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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La pregunta de Judas Tadeo sobre por qué Cristo se revela a los discípulos y no al mundo es una de varias señales de cómo los discípulos querían una demostración fuerte de poder. Pero Cristo no cree en esos cambios que llegan desde fuera.
Homilía p051008a, predicada en 20110523, con 18 min. y 41 seg. 
Transcripción:
El Evangelio según San Juan nos cuenta de la última Cena, pero añade algo que no tienen los otros evangelios. Y eso que añade son los discursos de Jesús. Podemos decir discursos de sobremesa. Ha terminado la comida. Tampoco era mucha comida una cena de Pascua en aquella época y Jesús pasa a alimentarlos de otra manera, alimentarlos con su palabra, alimentarlos, sobre todo con el don de su amor. Entonces, en el Evangelio de Juan están esos discursos que ocupan los capítulos catorce, quince, dieciséis y diecisiete. En esos discursos Jesús está abriendo su corazón en esos discursos, misterios sublimes fueron revelados, en esos discursos Cristo anuncia la llegada del Espíritu Paráclito. Y sobre todo en ese momento, los discípulos pueden contemplar una de las oraciones más hermosas que se hayan pronunciado en esta tierra. Esa oración que se llama sacerdotal está en el capítulo diecisiete de San Juan. Y de verdad les invito a que nos acerquemos a ese texto en otro momento. De hecho, lo vamos a tener más adelante en las misas de entresemana. Ese es el contexto del Evangelio que hemos oído hoy. El contexto es Cristo sentado a la mesa con sus discípulos. En esa cercanía de un banquete de hermanos y de amigos. porque también fue en estos discursos donde Cristo les dijo palabras como las siguientes: Ustedes son mis amigos, yo los he elegido. Yo soy la vid y ustedes son las ramas. Es decir, todo el lenguaje de Jesucristo es un lenguaje cargado de profundo amor. Y en ese contexto, los discípulos se sienten con un poco más de libertad para intervenir. Porque fíjate que a lo largo de la vida y el ministerio público del Señor, los discípulos siempre están callados. Allá Él que hable y nosotros aquí callados. Y se ve que muchas veces no entendían. Jesús utilizaba imágenes, metáforas, símiles y con mucha frecuencia esta gente no le entendía porque el mismo Cristo los escogió así. Hombres muy, muy sencillos, podríamos decir rústicos, ignorantes. Entonces, a veces Jesús decía las cosas y se las entendían como no era. Una vez, por ejemplo, quiso advertirle sobre la perniciosa influencia de los fariseos y les dijo: Cuidado con la levadura de los fariseos. Entonces los apóstoles empezaron a comentar, debe ser por lo que no trajimos pan. No le entendían. Ellos estaban como en un nivel y Jesús en otro. En otra ocasión les dice cuando ya llega el momento prácticamente final, les dice: En otra ocasión les hablé de paz, pero ahora el que tenga una espada consígala. Y entonces Pedro lo tomó literalmente y se consiguió por ahí una puñaleta o alguna cosa con la que hirió al soldado aquel en el Jardín de Getsemaní. No le entendían mucho a Cristo, pero les daba miedo preguntar. Jesús les decía: El Hijo del Hombre va a ser entregado. Y ellos quedaban así como sin entender mucho. Y nos dicen incluso los evangelios les daba miedo preguntar, cosa que es muy grave, porque el que no pregunta no aprende. Pero aquí en la Última cena intervienen más. Por ejemplo, vemos que Tomás le pregunta, por ejemplo ¿No sabemos a dónde vas, cómo vamos a saber el camino? O Felipe le pide muéstranos al Padre y nos basta. Y aquí hay otro que interviene en el Evangelio de hoy, el que nosotros llamamos Judas Tadeo. Porque había dos Judas, el Iscariote, el traidor, y este que interviene hoy, que es Judas Tadeo. Entonces Judas Tadeo le dice: ¿Qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo? Esa es la pregunta que hace este Judas. Hay que reconocer que no es tan fácil ser