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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Una Iglesia saludable

Homilía p043003a, predicada en 20060510, con 18 min. y 36 seg.

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Transcripción:

Amigos queridos, la primera lectura de hoy nos puede servir para descubrir cómo es la Iglesia en buena salud. Uno casi siempre aplica la palabra salud para referirla a una persona, una persona está en buena salud, ¿cómo sabemos que una persona está en buena salud? Pues porque no tiene enfermedad, porque no tiene dolor, porque tiene capacidad de trabajo y tiene capacidad de disfrutar también de la vida. Esas son como las señales de la buena salud, no hay enfermedad, no hay dolor, sí hay capacidad de trabajo y sí hay capacidad de disfrute. Si a una persona le faltan alguna de estas cuatro características, normalmente decimos que no tiene buena salud, la persona puede tener todo, pero si hay un dolor permanente en su vida, es decir, en su cuerpo, estamos hablando de la salud corporal, pues no decimos que tenga buena salud.

No es normal que, por ejemplo, a uno le esté doliendo a todas horas de la vida, le esté doliendo una rodilla, algo anda mal, o de pronto la persona no tiene ningún dolor, pero hay una enfermedad que le está prosperando. Eso sucede con los tumores, hay tumores que se van formando y no duelen, pero le hacen un examen a la persona y se descubre que se está formando ese tumor. Por eso en muchos lugares recomiendan a la gente que se haga examinar su cuerpo, así no tenga dolor. En muchos países les recomiendan a las mujeres, háganse exámenes del seno, porque es posible que tengas un tumor en alguna de tus mamas, tengas un tumor, no te hayas dado cuenta, no produce ningún dolor, pero está creciendo. Y lo mismo para nosotros los hombres, se recomienda después de cierta edad, exámenes rutinarios de la próstata.

Es decir, la salud incluye esos cuatro elementos, tengamos los en cuenta, que no haya dolor, que no haya enfermedad o algún mal que esté caminando pues dentro de uno, que uno pueda trabajar, es decir, que uno pueda realizar sus ocupaciones habituales, y uno muy importante, que uno pueda disfrutar. También es importante, es clave eso en la salud. Cuando una persona tiene todo, pero no puede disfrutar lo que tiene, usualmente cae en depresión. Una de las características de la depresión es que la persona no disfruta la vida. Casi podríamos decir que la depresión consiste en eso, en una incapacidad de disfrutar, por muchas razones, aquí no vamos a hacer un tratado sobre la depresión. Bueno, esa idea de salud uno la aplica normalmente a una persona y al cuerpo, a lo corporal.

Pero luego podemos hablar también de una buena salud en la pareja, ¿cómo será una pareja que tiene buena salud? Vamos a pensar, una pareja de enamorados, o una pareja de casados que está en buena salud. Quiere decir que aprenden a tratarse de manera que no se lastiman porque no hay dolor. Quiere decir que no hay ninguna enfermedad, que no hay una amenaza que esté corroyendo o que esté erosionando esa relación por dentro. Además, forman un buen equipo, por eso pueden trabajar juntos y, además, disfrutan estando el uno con el otro, esa es una relación saludable. Es muy bello sentir la salud de nuestro cuerpo, es algo tan bello y es algo tan importante que, en muchos lugares del mundo, se da el caso de que la sanación es como la gran puerta. Es decir, mucha gente llega al Señor buscando salud, buscando sanación.

Salud del cuerpo, salud de la pareja, ¿cómo será la salud de una familia? Algo parecido, la salud de la familia consistirá en que no hay heridas, no se hieren los unos a los otros. Además, no hay enfermedad, es decir, no hay traición, infidelidad, no hay trampa ni mentira que estén creciendo, como tumores dentro de la casa. Además, trabajan bien, forman un buen equipo, la familia tiene que ser un buen equipo que produce resultados, resultados maravillosos para la sociedad, y además disfrutan juntos. Esa definición de salud me gusta mucho a mí, las cuatro cosas, yo espero que, como ya las he dicho varias veces, ustedes ya se las han aprendido, las cuatro características de la salud.

