Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La evangelización, lo mismo que la vida cristiana misma, puede verse como un proceso y progreso de la ambigüedad a la claridad.

Homilía p051007a, predicada en 20110523, con 7 min. y 5 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Hay un momento en el que las obras de Dios permanecen borrosas o ambiguas. Pero hay también cosas que suceden que son tan claras que hablan de tal manera de su poder que ya no se pueden negar. En el Antiguo Testamento vemos, por ejemplo, la confrontación entre Elías, que es el profeta de Yahvé y los muchos profetas de Baal. Resulta que Elías dice oráculos, pero los profetas también. Elías hace algunos milagros, pero los profetas también. Entonces las cosas llegan a un punto en el que Elías, como recordamos, convoca al pueblo ante el Monte Carmelo y ahí sucede la hora de la verdad. Vamos a ver cuál es el Dios verdadero. Vamos a ver cuál es el Dios que hace bajar fuego del cielo. Y en esa confrontación queda claro que sólo Yahvé es Dios.

Incluso antes de Elías, si recordamos a Moisés, también ahí se da primero una ambigüedad y después una claridad. Recordamos que Moisés convierte su cayado en una serpiente. Pero el texto del Éxodo nos dice que los magos, los sacerdotes de las deidades egipcias, logran hacer lo mismo. Y de ese modo Faraón queda en una situación ambigua. De modo que la historia de las plagas es la historia del paso de la ambigüedad a la claridad. Finalmente, será Dios, el Dios verdadero, el que lleve a israelitas y a egipcios a reconocer que solo Yahvé es Dios.

En los Hechos de los Apóstoles hay dos momentos así semejantes. Se trata de personas que están lisiadas paralíticas de nacimiento. Que un enfermo se cure. Eso se puede lograr de muchas maneras, pero que una persona que jamás ha podido caminar por la sola palabra de otro ser humano se cure, se levante, camine, salte, dance. Esto ya es demasiado claro. Al principio del libro de los Hechos, después de Pentecostés, encontramos a Pedro y Juan que van entrando al templo de Jerusalén y hay un paralítico que está junto a la puerta llamada Hermosa. Y recordamos la escena, Pedro le dice: Oro ni plata tengo. Lo que tengo te lo doy en el nombre de Jesús levántate y anda. La escena se repite de modo muy parecido en este capítulo catorce de los Hechos. Esta vez el instrumento es Pablo. Pablo se queda mirando a ese otro hombre, a ese otro paralítico de nacimiento, y con la sola fuerza de su palabra lo levanta. Levántate, ponte derecho, le dice. Y este, que nunca había podido caminar, se levanta y puede saltar y puede expresar con su propio cuerpo la grandeza del poder de Dios. La ambigüedad queda atrás. Esto, esto ya no deja duda.

De alguna manera, el trabajo de la evangelización y la obra de la misión consisten en eso. Salir de la ambigüedad y llegar a la claridad es manifestar, es revelar el poder, la grandeza de Dios, es mostrar que sólo Él es Señor. La manera cómo continúa el milagro que hicieron Pedro y Juan es parecida a la manera cómo continúa el milagro de Pablo y Bernabé. El paralelo es bastante cercano. La gente se queda mirando a Pedro. Y Pedro tiene que decir. ¿Por qué nos miran así? Como si hubiéramos hecho algo. No somos nosotros. Es por el poder de Jesús que viven. Lo mismo le toca decir a Pablo. De una manera muy vigorosa. Tienen que convencer a estos licaones. No somos nosotros Pablo y Bernabé, es Dios el que hace estas cosas. Pero luego, después de esa primera oleada de admiración, viene la oleada de persecución cuando se muestra claramente Dios. Cuando ya desaparece la ambigüedad, entonces viene el ataque. Podría decirse viene la venganza del enemigo.

Entonces Pedro y Juan son encarcelados, son humillados, son azotados. Un destino semejante vendrá para Pablo y Bernabé también. Ellos van a ser perseguidos, apedreados, encarcelados. Pero también Pedro y Juan continúan valientemente y son defendidos por Dios. También Pablo y Bernabé continúan valientemente. Hay un paradigma y ese paradigma nos invita a nosotros a ser reveladores del Dios vivo, a salir de la ambigüedad, a mostrar claramente quién es Él. Sabiendo que habrá que pasar por la admiración incluso excesiva, y pasar por la persecución injusta. Lo importante es que, más allá de los aplausos o los insultos, sigamos siendo expresiones del Dios vivo, revelaciones de su gloria incomparable.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM