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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El camino para saber quién eres, para qué existes, cuál es el futuro que te aguarda, quién es Jesús y su Padre, es amando, guardando la Palabra de Cristo y acogiendo al Espíritu.
Homilía p051012a, predicada en 20180430, con 6 min. y 0 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de San Juan es único en muchos sentidos. Y una de las características muy propias, realmente únicas de San Juan, es que nos presenta la Última Cena, no solamente como el lugar donde se come, sino también el lugar donde se conversa. Y la conversación de Jesús con sus discípulos en la Última Cena nos deja varios capítulos absolutamente preciosos de este Evangelio de Juan. Capítulos Trece, Catorce, Quince, Dieciséis y Diecisiete. Cinco capítulos completos que nos presentan confidencias, que nos presentan el corazón abierto de Cristo.
Recordemos que este es también el evangelista que nos habla de aquella lanzada con la que fue abierto el costado del Señor cuando ya estaba muerto en la cruz. Pues bien, el corazón abierto de Cristo no ha sido abierto solamente por esa lanzada brutal de aquel soldado. Antes de ese acto de violencia, el corazón de Cristo se abrió, y no por violencia, sino por amor. Y se abrió por amor para revelarnos los secretos de su unión con el Padre. Para revelarnos el camino de la vida. Para revelarnos el don del Espíritu. Para abrir, en fin, en nuestros propios corazones un camino para su gracia.
El corazón abierto de Cristo abrió nuestros corazones. Qué bello pensarlo así y qué bello agradecerlo.
En ese contexto, nos damos cuenta que hay toda una conversación de Cristo con sus apóstoles y son varios los que intervienen. Entra Felipe, entra Tomás, Judas, el Iscariote, Pedro, Juan. Y ahora, en el pasaje de hoy del Capítulo Catorce, aparece el otro Judas, el que llamamos Judas Tadeo, no el Iscariote, aclara muy juiciosamente el evangelista San Juan.
Judas Tadeo entra para hacer esta pregunta ¿Qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo? Parece que Judas Tadeo quería una revelación fulgurante, algo que no dejará ninguna clase de duda, algo que fuera tan completamente avasallador que todos tuvieran que admitirlo. Algo así como lo que puede pasar cuando hay un eclipse. Si hay un eclipse que es una señal en el cielo, pues nadie puede negar que todo se puso oscuro. Es una señal clarísima. Entonces, por eso los adversarios de Cristo le decían Bueno, haz una señal en el cielo, porque si haces una señal en el cielo, entonces nosotros vamos a poder darnos cuenta que tú eres en verdad el Mesías. Le decían eso. Haz una señal en el cielo.
Entonces Judas Tadeo está un poco en la misma línea. Le está diciendo a Cristo ¿Por qué no haces una señal así? Por qué no te muestras a todo el mundo y ya queda claro para todos. De hecho, la entrada de Cristo en Jerusalén tuvo bastantes rasgos de lo que quería este Judas Tadeo, porque en esa entrada gloriosa, allá en Jerusalén. La gente lo aclamaba. Los niños cantaban Hosanna. El pueblo batía palmas. Es decir, fue una demostración clarísima. Y esa es la claridad que quiere Judas Tadeo. Yo quiero que se note, quiero que se vea que tú eres el Mesías.
Cristo de inmediato le responde en una clave distinta. Cristo de inmediato le dice no, no es por ahí. Y nos da tres verbos que son preciosos porque muestran el hilo que nos lleva realmente al corazón de Jesús. Dice el que me Ama, primer verbo guardará mi Palabra, segundo verbo, y vendremos a él, y haremos morada en él. De manera que los verbos que nos corresponden son esos. Cristo no quiere imponerse con la fuerza de un tirano, con la fuerza de un dictador que simplemente utiliza a veces incluso la agresión para hacerle ver a todos, yo soy el que mando. Ese no es Cristo.
El lenguaje que Cristo quiere establecer con nosotros. La alianza que Él quiere establecer con nosotros es muy diferente. El que me ama, entonces, para que yo me revele a ti, dice Cristo. Lo primero es eso, el Amor, lo segundo guarda mi Palabra y lo tercero recibe mi Espíritu. Si tú descubres lo que es ese Amor, si tú guardas mi Palabra y si tú recibes el Espíritu, entonces tú sabrás quién soy yo. Y luego, si sabes quién soy yo, sabrás quién es mi Padre. Y si sabes quién soy yo y quién es mi Padre, sabrás también quién eres tú.
Como decía hermosamente Juan Pablo Segundo, citando al Concilio Vaticano Segundo. Cristo le revela el hombre al hombre mismo. Tú vas a saber exactamente quién eres y para qué has venido a la existencia y cuál es el futuro que te aguarda. Y tú vas a saber quién soy yo y quién es mi padre. Eso lo vas a saber. Pero el camino es el amor. El guardar esa palabra de Cristo y el acoger el don del Espíritu Santo.

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