discípulo de Jesucristo, por lo menos si uno se guía por el Evangelio de Juan, porque yo le he seguido la pista a las preguntas que la gente le hace a Cristo en el Evangelio de Juan. Y uno siempre se queda con la impresión de que Jesús como que no responde directamente, como que se va por otro lado. Aquí le pregunta a este Judas ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo? Pero ¿qué hay en esa pregunta? Recordemos que el mayor desnivel que había entre los discípulos y Cristo es que tenían dos formas muy distintas de mirar el reino de Dios. Para los discípulos, el reino de Dios era un asunto supremamente terrenal, con implicaciones políticas. Se trataba de sacudirse el yugo del Imperio Romano y se trataba de devolverle el esplendor a Israel. Podemos decir que la imagen que esta gente tenía ya en su cabeza cuando ellos les decían Reino de Dios, lo primero que les venía a la cabeza era el esplendor, la independencia, la grandeza, la abundancia que se vivieron en tiempos del rey David. Eso era lo que ellos tenían en la cabeza. Mientras que Jesús, cuando habla del Reino de Dios, habla fundamentalmente de la victoria sobre el demonio, sobre el pecado. Eso tiene resonancias políticas, claro, tiene resonancias económicas, pero no es en primer lugar un hecho ni social ni económico, sino que parte de algo mucho más profundo. Parte de la realidad del corazón. Entonces ese sí que era el peor de todos los desniveles entre los discípulos y Cristo. Cristo hablando del Reino de Dios, el Reino de Dios. Y esta gente esperando, pues a qué horas va a empezar a organizar ya en serio. Cuándo se iba a terminar el prólogo y cuando iba a empezar el libro. Y cuando ya Cristo los reúne y empieza a hablarles de todo esto, pues seguramente algunos de ellos estaban esperando. Bueno, ahora sí, ya vamos a pasar un poquito como de la teoría a la práctica. Tenemos a un hombre que tiene poder de milagros, tenemos a un hombre que tiene autoridad, tenemos a un hombre que es capaz de conmover multitudes. Ahora sí viene lo bueno. Pero cuando ya viene lo bueno, Cristo lo que hace es que se deja agarrar por sus enemigos, lo azotan, le ponen la corona de espinas, lo matan. Es decir, antes no se volvieron locos esos señores, porque en ese momento quedó claro el total desnivel que tenían entre su modo de pensar y el de Cristo. Por eso podemos entender la pregunta que hace Judas Tadeo de la siguiente forma Él pregunta ¿Qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo? No es una pregunta teórica abstracta como si Judas Tadeo estuviera pensando a ver. ¿Cuál es la dinámica interna de la revelación? ¿Cuáles son las posibilidades de un Dios que se revele? No, él estaba pensando una cosa muy concreta, la revelación ante el mundo es usted cuando va a aparecer como general, victorioso, cuando es el momento en el que usted va a empezar a mandar. ¿Por qué esto se queda aquí únicamente entre nosotros? ¿Cuándo esto va a empezar a funcionar? Esa es la pregunta que está haciendo Judas Tadeo, y esa pregunta ha tenido unos efectos muy grandes a lo largo de la historia. Por ejemplo, tenemos en Paraguay, con todo el respeto por la nación hermana, el caso de un obispo que ahora es presidente, el señor Lugo. El obispo estuvo predicando el amor, la reconciliación, la conversión y todo eso, pero llegó el momento en el que dijo esto hay que meterle, es en serio. Y entonces entró a la política. En Asturias en España es muy sonado el caso de otro sacerdote que también dejó tanta predicación, tanto rezo, tanto cirio encendido. Vamos a lo que es los decretos, la gente echar gente a la cárcel. Entonces esta ha sido una tentación o tentación o posibilidad que ha visto mucha gente aquí en Colombia todavía se recuerda el famoso caso del cura Pérez, que dejó tan mala estela y se recuerda el caso del cura Camilo Torres. Ve que sí ha habido gente que con esta pregunta dice, dejémonos de tanto rezo, dejémonos