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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Amar a Cristo no es el privilegio de una élite, quien lo ama guarda su Palabra y se hace dócil al Espíritu Santo por los dones y carismas que todos hemos recibido.
Homilía p051014a, predicada en 20190520, con 5 min. y 36 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del Capítulo Catorce de San Juan. Judas, no el Iscariote, nos aclara el pasaje que hemos oído. Le pregunta a Jesús ¿Qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo? Y la respuesta de Cristo es un poco larga y un poco compleja. Parece que no es una respuesta directa. Qué podemos aprender de esta pregunta y de esta respuesta.
La pregunta del Iscariote tiene una enorme importancia cuando nosotros pensamos en cómo funcionaban las religiones y los cultos en aquella época. La norma, lo realmente común en las religiones de Oriente fue siempre el secreto. Secreto que consiste en que hay unos pocos que sí saben cómo funcionan las cosas. Hay unos pocos que sí están en el verdadero conocimiento, mientras que hay muchos otros que apenas van empezando a comprender.
De hecho, ese es el esquema propio de la gnosis. La gnosis en sus diversas expresiones antiguas o modernas, funciona de esa manera, también de esa manera funciona la masonería y también de esa manera funcionan los más diversos elitismos que ha conocido el mundo.
Siempre el funcionamiento es a base de un conocimiento que queda reservado a unos pocos, mientras que los demás solo poco a poco van llegando a ese saber. Por eso hay grados. Por ejemplo, en la masonería se dice que son treinta y tres grados, de manera que el jovencito, el joven adulto que entra en la masonería, seguramente engañado por muchas promesas que le hacen, no se imagina lo que viene después.
Parece que Judas, en este momento, este Judas Tadeo. No el Iscariote, repito. Parece que Judas está empezando a sentir eso. Está empezando a sentir que él pertenece como al grupo de los elegidos. Nosotros sí que sabemos. Nosotros sí que conocemos. Nosotros somos los que estamos en el verdadero conocimiento. Pero la respuesta de Cristo de inmediato rompe ese esquema elitista.
Porque la respuesta de Cristo tiene dos partes. La primera parte es el amor. Y la segunda parte es el don del Espíritu. Y resulta que amar a Cristo, amarlo con todo nuestro ser, no es el privilegio de una élite. El que me ama guardará mi palabra. Eso quiere decir que el gran criterio no es si yo ya estoy en el grado veintitrés o si estoy en el grado treinta y tres. El gran criterio es el que me ama, guardará mi palabra. Y nos damos cuenta que cerca de la cruz, quien recibe los secretos preciosos del Corazón de Cristo es el discípulo amado, es el amor. Y la primera que recibe la noticia de la resurrección es aquella mujer que tanto amó a Jesús y que de él recibió un amor transformante. María Magdalena.
Entonces, élites no. Las diferencias y esto lo explica muy bien también Santo Tomás de Aquino. Las diferencias, si las hay entre los cristianos, no provienen ciertamente de especies de grados en ese sentido de privilegios. Privilegios y elitismos no. Amor, amor que hace que yo custodie y guarde la palabra de Cristo para que esa Palabra dé fruto en mí. Eso sí que existe.
Y lo segundo es la donación del Espíritu Santo. Espíritu Santo, que tiene multitud de dones y carismas, multitud. Y esos dones y carismas, como nos enseña rectamente la Constitución dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano Segundo, se manifiestan esos dones, se manifiestan tanto en la jerarquía, por ejemplo, en nuestros obispos, que son nuestros legítimos pastores, como en los más humildes bautizados. De manera que no hay monopolio del Espíritu Santo y con mucha frecuencia humildes cristianos que no tienen otro título que su bautismo, han llegado a recibir inmensas luces del Espíritu sin ningún título académico.
Qué profundidad en las enseñanzas del Santo Cura de Ars, sin ningún título académico. Doctora de la Iglesia es Santa Catalina de Siena, sin mayores reconocimientos académicos ni eclesiásticos. Ahí tenemos a Concepción Cabrera, recientemente beatificada, aquella laica mexicana, madre de familia.
Fíjate cómo en realidad este es un pasaje precioso que está rompiendo los esquemas del elitismo y del gnosticismo y nos está invitando por el camino del amor a guardar la Palabra de Cristo y por el camino del Espíritu, a ser dóciles a los carismas que todos hemos recibido.

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