Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo no quiere darnos simplemente un conocimiento: quiere ser nuestra verdad.

Homilía p051009a, predicada en 20120507, con 4 min. y 51 seg.

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Transcripción:

Bueno, cuando se habla de la quinta semana del Tiempo Pascual creo que ya se puede utilizar la expresión recta final. La verdad es que la Pascua tiene una dirección muy clara. Empieza, como lo sabemos, con la solemnidad. La solemnidad de solemnidades, que es la Pascua misma, la cual le da nombre a todos estos días. Y luego el Tiempo pascual termina en Pentecostés. Cuando recordamos y hasta cierto punto actualizamos ese regalo, ese don del Espíritu Santo.

La Pascua viene a ser una invitación a levantar la mirada. Porque cuando Cristo vence a las cadenas de la muerte, cuando Cristo vence el frío del sepulcro y se levanta victorioso, pues con Él se levanta nuestra mirada. Pero luego en Pentecostés, ese movimiento se completa porque de lo alto del cielo y de la profundidad bellísima de Dios viene el don del Espíritu Santo y entonces hay un movimiento descendente.

O también se puede decir que con la resurrección, nuestro barro, nuestra tierra se hace presente en el cielo. Mientras que con la efusión del Espíritu, la belleza diamantina del cielo se hace presente en la tierra. En cualquiera de los dos casos hay una profunda comunión que hace que, sin dejar de ser Dios nuestro Dios, y sin dejar de ser nosotros su pueblo y ovejas de su rebaño, llegamos a una unión tan profunda que podemos repetir con el apóstol San Pedro hemos sido hechos partícipes de la naturaleza divina.

Si ya nos vamos acercando a esa gran solemnidad de Pentecostés, pues conviene que vayamos aprendiendo, recordando que es lo que ese don del Espíritu hace en nosotros. Y la enseñanza del día de hoy, tomada del Capítulo Catorce de San Juan, nos está presentando un elemento fundamental el Espíritu que revela, el Espíritu, que trae esa luz, que trae ese conocimiento.

Todo surge en el pasaje de hoy a partir de una pregunta. Una pregunta bien profunda que hace el apóstol Judas Tadeo. Vamos a llamarlo así junto con la tradición. Por supuesto, es distinto del Judas, el traidor que era Judas Iscariote. Judas Tadeo le pregunta a Cristo ¿Qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo? Ese modo de revelación tuyo. ¿Por qué sucede así? No podremos saber nunca cuál fue la motivación de Judas Tadeo al hacer esta pregunta. Quizás él estaba esperando un tipo de respuesta que destacara las virtudes o las cualidades de ellos. Algo como ustedes son especiales, ustedes son muy especiales. O tal vez quería asomarse un poco a la estrategia, por darle un nombre, la estrategia el plan de Cristo para llevar adelante su obra de transformación del mundo y en primer lugar, la liberación de Israel.

O quizás Tadeo estaba simplemente perplejo porque él decía pues si es tan grande el poder de Cristo y si ese poder levanta muertos, multiplica panes, expulsa demonios, pues si es un poder tan grande, pues que muestre de una vez ese poder y que quede claro que ya llegó el Reino de Dios y se acaba el problema.

Pero Jesús le responde en una clave diferente. La verdadera revelación se da a través del amor. El que me ama guardará mi palabra, vendremos a Él y haremos morada en Él. Es decir, Jesús lo que quiere no es darnos un conocimiento, sino darse Él mismo para ser nuestra verdad. Y esto es lo que va a hacer el Espíritu. Por el Espíritu, por la llegada del Espíritu, llega a nosotros el misterio entero de la Trinidad. Alabanza su nombre. Amén.

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