Pero podemos aplicar eso todavía a otros grupos, a una comunidad, y podemos aplicarlo a la sociedad. Podemos pensar cuál es la salud, por ejemplo, de nuestros pueblos en Latinoamérica, qué sería lo saludable aquí en Latinoamérica, qué sería lo saludable en Bolivia. Lo podemos responder también desde este estilo, si hay dolor, si una parte de Bolivia está doliendo, está sufriendo, entonces no está completa la salud. Tenemos que buscar la salud de todos. O si hay una enfermedad que está caminando dentro de Bolivia, entonces hay que controlarla, así no produzca dolor ahora mismo. A veces hay problemas que son como una olla a presión, van caminando y no les ponemos atención y de pronto explotan, hay que estar atentos a eso. Además, Bolivia tendrá salud si cada uno de los estamentos, cada uno de los grupos de la sociedad, puede trabajar de una manera normal, si el que quiere encontrar un empleo lo puede adquirir, si el que quiere estudiar, que es una cosa noble, lo puede hacer. Si el que quiere casarse lo puede hacer, si el que quiere educar a sus hijos de una manera cristiana recta, lo puede hacer, esa es la salud de una nación como Bolivia. Y desde luego que todos se sientan, que todos nos sintamos felices de estar en este país. Y ustedes, que son bolivianos, que puedan sentir, soy un poco ya como boliviano por adopción digo yo, que todos los que somos y queremos a este país que podamos sentir la alegría de pertenecer, esa sería la salud de Bolivia.

Toda esta explicación yo creo que se puede, se puede extender a muchas cosas y también puede servir para hablar de la salud de la Iglesia, porque en la primera lectura de hoy lo que aparece es la salud de la Iglesia. ¿Cómo será una comunidad cristiana, una comunidad cristiana llena de salud? Eso es lo que aparece ahí, en la primera lectura, esto está tomado del capítulo 12 del libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 12, versículo 24 y siguientes, ahí está una descripción de lo que es una comunidad con salud. Cuando usted quiere mejorar su cuerpo, ¿usted qué hace? Usted mira un cuerpo saludable, por ejemplo, si usted está un poquito pasado de kilos, como es el caso mío, entonces yo miro a las personas que no tienen sobrepeso y esas personas me sirven a mí de modelo, porque esas personas tienen mejor salud que yo. Cuando uno quiere mejorar la salud, uno mira a los que tienen mejor salud.

Si nuestra Iglesia, si nuestra Iglesia católica quiere mejorar su salud, tiene que mirar a las comunidades con buena salud. Y eso es lo que nos presenta el capítulo 12, versículo 24 y siguientes del libro de los Hechos de los Apóstoles, vamos a conocer cómo es una comunidad cristiana con buena salud, es una maravilla, mira, nos cuenta aquí cosas como estas: Hay profetas y hay doctores en la iglesia de Antioquía, bueno, pero antes de eso, espere vamos por orden. La Palabra de Dios se difundía incesantemente, ese es el primer elemento para que haya salud en la Iglesia, tiene que haber mucha y muy buena predicación. Si me permiten una sugerencia, porque ya van llegando a su final los días que puede estar en este país, si me permiten una sugerencia, si ustedes quieren tener una iglesia saludable, imploren del cielo buenos y santos predicadores, de manera que haya mucha y muy buena predicación, que haya esto que dice la primera lectura: Palabra de Dios que se difunde incesantemente. Incesantemente quiere decir sin parar, como un río que está continuamente lavando, continuamente refrescando, continuamente, saciando esa sed infinita de amor y de sabiduría que hay en el corazón humano. Esa es la primera característica de una iglesia saludable, es una iglesia con predicación abundante, con una predicación que no cesa.

Segunda característica, hay profetas y hay doctores. La expresión doctor aquí, tiene el sentido de maestro. Doctor, viene del latín, del verbo «docere», del que también viene docencia, la docencia es la enseñanza. La Iglesia, para tener buena salud, necesita doctores, es decir, necesita maestros. Pidamos al Señor que haya muchos y muy buenos maestros, personas que expongan, no sus ideas ni sus gustos, sino los gustos de Dios y las ideas de Dios. Esos son los maestros que necesitamos y los necesitamos mucho. Los necesitamos en las catequesis, los necesitamos en los grupos de oración, los necesitamos aquí en la radio. Necesitamos muy buenos maestros que tomen los micrófonos y que difundan la Palabra, la luz de Cristo.

Pero ojo, también se necesitan los profetas. Y ¿cuál es la característica del profeta? Uno suele asociar la palabra profeta con aquel que hace predicciones, algo así como el que sabe el futuro. Pero lo esencial de un profeta no es eso, lo esencial del profeta no es hacer predicciones, sino vivir tan cerca de la mente de Dios, vivir como tan cerca de su pensamiento, que puede descubrir la opinión de Dios y el juicio de Dios para los acontecimientos de la historia humana, eso es lo propio de un profeta. El profeta es el que está cerca de Dios. El más grande profeta, tal vez, del Antiguo Testamento es Moisés mismo. Y de Moisés, la Biblia hace elogios como este: «Dios le hablaba a Moisés como un hombre habla con su amigo. Moisés era el hombre más humilde de la tierra. Moisés era el hombre más sufrido del mundo». Estas expresiones muestran cómo Moisés tiene una participación especial en el plan de Dios, pero sobre todo, una amistad, una relación íntima con el Señor y con sus designios.

