Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La evangelización se construye con la humildad y con la audacia.

Homilía p051005a, predicada en 20010514, con 18 min. y 2 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

¡Qué vida tan difícil la de los apóstoles! Notemos que en un pueblo de estos que estaban recorriendo, los echaron como si fueran perros o como si fueran demonios. Y ahora en este otro sitio los endiosan, y los tratan como si fueran seres celestiales. En un lugar los trataban como si fueran habitantes del infierno y en otro lugar, como si fueran moradores del cielo. Y no eran ni lo uno ni lo otro. Nosotros, que somos Evangelizadores. Tenemos que aprender esa lección. No somos ni perros endemoniados, ni ángeles embajadores. Pablo y Bernabé entran en medio de la gente diciéndoles: Somos como ustedes. Y es que así ha querido Dios manifestarse a través de hombres frágiles, pecadores, pero también ungidos, bendecidos. Un pecador perdonado.

Ese es un apóstol que tiene la experiencia de la miseria suya y de la grandeza de Dios. Los grandes misioneros, los grandes santos, los mejores catequistas y los mejores evangelizadores son los que tienen esa doble experiencia. Saben que son seres humanos como todos, capaces de las cosas más duras, más difíciles, más terribles, más repugnantes, pero también perdonados, sanados, bendecidos, levantados, reconciliados. El discurso que lleva un apóstol con su vida se resume en esta frase: Soy un redimido, me han salvado. Y realmente ese testimonio de vida es el que luego se vuelve un torrente de palabras en la evangelización.

Bien nos enseñó esto la que es maestra de evangelizadores Santa Catalina de Siena. Cuando pidió que todos, pero especialmente nosotros, y todavía más particularmente nosotros en la Orden de Predicadores, tuviéramos conciencia de nosotros mismos, conocimiento de nosotros mismos y conocimiento de Dios. Necesitamos tener conocimiento de nosotros mismos, porque a veces la gente trata de endiosarnos y necesitamos tener conocimiento de Dios, porque a veces nuestra conciencia o la voz del acusador intenta desesperarnos, intenta humillarnos. Conocimiento de nosotros mismos para ser humildes. Conocimiento de Dios para ser audaces. Con la humildad y con la audacia, con la sencillez y con el arrojo así se construye la obra de la evangelización. Y esa es la formación. La formación es eso alcanzar humildad y audacia, alcanzar sencillez y arrojo.

Si una persona tiene demasiada audacia, demasiado arrojo, pero carece del conocimiento de sí mismo o de sí misma, fácilmente le va a suceder lo de aquella estatua que vio el profeta Daniel. Una estatua muy bonita, con oro y plata, pero con pies de barro. Y ahí es cuando nosotros creemos que ya somos oro, plata y cielo. Y de pronto vienen las caídas, vienen las humillaciones y terminamos a veces hasta dando muy mal testimonio. Por eso, una vocación que se esté formando tiene que crecer en la audacia. Pero no puede olvidar la humildad tampoco puede quedarse solo en la humildad, careciendo del arrojo, careciendo de la valentía. Porque un alma que se quedara solamente en la consideración de sus miserias y en la consideración de sus pecados, tampoco tendría nada que decirle al mundo. Esa es una primera reflexión que surge de este capítulo catorce de los Hechos de los Apóstoles.

Segundo, notemos que ellos habían sido perseguidos y los habían echado. Dice aquí al producirse en Iconio con atos, empezaron a moverse con intención de maltratar y apedrear a Pablo y Bernabé. Las circunstancias no eran fáciles, los persiguieron hasta echarlos. Pero Pablo y Bernabé no se encierran en el resentimiento ni en el mal que les está sucediendo, sino que convierten su desgracia en una oportunidad. Este es el segundo punto que quiero destacar. Porque es la diferencia entre las almas grandes y las almas pequeñas. Un alma pequeña, alma de pollo o de gallina, cuando le pasa una cosa de éstas, se encierra en el resentimiento. ¿Por qué me tratan así? ¿Por qué no me quieren? ¿Por qué son así conmigo? ¿Qué habré hecho yo? Se encerró, se encerró, se metió en una cárcel. Un alma grande obra como obraron estos hombres grandes. Bernabé y Pablo de aquí me echaron. ¿Qué significa eso? Dios me abre otras puertas.

