Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Es admirable la profundidad de las palabras de Nuestro Señor.

Homilía p051001a, predicada en 19960506, con 5 min. y 1 seg.

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Transcripción:

Una de las características del Evangelio según San Juan. La cual creo haber mencionado ya en otra oportunidad. Es que casi siempre que a Jesús le hacen una pregunta, a uno le queda la sensación de que respondió con otra cosa. Si uno mira los diálogos con los apóstoles o con Nicodemo, o incluso ya en su pasión, casi a todas las preguntas que le hacen a Jesús, parece que él termina respondiendo otra cosa. Un ejemplo notable. Es aquel, aquella inquietud, aquella solicitud. Cuando se acercan unos de lengua griega que quieren verle, y algunos apóstoles le dicen le comunican eso, Señor, hay unos de lengua griega que quieren verte. Y Jesús responde: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre.

A veces uno tiene la sensación de que Jesús estuviera como en sus propios pensamientos. Y que que cuando le hablan, entonces Él responde más o menos con lo que está pensando, no con lo que le están diciendo. Es algo así lo que sucede también en la lectura del Evangelio de hoy. La pregunta de Judas, al que solemos llamar Judas Tadeo, es muy concreta ¿Qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo? Uno esperaría una respuesta como lo que ha sucedido es que ustedes tal cosa y el mundo, tal cosa. Pero Jesús lo que dice es: El que me ama, guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él. Es decir, Judas hace una distinción entre los discípulos y el mundo, y Jesús hace una distinción entre el que ama y el que no ama.

En realidad, lo que sucede si uno examinará caso por caso, no es que Jesús no responda, sino que no responde en el mismo nivel de la pregunta que le hacen, sino siempre en un nivel mucho más profundo o mucho más alto, según se mire. Y eso es lo que sucede aquí. Judas da por supuesto que Jesús se ha revelado plenamente a ellos. Y Jesús le hace ver que esa revelación plena solo se da en el amor, es decir, que el espacio de la luz es el mismo espacio del amor. Que el espacio de la revelación divina y del conocimiento es el mismo espacio de la acción divina y de la voluntad.

Es decir, que no hay conocimiento verdadero de Dios que no sea amor genuino a Dios y que no hay servicio verdadero a Dios que no tenga su fuente en un verdadero conocimiento de Dios. Lo que sigue también nos enseña, la Palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Esto es, aquel que entra en la revelación de Jesucristo, entra en el seno mismo de Dios, y aquel que escucha a Jesucristo y al cual Jesucristo se revela, está escuchando al Padre y se encuentra en la intimidad divina. Esa intimidad divina, por otra parte, no se completa si no es por el don del Espíritu Santo. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado. Pero el Defensor que enviará el Padre será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

La pregunta de Judas ha sido ¿Tú ya te revelaste a nosotros? Y Jesús responde diciendo: No me he revelado. La revelación plena vendrá solo con la gracia del Espíritu Santo. De manera que es prematura la distinción que tú haces, Judas, entre vosotros y el mundo. Es prematura porque hay mucho de mundo en vosotros, y porque es de que llamas mundo, todavía puede ser discípulo mío. Es admirable la profundidad de las palabras de nuestro Señor.

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