de tanta espiritualidad y vamos a empezar a cambiar las cosas en serio. Puede pensarse que por ese lado iba la pregunta de Judas, de este Judas ¿en qué momento esto sale aquí? Como este círculo ya estuvo buena de la teoría y la viña y el sembrado y el trigo. Bueno, ya esa parte quedó clara. Ahora vamos a pasar a la acción, vamos a lo que es. Jesús le responde en una clave muy distinta El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. Ustedes ven el absoluto desnivel que hay. El uno está esperando el momento en el que se establece un nuevo régimen y Jesús está hablando de la revelación a través del amor. El problema que tienen las revoluciones, el problema que tienen esos cambios que suceden desde fuera, esos cambios que no cambian el corazón, es que a cada revolucionario le sigue otro y le sigue otro y le sigue otro. Y muchas veces los más pequeños y los más pobres son simplemente utilizados. Recientemente estaba escuchando unas conferencias sobre la independencia de Colombia de esta famosa historiadora que ustedes conocen, Diana Uribe. Estaba oyendo sobre el proceso de independencia en nuestros países, sin que ella sea ni el único oráculo ni la única autoridad. Me parece que acierta en muchas cosas y una de las más interesantes es que dice, que cuando empezó todo este movimiento independentista, dos grupos humanos que aquí en Colombia y en el resto de Latinoamérica no sabían dónde situarse, eran los indígenas y los afroamericanos. Los indígenas le creían más a la corona española que a estos revolucionarios tipo Santander, Miranda, Bolívar, Sucre y todos los demás, porque estaba muy claro que era lo que querían los de la independencia. Los de la independencia, desde la traducción de los derechos del hombre hecha por Antonio Nariño, que fue como ese detonante de la independencia, lo que querían era esto. Qué es el documento ese de los derechos del hombre y del ciudadano que viene del contexto de la Revolución Francesa, es declarar ciudadanía. Pero en Francia el ser ciudadano significa algo que cobija a todos los franceses. Entonces, la gran preocupación de los criollos aquí en nuestras tierras era por qué si mi papá es español y mi mamá es española, yo no tengo derechos de español. Ese era el problema de ellos. Entonces ellos lo que querían era ensanchemos el círculo, porque nosotros queremos nuestra tajada de poder. Pero resulta que ensanchamos el círculo. ¿Hasta dónde? Y hay una cosa tan humana. Todo el mundo quiere ensanchar el círculo, pero hasta quedar adentro. Por eso se dice que lo malo de las roscas es no estar en ellas. Entonces todo el mundo quiere ensanchar el círculo, ensanchemos el círculo, de modo que ahora también nosotros somos ciudadanos. Pero si tú le hubieras preguntado a un Bolívar o le hubieras preguntado a un Santander, o todos esos que además todos eran masones, si tú les preguntas a ellos qué era lo que les interesaba, a ellos les interesaban dos cosas lograr su ciudadanía y lograr romper con la corona española de manera que la riqueza no saliera de aquí. Es decir, ellos están buscando poder y están buscando administrar esta riqueza con grandes ideales, con unos discursos muy grandes. Pero resulta que el indígena, o como dicen en algunas partes, esa palabra es medio insultante en unos países, pero yo no la uso aquí. En ese contexto, el indio, el Cholo que está por aquí y que le conoce el corazón a Bolívar y a Santander y a los demás masones, no está tan seguro que le vaya a mejorar las cosas y no les mejoraron. La gente vive diciendo tonterías de que la Iglesia acabó con las culturas indígenas. Es verdad que hubo cosas, unas pocas. Pero mire. Franciscanos y dominicos, lo primero que hicieron al llegar a estas tierras fue escribir gramáticas, escribir diccionarios, aprender las lenguas, meterse con las costumbres, tratar de llegar allá. ¿Qué fue lo que hicieron todos estos masones cuando llegaron al