|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La luz de Cristo cambia nuestra manera de ver las cosas.
Homilía p043002a, predicada en 20010509, con 6 min. y 52 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, en el Evangelio que hemos escuchado, Jesús añade otra comparación, nos dice que Él es la luz. Se ha presentado como puerta, se ha presentado como pastor, nos ha dicho que Él es el camino, que Él es la vida. Cada palabra, cada comparación nos ayuda a entender algo del misterio de Cristo. Y, ciertamente, es elocuente esta imagen de la luz, Jesucristo es la luz. Yo pienso que se puede mirar esta comparación de la luz de dos maneras, una que la llamaríamos más pasiva y otra que la llamaríamos más activa. Y creo que nosotros estamos acostumbrados, sobre todo, a la imagen pasiva con respecto a la luz.
A qué me refiero con aquello de imagen pasiva o imagen activa, la luz nos muestra lo que está a nuestro alrededor y nos permite elegir el camino. Esta es la parte pasiva de la luz, por ejemplo, si la carretera está iluminada, entonces puedo escoger cuál es la vía que a mi me gusta, la vía que yo prefiero. Dije que esta es una imagen pasiva de la luz, porque en ese caso la luz no toma ninguna decisión por mí, simplemente me aclara las cosas para que sea yo, finalmente, quien tome alguna resolución.
Pero hay también una imagen activa de la luz y es la que quiero destacar especialmente en este día. Si una habitación se encuentra en tinieblas y llega la luz, la luz arroja las tinieblas. Ahí, la luz no es solamente pasiva, no está indicando posibilidades, sino está haciendo algo, está produciendo algo, está generando un cambio. Cristo es luz en ambos sentidos, Cristo es luz desde la perspectiva pasiva, porque Cristo es la gran alternativa frente a todas las idolatrías de nuestro mundo, frente a todos los engaños en los que vivimos, frente a todos los dioses que nos seducen, Cristo es la gran alternativa. Cristo se muestra a nosotros como aquel que lleva una vida distinta, una vida que, como dice el Libro de la Sabiduría, puede producir incluso fastidio porque se convierte en una denuncia de las otras vidas, las vidas marcadas por los ídolos.
Cristo nuestro Señor, a través de su presencia, por virtud de su presencia, se convierte en una posibilidad de vida que nosotros no habíamos considerado. En ese sentido, ilumina, dándonos a escoger. En este sentido, no fuerza nuestra voluntad, sino que hace posible que tomemos una elección que tal vez no habíamos considerado. En este aspecto que he llamado pasivo, Cristo es una alternativa más, alguien que podríamos escoger o que podríamos rechazar. Y, de hecho, así sucede, pues, aunque está a la vista todo el amor de Jesucristo, aunque está a la vista todo lo que ha hecho por nosotros, pues hay muchas personas que conociéndolo, sienten que no es su modo de vida y nosotros mismos, con nuestros pecados, estamos mostrando que nuestra opción por Cristo tampoco es perfecta, tampoco es radical, tampoco es total.
Pero Cristo es luz, también a la manera activa, creo que es el aspecto que hemos meditado menos, luz a la manera activa quiere decir que su presencia arroja, su presencia le gana, su presencia vence a las tinieblas. Cuando se levanta, Dios se dispersa en sus enemigos, dice algún salmo, y creo que esto nosotros lo podríamos aplicar perfectamente al caso de nuestro Señor Jesucristo. Cristo levanta su lámpara divina en el corazón humano, y entonces las tinieblas tienen que irse. No se trata solamente de una opción que queda en nuestro arbitrio, en nuestro gusto, se trata de un poder que nace del mismo Cristo y que hace que nuestra historia se convierta en otra historia. Por eso, cuando nosotros le decimos al Señor: Ilumíname, le estamos diciendo las dos cosas, le estamos diciendo: Muéstrame los caminos, pero también le estamos diciendo: Aparta las tinieblas que existen en mí.
Por ejemplo, Santo Tomás de Aquino, en aquella conocida oración suya para antes del estudio y la predicación, le rogaba a Dios: Envía un rayo de tu claridad, quitando de mí la doble tiniebla en que he nacido, el pecado y la ignorancia. La acción activa, valga la redundancia, la acción poderosa de la luz quita esas tinieblas del pecado y de la ignorancia, hace que cambie nuestra manera de ver las cosas Creo que ahí se podría resumir esta enseñanza, la luz cambia nuestra manera de ver las cosas. Ahí están, como los aspectos pasivo y activo. Cambia nuestra manera de ver porque, efectivamente, vemos otras cosas y cambia nuestra manera de ver, porque hace que nuestros ojos mismos sean transformados y puedan encontrar, puedan encontrarse a gusto, puedan encontrarse en sintonía con el querer y con la claridad de Dios. El poder de esta luz de Jesucristo se adueña de nosotros, y que, con esa obra maravillosa, aparte las tinieblas del pecado y de la ignorancia.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|