La iglesia ha tenido gente muy grande, así como estos santos apóstoles sobre los cuales están fundados nosotros. Por ejemplo, me acuerdo aquel texto que leímos. Me parece que es el día de San Juan Crisóstomo, que precisamente tuvo que padecer varios destierros. Decía San Juan Crisóstomo si me van a echar del Señor es la tierra y cuanto la llena, me pueden sacar de un lugar, pero no me pueden sacar de las manos de Dios. Esa es un alma grande. Las almas grandes no se dejan enredar, las almas pequeñas se enredan solas. Cuenta mi querido hermano y amigo, el padre Fredy de una procesión muy concurrida. Y entonces decía un viejito: No me empujen, que yo me caigo solo. Las almas pequeñas son así. Obran así. No hay ni que empujarla. Se enredan ellas solas y en todas partes se encuentran problemas.

Ninguna causa es suficientemente buena, ninguna obediencia demasiado liviana, ninguna amistad suficiente, ninguna renta alcanza, nada los hace felices, son almas pequeñas, son almas mezquinas. Las almas grandes como las de Pablo y Bernabé, saben que cuando Dios cierra una puerta, indica un camino. En esto también nos ayuda nuestra Santa maestra Catalina de Siena. Porque muestra Catalina que en las contradicciones nosotros ganamos más que cuando las cosas son favorables, hasta el punto de que tanto ella como muchos otros grandes santos le han tenido verdadera devoción a los momentos difíciles y de contradicción, cosa que uno a veces no puede entender humanamente.

Y Santa Catalina nos da esta enseñanza, cuando las cosas van bien, no hay una ruta, cuando hay una contradicción, cuando hay un problema, cuando aparece una voluntad frente a la mía, porque esa es una contradicción cuando aparece una voluntad frente a la mía, ahí no puedo dudar de la obra de Dios. Podemos decir que cuando todo sale bien es como cuando una persona está, por ejemplo, en una llanura. Y todo le parece igual y todos los caminos se le parecen. Todo está bien. Pero todo está bien significa que cualquier cosa podría ser. En cambio, cuando surge la contradicción, cuando surge la dificultad, entonces Dios señala un camino.

No se nos olvide que el primero que cerró una puerta para indicar un camino fue el mismo Dios. Eso aconteció en el Génesis. Dios no dejó a nuestros primeros padres. No los dejó en ese paraíso de delicias para que vieran lo que les pareciera y creyeran que todo estaba bien. Dios por amor, porque no fue rabia ni venganza. Sentimientos que no caben en Dios. Por amor cerró una puerta y puso un ángel con una espada de fuego. Cuando yo era niño me impresionó mucho ese pasaje. Seguramente a muchos de nosotros me impresionó mucho. Y yo al principio pensé fíjese que es una blasfemia, pero uno se equivoca. Yo al principio pensé que era como rabia que Dios había tomado por el pecado que ellos habían cometido. No. Esa espada en manos de ese ángel estaba apuntando el camino de la salvación. La espada es para que no se devuelvan. Pero la espada también está indicando una ruta.

Cada vez que sucede una contradicción y que Dios nos saca de un paraíso, lo que está haciendo es eso mismo del Génesis. Está cerrando las puertas y está poniendo un ángel con una espada. Uno puede quedarse mirando la espada y decir tan duro que es Dios conmigo, o puede pensar y será mucho mejor. Esa espada es una flecha que me indica a dónde me quiere Dios. Y fíjese que nuestros padres no se pusieron a pelear con la espada de fuego, ni renegaron de aquel ángel, sino que se fueron, siguieron la ruta de Dios. Y de ese seguir la ruta de Dios, de ahí empezó el larguísimo camino que condujo finalmente a la amistad con Abraham, a la alianza con Moisés, a la promesa a David y a la llegada del Mesías. Cuando se cierra una puerta, hay un ángel y una espada de fuego, y la espada señala el camino. Ahí verá uno si es tan tonto como seguramente hemos ido muchas veces de quedarse mirando la puerta cerrada o se aprende que esa espada está mostrando el camino de la voluntad de Dios.

En este sentido, nuestra amiga de Siena dice que: existe una especie de obediencia que va más allá del voto de obediencia. Eso sí que es difícil de entender en los escritos de Santa Catalina, por lo menos para mí. Porque ella dice que la obediencia no hay que limitarla únicamente al superior. Entonces ahí me quedé yo leyendo, estudiando un poco eso. Me quedé así como perdido, hasta que me parece que el Señor me me aclaró un poco la idea. La idea es que en el surgimiento de toda otra voluntad y de esas contradicciones de las que estamos hablando, ahí también está obrando la voluntad de Dios. Entonces, no es que uno por humildad se vuelva cobarde y empiece a hacer el bobo que hace caso de todo y de todos, sino más bien que uno anda en la cacería de las señales de la voluntad de Dios. Ese es un santo y que anda a la cacería en la búsqueda de las señales de la voluntad de Dios. Y cuando encuentras ese género de contradicciones, le duele. Claro que duele, claro que duele, pero va viendo la ruta que marca la espada. La ruta de la Espada de Fuego es la ruta de la voluntad de Dios.

Eso fue lo que hicieron Pablo y Bernabé, y el fruto fue inmenso. El fruto fue muy grande. Dios tiene preparados sus frutos. Dios tiene preparado sus lugares. No le dañemos el plan a Dios. Es terrible. Es impresionante su su espada. Pero es hermoso su fuego. Seguimos la ruta, que Dios nos vaya marcando y él irá mostrando cuáles son las providencias, cuáles son los encuentros, cuáles son las circunstancias para que demos el tamaño de fruto que Él quiere. No olvidemos finalmente que cuando nosotros nos ponemos totalmente en la voluntad de Dios, pero totalmente como quizá no lo hemos hecho nunca, cuando nos ponemos radical totalmente en las manos de Dios, entonces sí puede aparecer el plan de Dios. Para mí ese es el problema.

Y ese es el dolor de conciencia de los que hemos obedecido a medias. Una persona que obedece a medias, a regañadientes, con tardanza, con pereza. Es decir, uno que no es apasionado por la voluntad de Dios. Debe tener un dolor muy grande porque nunca sabrá de qué se perdió. ¿Qué tenía preparado Dios para mí, si yo le hubiera hecho caso? Eso es lo más grave, que uno ni siquiera sabe todo lo que Dios ha pensado para uno. Eso solo lo sabe Dios. Dios tiene unos planes tan bellos. Y uno piensa, Dios no sueña, Dios no imagina sino santos en cada uno de nosotros. Entonces, para que aparezca ese santo que Dios imaginó, no tengo otro camino, sino rendirme a la voluntad de Él y rebelarme, protestar, tardarme, enderezarme. A Dios no le va a hacer daño, pero a mí sí, porque nunca sabré ni siquiera de qué me perdí. Esa es una de las penas del infierno. Y quizá no sea la más pequeña de todas. Nunca sabré exactamente de qué me perdí.

Nosotros, por el contrario, busquemos corrigiendonos de nuestras rebeldías, corrigiendonos de nuestras maldades y tardanzas. Volvamos con todo nuestro ser hacia Dios, a decirle de una manera renovada: Ya, Señor, quiero querer lo que quieras y solo lo que quieras y como tú lo quieras. Que Dios, con el poder de su Espíritu, que fue el que constituyó apóstoles a estos grandes, con ese poder del Espíritu, obre también en nosotros para que alcancemos la verdadera espiritualidad de la obediencia. Yo pienso que por ese camino, como con una espada de fuego, Dios va a llevar a su Iglesia a unos niveles.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM