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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No dar la fe por descontada.

Homilía p043019a, predicada en 20240424, con 12 min. y 0 seg.

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Transcripción:

El verbo creer es completamente fundamental en el mensaje del Evangelio de Juan. A través de la fe nosotros nos abrimos a la vida nueva. La fe abre las puertas al Señor para que Él obre en nosotros, de tal manera que nuestras obras sean fecundas, como escucharemos más adelante, otro día en la Misa, para que vayamos y demos fruto y un fruto que permanezca. La fe es el don que abre todos los otros dones. Y seguramente, nosotros damos por descontada la fe, creemos, tenemos fe, ya está. Pero hay una advertencia que nos hacía el Papa Benedicto, hace ya un número de años. Cuando él inició, inauguró el Año de la Fe, que así lo llamó, una de las palabras que nos dice es: «No dejemos la fe por descontada». Una fe viva, una fe robusta, una fe gozosa y compartida es un don que hay que cuidar, hay que preservar y hay que cultivar. No demos la fe por descontada.

En qué consiste esa fe viva y cuáles son los peligros de la fe que uno da por descontada. La fe que uno da por descontada, en realidad, se refiere no a que uno cree, sino a que uno ha creído. Pero el acto de la fe tiene que ser siempre presente, porque uno puede tener una experiencia del pasado, una experiencia hermosa, por ejemplo, de conversión. Quizás algunas de vosotras tenéis esa experiencia muy marcada, incluso uno puede recordar en tal comunidad, en tal retiro, en tal momento de mi vida, yo tuve una conversión. Pero no se puede vivir de rentas pasadas, no se puede vivir de amores caducos. El amor ha de renovarse cada día y a cada instante, y la fe también. Entonces, la fe que uno da por descontada no es la fe que uno tiene, sino la fe que uno tuvo. Y gracias a ese momento de fe que uno tuvo, uno dio un paso importante, por ejemplo, dejar pecados, dejar malas amistades, dejar malos hábitos y también hacer un proceso vocacional. Pero esa fue la fe que uno tuvo. Necesitamos una fe que sea permanente, una fe que sea una fe que se renueve cada día. Repito, como el amor que también está llamado a renovarse cada día.

¿Cómo puede uno tener esa fe renovada? La palabra de hoy nos da una clave. Dice el Señor que Él ha venido al mundo como luz, mostrando que nuestra fe será siempre un camino de seguimiento a Él, esa es una respuesta. Y qué ejemplo nos da este líder nuestro, al que seguimos dice: «Yo no he hablado por mi cuenta. El Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar». Esto nos muestra a Jesucristo en una continua dependencia del Padre. Podemos decir que cada una de sus palabras era una expresión de esa dependencia del Padre. Vivir en la fe es vivir en la dependencia. Nuestro mundo alaba y pondera la independencia, la autonomía, yo obro según mi criterio, yo hago lo que a mí me parece, busco mis propias metas, ese es el lenguaje del mundo. El lenguaje de Cristo y, por lo tanto, el lenguaje del creyente es: yo dependo.

Y entonces, uno puede renovar su fe a través de esa sencilla pregunta, cuál pregunta: ¿Cómo debo hablar aquí? Parece, por lo que escuchamos en el texto de hoy, que Cristo hacía depender cada una de sus palabras de la voluntad del Padre. Tener una fe viva, es decir, una fe que no es simplemente por costumbre o una fe que uno da por descontada, es vivir en continua dependencia, ¿cómo quieres, Señor, que viva este día? Tengo una reunión, ¿cómo quieres que obre en esta reunión? Muéstrame. Ilumíname, Señor, ¿qué debo hacer aquí? ¿Cómo debo vivir este momento? Es un volverse habitual continuamente hacia el Señor para dar cada paso en su nombre, en su ruta, en su querer, en su voluntad. Y hay días en que pueden suceder cosas extraordinarias y hay días en que todo será muy normal, demasiado normal, aburridamente normal. Pero lo que a nosotros nos interesa, no es si el día es emocionante o no, lo que nos interesa es que es un día que vivimos en amor y en dependencia del Padre.

Jesús decía en otro momento: «Mi alimento es hacer la voluntad del Padre». Y en otro momento: «Yo hago siempre lo que a Él le agrada». Entonces, vivir en la fe, siguiendo el ejemplo de Cristo, en su relación con el Padre, es vivir en esa dinámica, mi momento y la obra de Dios, mi momento y el querer de Dios, mi momento y el propósito de Dios, mi momento y su plan. Esa atención permanente al querer de Dios, llega a volverse como una especie de hábito, como algo que uno va realizando cada vez de un modo más continuo, más libre, más habitual. Pidamos al Señor que nos conceda esa mirada habitual hacia Él, aún en lo más pequeño, de tal manera que todo, hasta lo más pequeño, lo recibamos de sus manos.

Me acuerdo de una amiga de mi país, alguna vez estábamos compartiendo una comida, me llamaba la atención cómo esta mujer que disfruta bastante la comida, no sé cuántas veces dijo durante ese tiempo que compartimos: Gracias papito Dios, decía ella muy, muy amorosa. Gracias Papito Dios. Entonces, antes de darle mano a la presa, gracias papito Dios. Me acuerdo de eso porque me daba la impresión de que ella todo lo recibía así, como salido de la mano de Dios. Es Dios el que me da esto y el que me da esto, el que me da esto otro. Hay gente que vive así, muy conectada con el Señor.

A veces uno empieza a dar las cosas por descontadas, los lugares por descontados, la salud por descontada y claro, por ese camino uno también considera la fe como algo que está ya ahí, simplemente existe ahí. Pues no, es vivir en la gratitud y en la atención a Él: Gracias por lo que me das. ¿qué quieres que haga con esto? Gracias por este día que me das, ¿qué quieres que haga con él? Gracias por esta palabra que me das, ¿qué quieres, qué quieres que haga con ella? Gracias por estos hermanos, por estas hermanas que me das, ¿cómo he de ser con ellas? ¿Qué puedo aprender de ellas? Claro, la persona que empieza a vivir en esa técnica o en esa tónica, digo, tal vez mejor. La persona que empieza a vivir en esa tónica, en esa sintonía, lo aprovecha todo y todo le sirve para crecer en Él. Todo le sirve para servir mejor, para amar mejor, para vivir mejor.

Que el Señor en su bondad, nos conceda una fe viva y nuestra voluntad esté despierta para actuar así en su presencia. Fíjate que no estoy diciendo en realidad nada nuevo, es lo mismo que siempre nos han dicho al hablarnos de vida espiritual. Siempre nos han dicho que la culminación, que la búsqueda permanente nuestra ha de ser, vivir en la presencia de Dios, es esto que estamos diciendo, no estoy diciendo nada raro. Vivir en la presencia de Dios, es así como Cristo, y yo hago siempre lo que a Él le agrada. Yo hablo como Él me dice, todo se lo agradezco a Él, es vivir en esa tónica, vivir como en ese diálogo permanente para dar un fruto, un fruto que permanezca.

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