poder? ¿Qué fue lo primero que hicieron? Desinteresarse de todo eso. Las ayudas que llegaban a los indígenas se acabaron con la independencia. Esa es una verdad incómoda pero es real. ¿Por qué cito aquí eso? Porque eso demuestra cómo funcionan las estrategias puramente políticas y de poder ensanchemos los derechos hasta quedar adentro. Pero una vez que nosotros quedamos adentro, que ya no entre nadie más, No. Qué es lo que hacen los comunistas cada vez que llegan a un país. Cierto. Tiene que haber democracia. Tiene que haber confrontación de ideas. Nosotros somos, hasta que la. Tiene que haber una discusión amplia, muy amplia, tan amplia que yo pueda caber. Pero una vez que yo ocupe, ahí se acaba la discusión. Entonces ya no hay más partidos, ya no hay más democracia, ya me senté yo en el poder, ya no salgo de ahí. Entonces Jesús no le cree a ese camino. Lo que estaba pidiendo este Judas Tadeo que después cambió. Claro, porque es que el Espíritu Santo lo cambia a uno. Pero lo que estaba pidiendo este Judas Tadeo es en qué momento llega la contundencia. Muéstrese, muéstrese, que se vea que usted es el poderoso, muéstrese. Y Jesús lo que le está respondiendo es hermano, no es por ahí, no es por ahí, porque por ahí se metió Lenin y se metió Stalin y se metió Fidel Castro y a veces me da miedo que hasta nuestro querido vecino se haya metido por ahí. Es decir, ensanchemos la discusión hasta que yo tomé el micrófono, pero una vez que yo tomo el micrófono se callan todos. Ensanchemos la democracia hasta que yo sea un partido político, pero una vez que yo gane el poder, se acaba la democracia. Jesús dice: Eso no vale, ese no es el camino. El camino que propone Cristo es distinto. Establece tú una conexión de amor conmigo. Logra tú que el Reino se instaure en tu corazón. Y entonces entiendes lo que es la revelación del Reino de Dios. El Evangelio no nos dice qué respondió Judas. Probablemente no entendió ni una palabra de ese lenguaje, probablemente. Ellos no entendían nada de esto. ¿Por qué creo yo que no entendían nada? Porque el libro de los Hechos de los Apóstoles cuenta que ya Cristo ha resucitado. Se les aparece Cristo resucitado. Hay escenas de una ternura. Se les aparece Cristo resucitado. Imagínese, ha vencido a la muerte. Primera pregunta. Uno de los apóstoles. ¿Ahora sí vas a restaurar el reino y vas a sacar a los romanos? Ellos seguían en lo mismo. Ya está resucitado el Señor. Bueno, ahora resucitado, con más veras, con más veras. Porque puede atacar a los romanos. Aquí se les desaparece y los ataca allá. Y ellos se imaginaban como un Superman, como un hombre invisible como no sé qué. El único que les cambió la cabezota a los apóstoles fue el Espíritu Santo, y solo el Espíritu Santo nos puede llegar a convencer de que ese camino, que es el camino del Amor, que es el camino de la oración, que es el camino de la santidad, que es el camino de la conversión. Ese es el camino, ese es el camino. Claro, uno mientras llega ese camino tiene que seguir dando clases y el que está en política tiene que trabajar en política y el ingeniero hacer su ingeniería y el médico hacer su medicina. Pero todos tenemos que saber que el verdadero y profundo cambio del ser humano no llega si no es por este camino de Cristo. Lo demás es repetir la misma historia que nos cuenta, la independencia de Colombia y que nos cuentan tantos otros relatos. Entonces, ¿qué le pedimos al Señor en este momento? Que nos abra esa revelación, que nos regale. Ya tenemos que empezar a pedir el don del Espíritu Santo, que nos regale ese don del Espíritu para que entremos por el camino de la verdadera revelación y así podamos experimentar el Reino de Dios en la escala que Dios quiere. Sigamos esta celebración. Preparamos el pan y el vino y le pedimos al Señor ese don del Espíritu para que tengamos verdadera escuela de vida interior.

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