se va llenando de derechos, uno empieza a sentir que las cosas tienen que ser tal y cual manera, cuando uno tiene derechos quiere decir que uno ya está apoyado en Dios, sino que está apoyado que aquí se acostumbra, aquí siempre se ha hecho a sí, y que se supone que a mi y se supone que yo. Cuando ya uno tiene todos esos se supone, uno tiene mucho de su confianza puesta en las personas Y ahí es donde surgen las divisiones, los problemas, los conflictos de intereses en una comunidad religiosa en la iglesia. Pero eso decía Humberto de Romani que la manera de vivir verdaderamente, verdaderamente como religioso, yo creo que lo mismo vale para para la Iglesia, la única manera de vivir verdaderamente como religioso, es vivir cada cosa como un regalo, como un confín regalo. Sentirse como un recogido Dios prepara casa a los desvalidos. En realidad eso son ustedes, en una comunidad religiosa somos unos recogidos, recogidos pero el amor de Dios, recogidos. Pero aquí pasa lo mismo con las casas de misericordia que tienen las hermanas de la madre Teresa de Calcuta. Cuando llega el mendigo sacado de bajo un puente llega humilde, pero cuando ya se lavo, ya se bañó, ya se afeito, ya lo despiojaron, cuando ya tiene ganas de salir, en eso le traen otro mendigo sacado de otro puente, ah, porque le van a dar sitio, ya es dueño, ya se adueñó. Eso mismo hacemos es con la iglesia. Pero Dios no entra en nuestro juego. Por eso Dios nos manda a que solo nos apoyemos en él. Y el que está fijándose sólo en él, tiene entrañas para para recibir perfectamente a otros. El que no tiene entrañas en Cristo siente una continua desconfianza sobre todos los otros, todos los otros, todos los demás son sospechosos, todos los que no son yo y mis amigos es eso sospechoso, peligroso. Eso se llama pura carne, esa no son las entrañas de Jeús, así no es cómo ama Dios, ahí está uno defendiéndose, está uno asegurándose. En cambio la iglesia funciona de otro modo. Es gente que solo se apega en Dios, y el que solo se apega en Dios puede acoger a todos, todos le caben en el alma, por que si todos los recibe Dios, el mismo Dios que me recibió a mí, bendito Dios que estas. De las muchas personas que han vivido esto, me parece que el ejemplo más hermoso, tal vez el más conocido en la iglesia católica es San Francisco de Asis. San Francisco vivia su vida como un puro y perpetuo regalo. Y cuando inicio la comunidad, la inicio así como un puro y perpetuo regalo. El señor que me regala agua, el señor que me regala alimento, el señor que me regala sol y aire, me regala hermanos también. Como le voy a aceptar a Dios el sol y no le voy a aceptar a mis hermanos, como le voy a aceptar el agua y el alimento y no a prójimo que él me da, Si acepto al hermano lobo, sí acepto al hermano hermano gusanito, si acepto al hermano árbol, a la hermana luna, como no aceptar a mi hermano, hermano. El que es verdaderamente pobre de corazón, el que sabe a vivir su vida como regalo que entiende que nada se le debía. Ni se le debía la vida, si se le debía la fe, ni se le debía el perdón, ni se le debía la gracia. El que entiende nada se le debía es que vive, colgado de Dios. O si queremos darle vuelta a la imagen, apoyado solo en Dios, uno que solo está apoyado en Dios y recibe y recibe y recibe y todo el universo le cabe en el corazón, todo el mundo en el alma. Porque si cabe en Dios, porque no va a caber en mi. Así de sencillo, así de cierto, así de poético. Nuestra enseñanza entonces apoyarnos en el señor, ser el lugar donde él reina. Yo solo puedo garantizar que Dios reina en un sitio ¿Cual? tú, tú. Asegurarte que Dios reine ahí. Lo demás, lo demás es tan engañoso, lo demás está lleno de tanta carne, de tanto engaño, de tanta intriga, de tanta envidia, de tanta sospecha, que no es raro que esté por ahí el príncipe de este mundo. Nuestro trabajo, nuestro único trabajo, nuestro bendito trabajo es asegurarnos que Dios reine en nosotros y a partir de ahí convertirnos en ofertas continuas, en perpetuos manantiales que ofrecen y manifiestan el amor, la bondad, la gracia de Jesús. Eso es lo que hizo San Pablo, eso es lo que vivió San Pablo, eso es lo que estamos llamado hacer.

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