¿Quiénes son los profetas hoy? Esa es una gran pregunta, en parte podemos encontrar esos profetas allí donde hay dones especiales del Espíritu Santo. Pero, a ver, es un tema discutido. A mí me parece que los profetas que principalmente necesita la Iglesia hoy, no son tanto los que puedan hacer ciertas predicciones o decir palabras especiales en un grupo de oración, esa parte está bien y esos profetas están bien, pero necesitamos profetas, sobre todo, que con sus actitudes, con sus iniciativas, con su visión, con su luz, abran caminos nuevos. Por ejemplo, que nos muestren cómo podemos llegar al corazón de miles de personas que nunca se acercan a la Iglesia. Gente con una visión penetrante, una visión muy especial venida de Dios que logra descubrir lo que está aconteciendo en la historia.

Por ejemplo, ¿qué tenemos que hacer nosotros cristianos católicos en el hoy de este país? Ahí necesitamos profetas, es decir, necesitamos una luz muy singular, gente que tenga como una intuición muy profunda venida de parte de Dios para descubrir cuál es el querer del Señor hoy. Tiene que ser gente de mucha oración, de mucha intimidad con Dios, de una tremenda humildad y de una gran capacidad de aguante y sufrimiento, necesitamos eso. Una Iglesia saludable es una Iglesia que tiene maestros, pero que también tiene estos profetas, gente movida por el poder del Espíritu, gente que está abriendo nuevos caminos.

Qué más había en esa iglesia saludable, esa iglesia de Antioquía, «celebraban el culto del Señor y ayunaban». Una iglesia saludable es una iglesia capaz de adoración, capaz de alabanza, capaz de una buena liturgia y capaz también de ayuno. El ayuno y la oración, la penitencia y la alabanza, la adoración y el recogimiento, estos son síntomas de una comunidad cristiana saludable. ¿Qué más tenemos ahí? «El Espíritu Santo les dijo: Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado». Y finalmente los enviaron, enviaron a Saulo y a Bernabé, y Saulo es el mismo San Pablo, los enviaron, ¿qué quiere decir que los enviaron? Misión. Una iglesia saludable es una iglesia misionera, es una iglesia que no se encierra en sus límites geográficos, históricos, culturales, que no se encierra en la comodidad de los que ya conocemos y ya tratamos y ya nos sentimos a gusto los unos con los otros. Una iglesia llena de salud es una iglesia llena de impulso para ir más allá de sus fronteras, a contar a otros pueblos, a contar, a contar a otras razas y personas que el amor está vivo, que Jesús se ha levantado del reino de la muerte y que Él es el Rey de reyes, Él es el emperador de toda la creación.

Bueno, eso es lo que hemos aprendido en este día, queridos hermanos. Hemos hablado sobre la salud, cuidar la salud del cuerpo y la salud del alma, cuidar la salud de la pareja. Yo le voy a enviar desde aquí un saludo muy cariñoso a todos los que tienen pareja, vivan con alegría su relación de enamoramiento, de noviazgo, vívanla con alegría, con pureza también. Precisamente, para que no se acabe la alegría, vívanla con pureza, vivan su relación con pureza. La impureza les va a acabar la alegría, no vale la pena que termine la alegría. Vivan su relación de pareja con alegría, siéntanse felices de tener a alguien a quien amar y de ser amados. Decía un poeta español: «Amar y ser amado es sentir el sol por ambos lados», de manera que siéntanse felices de amar. Y los que tienen familia, siéntanse felices de tener familia y pidamos a Dios que haya muchas familias saludables.

Pero el mensaje, segunda parte es, tenemos que buscar una iglesia que sea llena de salud. Nos hemos apoyado en el capítulo 12 de Hechos de los Apóstoles para descubrir algunas características de la Iglesia saludable. Es una Iglesia que tiene mucha y muy buena predicación, que tiene maestros, que tiene profetas, gente de oración, que tiene alabanza, que tiene ayuno y que tiene también un gran impulso misionero. Que Dios conceda a nuestras comunidades avanzar por esos caminos. Ser comunidades llenas de la salud y la presencia del Señor. Amén.

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