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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La evangelización se abre paso con dificultad en todas partes. Si a los judíos les parece difícil convencerse de ese extraño mesías muerto y resucitado, a los paganos les resulta demasiado fácil confundir el Evangelio con los mitos de sus religiones.
Homilía p051006a, predicada en 20110523, con 4 min. y 18 seg. 
Transcripción:
Inauguramos esta semana Quinta del Tiempo Pascual, con una escena bastante pintoresca del capítulo catorce de los Hechos de los Apóstoles. Podemos decir que les iba saliendo bastante caro a los apóstoles, en este caso a Pablo y Bernabé. Una obra buena que hicieron. Nosotros recordamos seguramente que en los comienzos de este libro de los Hechos de los Apóstoles, Pedro y Juan realizan un milagro que es sanar a un hombre paralítico, y ese milagro les trae muchos problemas con las autoridades judías. Pues también aquí se trata de un milagro en la ciudad de Listra y también se trata de un paralítico. Y también hay problemas y problemas graves con las autoridades. Pero primero problemas, incluso con la misma gente que ha resultado beneficiada por el milagro o por lo menos que ha sido testigo del milagro. ¿Qué fue lo que sucedió? Bueno, según hemos visto, Pablo y Bernabé deciden dedicar su ministerio a los gentiles, es decir, a los paganos. Porque está claro que en las comunidades de judíos no quieren saber de ellos. Pablo trae esta noticia que Cristo es el cumplimiento de las promesas de Dios, que Cristo es la buena noticia, que Él es el Mesías. Pero este Mesías resulta demasiado difícil de reconocer para los judíos. Ellos estaban esperando, seguramente lo mismo que los judíos de Palestina. Estaban esperando una especie de rey victorioso que devolviera su independencia y su prosperidad a Israel. Y entonces, cuando se habla de este Mesías crucificado, resucitado, por más que la resurrección despertara cierta extrañeza, no alcanzaba a cautivar los corazones del pueblo, del Mesías, del pueblo de Cristo, es decir, de los judíos. Entonces Pablo y Bernabé se dedicaron a los paganos a evangelizar a los paganos, pero tampoco la tarea resulta sencilla, ni siquiera cuando hay milagros de por medio, porque entonces la gente de aquel lugar es una zona que en esa época se llamaba Licaonia. La gente de aquella zona saca una conclusión y es que los mismos dioses en los que ellos creían dioses como Zeus y como Hermes, que esos dioses ahora se estaban apareciendo en figura humana y creían que Bernabé era Zeus y creían que Pablo era Hermes. Hermes era el Dios que los romanos llamaron Mercurio, el Dios mensajero. Y como Pablo era predicador, entonces decían que Pablo era Hermes y querían ofrecerles un sacrificio porque decían que eran dioses. Entonces, fíjate cómo la evangelización nunca es sencilla, aunque es buena nueva, aunque es la noticia que el corazón humano en el fondo espera. Siempre es difícil y siempre cuesta trabajo romper prejuicios, abrir caminos, porque la revelación del Dios verdadero siempre supone la caída de los ídolos. Y no solamente es la caída de Zeus o la caída de Hermes, sino la caída de todos esos ídolos que muchas veces tenemos en el corazón. Ídolos como pueden ser nuestro orgullo, nuestros privilegios, nuestras comodidades, cosas que sin duda alguna estuvieron detrás de la muerte de Jesucristo y cosas que de algún modo van a amenazar también la misión de los apóstoles. Esta escena pintoresca tiene que recordarnos también que todo misionero debe ser extremadamente humilde, porque en más de una ocasión la gente confunde al mensajero con el mensaje y pueden darnos más importancia de la que tenemos nosotros especialmente, nosotros predicadores, nosotros catequistas, nosotros sacerdotes, diáconos, obispos, tenemos que recordar siempre lo que dice Pablo: Somos simples mortales y lo importante es dejar atrás los ídolos y buscar al Dios verdadero. Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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