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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Tenemos que ser más realistas con respecto a la Iglesia y en cuanto a lo antiguo hay que preguntarse qué es lo realmente necesario y bueno a la luz del Espíritu Santo.

Homilía p043015a, predicada en 20200513, con 6 min. y 8 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada del capítulo 15 de los Hechos de los Apóstoles. Dos enseñanzas deseamos tomar de esta lectura, con el favor de Dios. La primera es darnos cuenta que necesitamos una visión muy realista de la Iglesia desde sus primeros tiempos hasta nuestros días. ¿Estuviste atento a esta lectura o la conoces? Es capítulo 15, comienzos del capítulo 15 de Hechos de los Apóstoles. Hay una expresión, sobre todo, que a uno le impacta que, para mí, por lo menos las primeras veces, era como una cachetada, como una bofetada, me estoy refiriendo a esto, ¿sabes lo que ahí se dice? «Se suscitó una violenta discusión», violenta discusión. Y eran todos creyentes y eran todos cristianos, y todos tenían experiencia abundante del poder del Espíritu Santo. Y todos habían visto cómo es glorioso el Evangelio de Cristo y «se suscitó una violenta discusión».

A veces me parece que tendemos a idealizar a los primeros cristianos, como suponiendo que entre ellos, aquel cuadro casi idílico del capítulo segundo de Hechos, compartían todos los bienes, eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles, participaban de las oraciones y la fracción del pan. Como que llega un momento en el que miramos todo eso y casi que nos parece imaginar un paraíso sobre esta tierra, nadie discute con nadie, todo lo comparten. La verdad es que, desde muy pronto, Hechos de los Apóstoles nos muestra que, no solamente hubo persecución desde fuera, sino también dificultades, tensiones, intentos de engaño, traiciones desde dentro, eso también sucedió.

Por eso, en el capítulo quinto de Hechos de los Apóstoles encontramos, ¿encontramos qué? Pues encontramos que dos que eran cristianos, Ananías y Safira tratan de engañar al apóstol Pedro por quedar bien ante la gente, y eran convertidos, y habían recibido el Espíritu Santo y tenían maestros absolutamente insuperables. Te imaginas lo que es tener uno, como maestros en la fe directamente a los apóstoles, no sucesores de ellos, bendito sea su ministerio, sino a los mismísimos apóstoles. Y ya pasaban estas cosas. Entonces, esa es la primera enseñanza, tenemos que ser más realistas con respecto a la Iglesia.

Porque hay gente que cree que cualquier diferencia de opinión, si uno dice, por ejemplo, a mí me parece con estos argumentos, no por capricho, a mí me parece que esto que sucedió en el Vaticano no debería haberse dicho, no debería haberse hecho: Ay, estás atacando al Papa, eres enemigo del Papa. No, claro que no. Todos los santos días oramos y oramos con amor por nuestro Papa Francisco. Pero eso no significa que todos tengamos que ponernos mordazas o tengamos que hacer de cuenta que no vemos lo que estamos viendo. Así como vemos cosas absolutamente hermosas, proféticas, inspiradoras en el Papa y en muchos, pero muchísimos de nuestros obispos, también vemos cosas que no son, algunas cosas vemos que no son. Entonces, por favor, una visión más realista sobre la Iglesia.

El segundo punto que quiero destacar es lo que a veces se llama el privilegio de los antiguos. Desde toda la historia de la humanidad ha habido una cierta tendencia a exaltar lo antiguo porque es antiguo, o en otras ocasiones lo nuevo porque es nuevo. Esta es la nueva tendencia, nos dicen como para que todos nos subamos ahí. Pero en otras ocasiones, no es exactamente lo que pasa en nuestro tiempo, pero sí que ha pasado muchas veces. Se toma un argumento como de autoridad y de ancianidad: Nosotros somos los antiguos, nosotros somos los veteranos. Cristo mismo se opuso a esta manera de pensar cuando dijo, cuando la gente ha probado vino viejo, quiere quedarse con el vino viejo. Y por eso dijo también: «A vino nuevo, odres nuevos». O sea que Cristo ya se dio cuenta que, a veces, nosotros nos apegamos a lo antiguo simplemente porque es antiguo, porque ya estamos acostumbrados.

Y eso aparece en el pasaje de hoy, capítulo 15 de Hechos de los Apóstoles, cuando aquellos que habían practicado toda su vida la ley de Moisés, empezando por supuesto, por la circuncisión, entonces quieren imponer esa misma ley sobre los recién convertidos del paganismo. Pablo y Bernabé están hablando de las maravillas del Espíritu Santo, del poder de Dios que todo lo hace nuevo y esta gente está en tónica de: Realmente lo que hay que hacer es ponerlos a que sufran lo que nosotros sufrimos. Bastante tuvimos que sufrir nosotros con los ayunos, los sacrificios y la circuncisión, qué les toque también a ellos. Esa actitud es muy humana, pero no porque sea muy humana es muy correcta. Lo realmente cristiano, lo realmente divino, es preguntarnos qué es lo correcto y qué es lo que hay que hacer, no simplemente porque se ha hecho siempre, hay que repetirlo, no simplemente porque ahora se hace, hay que hacerlo. Hay que preguntarse qué es lo realmente necesario, qué es lo realmente bueno y por ese camino, seguramente, nos dejaremos iluminar mejor por el Espíritu Santo.

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